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Myra Landau

Rita Eder



Myra Landau: los laberintos y el desierto.

Los pequeños rombos de color vibran como pájaros en vuelo, apenas detenidos por une compleja trama de líneas que atraviesan el plano hacia puntos cardenales desconocidos. A tras de estos laberintos - en donde se pierden y encuentran sensaciones - está el desierto, el silencio del lino crudo, un espacio de arena sobre el que la artista camina e imprime la huella de su mirada. Estas impresiones, meros presentimientos de la sensibilidad de Myra Landau nos jalan hacia una segunda meditación, más precisa, sobre su maneja de trabajar.

El color

En sus escritos, porque Myra es un tanto poetisa (véase: Si sabes ver), irrumpe con fiereza, la defensa de la sabiduría de los sentidos - para ella - detonantes de la creatividad. Ellos son más fuertes, más sabios y por lo tanto, vencedores de la pura técnica, de aquella que no pasa por la verdad del sujeto que se acerca a la transformación del mundo sensible.

 



Por temperamento parecería ubicarse en la pintura intuitiva. Es cierto que se inició en el grabado hasta llevarle a todas su posibles herejías, dejando que el ácido decidiera caprichosamente los resultados. En sentido opuesto, su pintura es portadora de un riguroso y diario ejercicio para encontrar un lenguaje en que, si bien domina la investigación en torno a determinadas leyes del color y la línea, compromete sus sentimientos en un lirismo siempre corregido por un pudor que puede llamarse buen gusto o refinamiento.

Así encontramos en los trabajos de esta artista una rara combinación: un arte óptico que no sólo se sustenta en las leyes del ritmo cromático y lumínico, sino sobre todo en su capacidad para hacer que este juego visual - que se complementa en la visión del espectador - se convierta en una poesía del color, con sus sugerencias, sus secretos, su fugacidad y también sus valores concretos.

La línea

La línea es el elemento dominante en su vocabulario. Es el modo que Myra Landau tiene de urdir una correspondencia con el trazo del sonido. El geometrismo plástico es una escritura que se abre a lo indefinible y lo interminable, que bien puede compararse con una trama simbólica que recuerda la música polifónica y la aspiración a la armonía de lo infinito. Construye con sus rayas (como ella las llama) pentagramas imaginarios. Ahí se entrecruzan la precisión de la cuerda tensa con las vibraciones expresionistas de un río de gruesos estambres que se desplazan como el dibujo del agua. Le gusta interferir con estas, sus partituras, otros modos de lectura. Sus rayas atraviesan el alfabeto o las particulares señalizaciones de encefalogramas o electrocardiogramas. A igual que esta aguja nerviosa que traslada al papel las funciones del cuerpo, Myra intenta hacer con sus finos tejidos un comentario sobre cómo operan los estados de ánimo.

 



La abstracción geométrica no es sólo un conjunto de ejercicios lúdicos o experimentos visuales con la línea y el color. En sus mejores momentos (Malevich, Mondrian, Torres García), aspiró a conformar significados universales por medio de una simbología, ese arte de pensar en imágenes y de expresar la esencia de la vida interior. El símbolo quizás inconsciente que esta artista ha escogido es la conformación de un laberinto, estructura en apariencia sin objetivo, de una complejidad tal que una vez a dentro es casi imposible escapar. Una de las razones de este acertijo es encontrar el centro, espacio sagrado en que ocurren diversos ritos de iniciación y revelaciones sobre el cosmos. También es el sitio en el que culminan diversas tribulaciones y luchas de los hombres. El centro en este caso es la afirmación de lo sensible, de ahí parten o llegan sus trazados intricados, metáforas de los caminos del arte.

 



El desierto

Veo en la pintura de Myra Landau la confluencia de varias tradiciones modernas en el campo de la abstracción. Por un lado, la empatía que Kandinsky encontró entre color, línea y sonido. Por el otro, se suma a una vocación latino americana por encontrar una geometría sensible aún en el campo de un arte programado como es el arte cinético. Finalmente, su arte se encuentra con Malevich, no precisamente en las formas, sino en la conceptualización del suprematismo, nombre que el pintor ruso dio a sus telas monocromas. La mirada no puede dejar de percibir en el conjunto de la obra pictórica de Myra la presencia del fondo vacío, ese cuadrado de arena que, al llenarse de formas, sigue afirmando su presencia; es el eco metafísico, el lugar en que se deposita la representación del sentimiento.
 
 
Fuente: Todos los derechos reservados © Myra Landau - Galería Independiente Marie-Louise Ferrari - Frater Consultant

 

 

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