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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

Mínima relación cronológica de los hechos del Tepeyac

1474 (Aproximadamente): Nace en el barrio de Tlayácac, señorío de Quauhtitlán (hoy Cuautitlán), al norte del Distrito Federal de México, un campesino de nombre Quauhtlatóhuac (otros le nombran Cuauhtlatoatzin).

1524: El campesino Quauhtlatóhuac (“el que habla como águila”) es bautizado en la iglesia de Tlaltelolco por Motolinía y recibe el nombre cristiano de Juan Diego. Con él se bautizaron también su esposa y un tío suyo, que reciben los nombres de María Lucía y Juan Bernardino.

1527: el 12 de diciembre, el rey Carlos V (que pasó a la historia como Carlos V de España) propone a Roma para obispo de México a Fray Juan de Zumárraga.

1528: aprobado el nombramiento por el Vaticano, el 10 de enero el rey de España expide la cédula que confirma a Juan de Zumárraga como primer obispo de México, trasladándose éste de inmediato al Nuevo Mundo.

1531: en octubre llega a México el antiguo obispo de La Española y miembro de la Segunda Audiencia, Sabastián Ramírez y Fuenteleal. Se aloja en la casa del obispo Zumárraga y se convierte en testigo de los misteriosos acontecimientos que se desencadenarían.

A primeras horas de la mañana del 9 de diciembre, Juan Diego iba solo desde Tulpetlalc, cinco millas al norte de la ciudad de México, donde asistiría a misa en la iglesia de Santiago. Cuando se encontraba a una legua, en el lugar denominado cerro del Tepetacac (hoy Tepeyac), tiene lugar la primera aparición de la Señora. En el mismo lugar había estado, hasta la llegada de los españoles, un templo a la madre diosa superior azteca: la “madrecita Tonantzin”. El sol apenas se había alzado, pero Juan Diego vio, rodeada de haces de luz, a una bellísima joven de rasgos mexicanos de unos catorce años. Le habló en nahuátl, su idioma nativo.

Por la tarde, al regresar por el mismo camino, se registra la segunda aparición.

El 10 de diciembre se produce la tercera aparición. Juan Diego la reconoce como a la misma Virgen María. Obedece la orden de la aparición y vuelve donde Juan de Zamárraga, que le pide una señal para creerle. La Virgen le dice que vuelva al día siguiente para entregar la señal. Al llegar a Tulpetlac, encuentra moribundo a su tío Juan Bernardino.

El 11 de diciembre Juan Diego no va a misa a Tlaltelolco. Su tío se agrava.

El 12 de diciembre Juan Diego va a Tlaltelolco para avisar a un médico y a un sacerdote y llevarlos donde su tío. Bordea el cerro para no encontrase con la Bella Señora aparecida, pero ésta, igual, se le presenta y Juan Diego le confía sus miedos. Ella le asegura que la salud de Juan Bernardino se recuperaría y le pide que corte algunas flores que hallará en la cima del cerro; y que, dispuestas en su tilma, deberá llevar al obispo como señal.

A la misma hora, según el Nican Mopohua, se aparece a Juan Bernardino en Tulpetlac, lo sana y le dice su nombre: posiblemente “Tequatlaxopeuk”. Nunca se sabrá cuál es precisamente el nombre que proclamó la aparición. Los escritores eclesiásticos han mantenido que deseaba llevar el nombre de la ciudad de Guadalupe, en España. Sin embargo, a través de las épocas, varios historiadores afirman que “Guadalupe” pudo ser un error causado por la pronunciación de la palabra nahuátl verdadera que oyó Zumárraga, y que identificó con el nombre de “Guadalupe”. Se cree que, probablemente, la aparición dijo que deseaba ser conocida como Santa María Coátlallope, que en nahuátl significa “quien aplasta la serpiente”. La serpiente era un símbolo azteca del dios Quetzalcoatl, la gran divinidad del antiguo México. Se dice que la aparición pudo hacer alusión a que había venido a “aplastar” la religión azteca y reemplazarla por el cristianismo.

Al mediodía de ese 12 de diciembre, Juan Diego es recibido nuevamente por el obispo Zumárraga y, al dejar caer las flores, la imagen de la Virgen aparece en la tilma: “El obispo y los demás cayeron de rodillas...”

Del día 12 al día 26 de ese mes, la tilma con la misteriosa impresión de la imagen de la Señora está depositada en el oratorio del obispo, mientras se construye una ermita de paja y adobe en el lugar que pidió la propia aparición: el cerro de Tepeyac.

El 26 de diciembre se traslada la tilma hasta su ermita. En el trayecto, un danzante indígena es atravesado accidentalmente por una flecha y, tras colocar el cuerpo a los pies de la tilma, el indio se levanta y vive. Se considera el primer milagro de la Virgen de Guadalupe.

1544: Juan Bernardino muere en Tulpetlac, el 15 de mayo, de unos 84 años.

1548: fallecen Juan Diego y Fray Juan de Zumárraga.

1553: a Zumárraga le sucede en el obispado Fray Alonso de Montúfar, que manda construir la tercera ermita (la segunda fue una simple ampliación).

1560: se difunde el primer informe escrito de la visión: es la Relación indígena Nican Mopohua, de Antonio Valeriano. Se acepta el nombre de Virgen “de Guadalupe”.

1561: Montúfar escribe al rey de España dando cuenta de los adelantos en la construcción del santuario. Al celebrar la solemnidad de la Virgen en la nueva ermita, llamándola “tepeaquilla”, comienza con estas significativas palabras: “Dichosos los ojos que ven lo que vosotros estáis viendo”, “aceptando la realidad de la aparecida como una gracia muy singular para los habitantes de esta ciudad...”

1563: en las Actas municipales se habla, por primera vez, oficialmente de Guadalupe, no volviéndose a mencionar el nombre de “tepeaquilla”.

1570: Montúfar envía un inventario del arzobispado a Felipe II, mencionando la ermita de Guadalupe en el Tepeyac. Con el inventario fue enviada también una copia de la imagen original.

1577: Andrés Doria lleva, según parece esta copia de la imagen de la Virgen de Guadalupe a la batalla de Lepanto. Entra el culto a España.

1580: Suárez de Peralta escribe en Madrid refiriéndose al Tepeyac de Guadalupe: “Aparecióse entre unos riscos y a su devoción acude toda la tierra”.

1597: Fray Gabriel de Talavera publica en Toledo, España, una “Historia de Nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura”, haciendo mención del santuario “que se ha levantado en México tras su aparición en esas tierras”.

1606: el pintor Baltazar de Echave Orio copia del modelo original la primera reproducción al óleo que se hizo del ayate.

1615: se realiza la primera reproducción en serie de la tilma con la imagen, de acuerdo a un grabado que ejecutó el artista flamenco Samuel Stradanus: se ve a la Virgen de Guadalupe sin los rayos solares, en cuyo lugar aparecen cabezas de niños ángeles.

1622: en noviembre, el arzobispo Juan Pérez de la Serna inaugura el primer templo que se levanta en el Tepeyac.

1629: el 21 de septiembre la ciudad de México padece unas terribles inundaciones. La imagen de la Virgen es llevada en canoa hasta la Catedral. En ese traslado se habría deteriorado la parte inferior de la tilma, que es retocada. Se la nombra “Patrona contra las inundaciones”.

1633/1666: se recopilan informaciones oficiales sobre las apariciones, con el fin de pedir al Vaticano misa propia a celebrar los 12 de diciembre. El culto se fortalece. Innumerables pinturas con el tema de la Virgen salen de México, destacando las del artista Juan Correa.

1634: el 14 de mayo, en una solemne procesión, la Virgen vuelve desde la Catedral al Tepeyac.

1647/1649: el vicario de Guadalupe, Fray Luis Lasso de la Vega, construye el segundo templo provisional. Allí se veneró la imagen durante catorce años. Lasso publica el Hueitlamahnizoltica, una historia de las apariciones que es copia del Nican Mopohua, traducido del nahuátl.

1648: el teólogo español Miguel Sánchez, famoso en la época por sus cualidades como orador, publica “Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en la ciudad de México, celebrada en su historia con la profecía del capítulo doce del Apocalipsis”, en que fundamentado en aspectos teológicos, filosóficos, científicos, mitológicos, literarios, estéticos y, sobre todo, históricos de Occidente, interpreta la aparición como un “fenómeno patriótico” mexicano, donde germina el rechazo de las raíces europeas y la proliferación de la propia identidad de América. El texto sigue vigente.

1666: se levanta la capilla llamada “del cerrito”, donde se produjo la primera aparición y Juan Diego cortó las flores.

1675: Juan Becerra y Tanco publican “Felicidad de México en la Admirable Aparición de la Virgen María Nuestra Señora de Guadalupe y origen de su Milagrosa Imagen”, en que se “explica” detalladamente el estampado milagroso en el ayate. En realidad es una nueva traducción del Nican Mopohua, escrito con otras palabras.

1688: el jesuita Francisco Florencia escribe “La estrella del Norte de México aparecida al rayar el día de la luz evangélica...”, una historia de la aparición acompañada de diálogos, reflexiones piadosas y prosa poética, en que manifiesta la percepción masculina de lo femenino que representa la Virgen, que simbólicamente es a la vez la madre, la esposa, la hija y la hermana. Hasta ahora, es un libro muy difundido.

1709: el 27 de abril, Juan Ortega y Montanes inaugura el tercer santuario, la colegiata y la basílica.

1737: el 27 de abril, Nuestra Señora de Guadalupe es proclamada “Patrona de la Capital de la Nueva España”.

1754: el 25 de mayo, Benedicto XIV promulga una bula papal aprobando a la Virgen de Guadalupe como Patrona de México.

1756: el pintor Miguel Cabrera y otros artistas plásticos terminan un estudio de la tilma con la imagen, publicando un libro con la experiencia: “Maravilla Americana”, donde concluyen diciendo que “es humanamente imposible pintar sobre un ayate, sin preparación previa de la tela, y en ésta no se ve ninguna preparación anterior”. Por entonces la imagen ya había sido retocada múltiples veces.

1791: mientras un orfebre limpiaba el marco de la tilma, se derrumbó ácido nítrico sobre la parte superior derecha del ayate. Quedando sólo una mancha que con el tiempo se ha hecho casi imperceptible, lo que muchos consideran otro misterio de la imagen.

1794: el alto clero romano de la Capital de la Nueva España, en diciembre, comisionó al célebre Fray Servando Teresa de Mier, para que el día 12 predicara en la Basílica de Guadalupe el sermón correspondiente a la festividad: “Fray Servando se preparó muy bien y predicó un magnífico sermón, negando con argumentos convincentes que la Virgen se hubiera aparecido en el ayate de Juan Diego”, y claro, su sermón originó mayúsculo escándalo entre el clero y el pueblo, y oficialmente lo desterraron para Europa (Tomo IV de “México a través de los siglos”, página 169).

1802: se levanta una capilla en Cuautitlán, donde se supone que nació Juan Diego.

1810: el 15 de Septiembre el cura Miguel Hidalgo y Castilla adopta como bandera de la independencia de México un estandarte con una imagen de la Virgen de Guadalupe.

1823: el caudillo y primer presidente de México republicano, Miguel Antonio Fernández y Félix, cambian su nombre por el de Guadalupe Victoria, en honor a la Virgen aparecida.

1828: el Congreso mexicano declara fiesta nacional el 12 de diciembre.

1858: el 11 de agosto, a pesar de que en el triunfo de la República el gobierno liberal juanista separó los poderes de la Iglesia de los del Estado, Benito Juárez, por decreto, conserva vigente la festividad en honor a la Virgen el día 12 de diciembre.

1884: se publica “La Virgen del Tepeyac, Patrona Principal de la Nación Mexicana”, edición primera de la Abadía del Tepeyac.

1889: se publica “La milagrosa aparición de la Señora de Guadalupe”, por el presbítero Fortino Hipólito Vera, un ensayo que se inscribe en lo mejor de la literatura católica del siglo XIX.

1895: el 12 de octubre se produce la primera coronación pontificia de la “Dulcísima Aparecida de América”, autorizada por el Papa León XIII.

1900: el Concilio Plenario Latinoamericano consigue del Papa la Fiesta de Guadalupe para todo el continente.

1910: el 24 de agosto, Pío X declara a la Virgen de Guadalupe “Celestial Patrona de América Latina”.

1921: el 14 de noviembre estalla una bomba en el altar mayor de la antigua Basílica. La imagen no sufre daño alguno a pesar del desastre a su alrededor.

1926/1929: la verdadera tilma es sustituida por una copia y el original secretamente guardado estos tres años. Se sospecha que pudo ser retocada.

1929: el fotógrafo Alfonso Marcué descubre una figura humana en el ojo derecho de la imagen. Parece vestido como fraile, semejante a los retratos que han quedado de Juan de Zumárraga: calvo y con barba. La iglesia guarda silencio y no se hacen comentarios al respecto.

1931: cuarto centenario de las apariciones. Mediante un decreto del gobierno mexicano, el sitio en que se encuentra el Tepeyac toma el nombre de Colonia Gustavo A. Madero.

1932: el gobierno anticatólico trata de prohibir las peregrinaciones.

1933: el 10 de diciembre tiene lugar la solemne coronación pontificia en Roma, a cargo del Papa Pío XI.

1936: el Premio Nobel de Química Kuhn lleva a cabo un análisis de varias fibras de la tilma original, y asegura que no existen restos de pigmentos animales, minerales o vegetales.

1945: se publica “La Inmaculada del Tepeyac”, de L.G. Villanueva.

1946: se publica “Cuestiones Históricas Guadalupanas”, del historiador José Bravo Ugarte.

1951: el 29 de mayo, el dibujante Carlos Salinas “redescubre” la figura de un hombre “calvo con barba” en los ojos de la Virgen. Desde entonces más de una veintena de especialistas oftalmológicos, en menos de una década, examinan los ojos de la imagen.

1956: el 26 de mayo, el doctor Javier Torroella, oculista y cirujano, por escrito asegura que en los ojos de la Virgen impresa en la tilma se observa una figura humana, que corresponde a la ley óptica llamada “triple imagen de Purkinje-Samson”. A esta afirmación le siguen otras de especialistas en óptica, no obstante, nadie asegura de quién se trata.

1962: el doctor Charles Wahlig encuentra dos de los reflejos que ya habían sido detectados por los oculistas mexicanos, y que, asegura, efectivamente corresponden a la triple imagen del efecto Purkinje-Samson. Llega a su conclusión en laboratorios norteamericanos contemplando una foto ampliada veinticinco veces. Realiza otra serie de experiencias que le llevan a declarar enfáticamente esta realidad científica. Se interesa la ciencia.

1976: el 12 de octubre se inaugura oficialmente la nueva Basílica.

1979: en enero, el Papa Juan Pablo II visita la Basílica de Guadalupe y regala a la Virgen una diadema de oro.

En febrero, el ingeniero electrónico y profesor de la Universidad de Cornell (Nueva York), el peruano José Aste Tonsman, usando el proceso de “digitalización de imágenes”, con fotos tomadas a la tilma original, descubren gracias a las gigantescas ampliaciones una serie de misteriosas figuras humanas en el interior de los ojos. Se cree que estas imágenes podrían ser los personajes que asistieron al milagro “de las rosas” en 1531. Entre las figuras destacan: un indio sentado y casi desnudo, la cabeza de un anciano, otro indio con sombrero que extiende su tilma ante los presentes, un hombre joven junto al anciano, una negra, el ya conocido “hombre calvo con barba” descubierto en 1929, y otras figuras que pudieran corresponder a una familia indígena.

El 7 de mayo, los científicos norteamericanos Jody Brant Smith y Philip S. Callahan, biofísico de la Universidad de Florida, fotografían con película infrarroja la imagen total de la Virgen, sin el cristal protector. Sus pruebas demostraron que la imagen no tenía debajo rastro alguno de cianotipo, sustancia imprescindible en la formación de los colores utilizados en la pintura. No aparecen trazos de pinceles en la imagen. Callahan está de acuerdo con muchos otros investigadores en que según las leyes científicas, los muchos años de velas encendidas por los devotos bajo la imagen, debería haber causado un sustancial oscurecimiento o degradación de la imagen con el tiempo. Sí descubrió, en cambio, que la imagen había sido “retocada” en algunos momentos de su historia, como el resplandor alrededor de la figura y el añadido a la capa de estrellas y una orla dorada: estos añadidos han empezado a difuminarse, mientras que la imagen original permanece inalterable. Brant Smith y Callahan coinciden en afirmar que la fibra de pita de que está hecha la tilma, debería haberse desecho aproximadamente hacia 1570, por lo que analizó si posteriormente había sido aprestada o encolada (que es un proceso de barnización de la tela mediante harina u otro material similar, que cierra los poros del tejido y, con ello, retrasa el proceso de degradación). Sin embargo, no encontró signo alguno de que la tela hubiera estado sometida a algún proceso especial. También, por digitalización, transforman la imagen en números para un estudio detallado, y confirman “que la cara, manos, manto y túnica no tienen explicación posible”. El resto se afirma retocado y añadidos a la imagen original.

1982: en el mes de junio, prestigiosos antropólogos reunidos en el País Vasco, estudiando la cabeza del “anciano calvo con barba” descubierto por las computadoras afirmando lo dicho en 1929, “reúne algunos rasgos típicos del hombre vasco, pudiendo ser el obispo Juan de Zumárraga”.

1988: se publica “El manto de la Virgen de Guadalupe”, un informe de investigación realizado por dos astrónomos de la Universidad de México: Mario Rojas Sánchez y Juan Homero H.J., con la colaboración de los astrofísicos J. Cantó Ylla y García de León. En el libro se asegura que la posición de las estrellas impresas en el manto de la aparición, corresponden, en realidad, a la posición exacta que tenían las estrellas en el Solsticio de invierno de 1531, que tuvo lugar el 12 de diciembre a las 10:36 horas del calendario Juliano, que era con el que se regían los europeos, y que corresponde al día CE NIQUIZTLI, año Uno Muerte, del mes Atemoztli, 13 caña del calendario de Tenochtitlán, el crisol azteca; o al día VEI NIQUIZTLI, 3 muerte, del mes Atemoztli del año OMEACATL dos caña, del calendario mexicano de Tlaltelolco, según los estudios calendáricos antiguos de Mesoamérica de Wigberto Jiménez Moreno.

Se Lee: “El equinoccio ese año de 1531 fue el mismo día en que la tradición sitúa la aparición de la Virgen de Guadalupe. Como si en el manto, en la posición de las estrellas fijas en él, se hubiera querido indicar con precisión cuál era el ciclo estrellado en ese momento”. “En el manto de la Virgen las constelaciones aparecen invertidas, como si alguien las viera no desde la tierra como las vemos nosotros, desde una concepción geocéntrica: en el manto, la posición de las estrellas ese día está plasmada como vistas por fuera de la bóveda celeste, a una distancia de cientos de años luz... En un planetario, situados en el interior de la cúpula de forma esférica que hace las veces de firmamento, proyectamos al cielo las posiciones planetarias de esa fecha. Luego, sobre esta cúpula, ubicamos un papel transparente sobre un vidrio plano e indicamos con un marcador las posiciones de las estrellas. O sea, las dibujamos desde el exterior de la bóveda celeste en vez de ver los puntos luminosos sobre la parte interior de la cúpula. Al ubicar el papel signado sobre el manto, coincidían las estrellas del cielo invernal con las estrellas del manto. El lugar que corresponde a la constelación Corona Boreal está en la frente de la Virgen; la constelación de Virgo corresponde a lo que son sus manos; la constelación de Leo, a las mangas de la túnica; Géminis también a la túnica, así como parte del Auriga. La constelación de Escorpio, la terminación de su caudal continuaría por el manto de la espalda de la Virgen; lo mismo Tauro, que terminaría hacia atrás de la orla de su manto... todo el cielo del equinoccio quedó grabado en su manto. La imagen invertida es la representación del cielo, sin ninguna duda, que se tuvo desde la tierra en la noche del 11 al 12 de diciembre de 1531.” Asegura este grupo de científicos que, “en la tilma que rescata la imagen de la Virgen de Guadalupe, hay un mensaje que apenas comenzamos a descifrar”.

1989: se repiten las investigaciones realizadas una década antes en la Universidad de Cornell (en Nueva York), con instrumentos de última generación: ampliaciones de seis micras (unidad equivalente a la milésima parte de un milímetro) por lado equivalente a 27.778 cuadritos por milímetro cuadrado, descubren hasta 16 figuras repartidas en ambas pupilas de la imagen.

1990: utilizando un oftalmoscopio de última generación, el oculista Luis Cervantes examina los ojos de la tilma, y concluye que las pupilas presentan todas las características del ojo humano. Se afirma que el diagnóstico no tiene margen de error.

1999: fervorosos encomendados a Nuestra Señora de Guadalupe ante las noticias alarmistas de sectas que anuncian al final del mundo para este año 2000, afirman en un folleto que “La tierra nunca morirá, la fe en Ella está donde está el hombre y su imaginación hecha a imagen y semejanza de sus sueños. La fe tiene forma y ocupa un lugar en el espacio, que es como la oquedad de una mujer en su abnegada maternidad y nos protege a nosotros sus hijos, que somos todos. Nuestra Madrecita Tonantin es la fuerza misma de la Madre Tierra que nos protege de los desastres naturales y sus consecuencias. Nuestra fe de alguna forma protege a toda la Tierra. Al fin que todas las cosas son difíciles; no puede el hombre explicarlas con palabras. Nunca se harta el ojo de mirar ni el oído de oír”.
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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