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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

Los días (segunda parte)




Otro día

—Los recuerdos son los que nos aniquilan, los que nos van matando poco a poco. Ay, yo a veces creo que el paraíso está formado de olvido, de purito olvido.

—Si el paraíso estuviera formado de olvido, entonces ya podemos hablar del infierno hecho de memoria.

—Eso es: recordar es el infierno. Por eso cuando olvidamos, conocemos las dichas del paraíso, ¡no los avernos!

—Buen tema para un cuento. Tenemos el infierno formado de memoria y tenemos el paraíso de puro olvido.

—Sí, buen tema. Puede ser la historia de dos personas que han muerto.

—Dos personas que al morir deben ir donde les corresponde, y de acuerdo a sus actos en la tierra.

—Por cierto, estás tomando la concepción cristiana. Para mí, Cristo no es maravilloso por lo divino; es maravilloso por lo humano. Por eso me parece bien que el cuento llevara un matiz de su pensamiento. Entonces tendrían que ser los muertos, uno bueno y el otro malo.

—El bueno se va al cielo y olvida, y el malo se va al infierno y no puede dejar de recordar.

—¡Eso! El castigo es seguir recordando siempre, mantener intacta la memoria con sus errores infinitos. El castigo del infierno es no poder olvidar jamás de los jamases.

—En cambio, cuando el bueno llega al cielo alguien lo llama por su nombre, y contesta: "¿a quién llaman?", "¿quién es?", "yo no lo conozco"...

—¡Y es él mismo! ¡Qué divino! Olvidar incluso nuestro nombre. ¡Ay muchacho, sería el delirio total! 

—Tendría que ser un cuento de realismo fantástico.

—Tendría que ser como el sueño del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, escrito con la misma gracia con que es narrada la lucha contra los molinos de viento... muchacho, ¿te parece si guardamos un minuto de silencio a la memoria de Cervantes?

—Está bien.

(Haga cuenta el lector que este paréntesis encierra un minuto de silencio)

—¡Ya estuvo!. Además creo que tendría que ser un cuento un tanto irónico, para divertir al lector, algo así como lo que escribió Bernard Shaw para su tumba.

—¿Qué decía?

—Hizo un dibujito en una piedra perdida en la maleza y allí escribió su epitafio: "Aquí yace Sir George Bernard Shaw. ¿Quién demonios era?"

Último día

—... estoy un poco inquieta. Es porque acepté el compromiso de hacer ese programa de televisión. Es que no tengo costumbre de hacer compromisos, me pongo nerviosa, a mí me gusta hacer lo que se me viene ocurriendo, pero... ni modo, ya acepté. Eso, ¡ni hablar! Ay, debo calmarme, mejor me pondré a dibujar, ¿te parece? Sí, eso es, dibujaré algo alarmante, inquietante, dibujaré una flor "siempreviva".

—¿Por qué es alarmante una "siempreviva"?

—Justamente por eso, porque está siempre viva. ¿No te parece altamente alarmante? Además estas flores traen buena suerte en el amor, ¿lo sabías?

—No, no lo sabía.

—Pues sí, la "siempreviva" atrae el amor. Todos se quejan de que el amor es difícil, pero no lo es. ¡Es sorpresivo! Una sorpresa que nos sucede cualquier día, a cualquier hora la gente se encuentra para hablar de amor, para hacerle el quite a la muerte, para olvidar el tiempo... cuando termine de dibujar me iré, me iré caminando lentamente, es terrible la lentitud que a una le llega con los años. A veces me parece que los ferrocarriles jamás salen de los andenes, excepto, obviamente, el que lleva a Ana Karenina... Dime algo muchacho, ¿tú como te lavas? Cuando te bañas, ¿cómo lo haces?

—Supongo que como lo hace todo el mundo, normalmente.

—No todo el mundo se lava igual ¡qué dices! Mira muchacho, es muy importante el cómo te lavas porque el agua es el primer elemento mágico, y debes saber cómo utilizarla en tu cuerpo. Dime, ¿te lavas primero bien las manos?

—Así es.

—Bien. Luego debes lavar tu cara y después la cabeza entera. Sigues con los pies hasta los tobillos, luego tus partes privadas y el resto del cuerpo, ¿entendido? Debes lavarte con agua fría, siempre agua fría para que active tu sangre. Y si es de noche, que el agua esté caliente y al final un duchazo frío, es mejor. ¡Ah! Y no salgas al aire inmediatamente cuando utilices agua caliente, porque así previenes cambios de aire, te debes cuidar.

—Gracias, sus consejos son buenos.

—¡Yo no soy buena! Todos mis actos de bondad provienen de mi entendimiento. No soy buena y no tengo por qué serlo. ¡Bastante hago con ser genial! Cuando veo a un grupo de mujeres vulgares, feas, comunes y corrientes, les digo: "Oigan, ustedes, ¿por qué no se suicidan?". "¿Por qué?", responden. Y yo les digo: "¡Por estética, por estética!" (ríe)... Me encanta desconcertar a la gente, para que tengan algo de qué hablar. Al igual que me causa contento saber que si hay angustia hay movimiento. Pero hablemos de otra cosa, hablemos del amor, ¿te parece? Bien, yo empiezo: me parece que en el amor triunfó quien se enamoró una sola vez en la vida.

—¿No es un destino pobre?

—No. ¡Es un destino rico! Enamorarse una sola vez en la vida significa "no claudicar", obtenerlo todo. En cambio, el tener diferentes amores es bifurcarse, dividirse, repartirse, disminuirse, debilitarse, partirse... o sea es como no tener nada. Tener más de un amor es como no tener ninguno. El amor es quien nos enseña que la única manera de vivir es con pasión, ¡y sin compasión!... piénsalo... mmm, ¿cómo va la "siempreviva"? Está quedando divina, le agregaré una viborita para que aleje a los envidiosos. Dime, ¿de dónde crees que salió esta maravillosa idea de dibujar una flor? ¿De dónde crees que nació este deseo mío?

—Pues, supongo que salió de su alma.

—¡No! Yo no creo en el alma, ¿sabes en lo único que creo realmente? Creo sólo en la inteligencia, en lo único que creo es en la mente con todos sus atributos infinitos; yo creo que la única referencia de la divinidad es la inteligencia... ¿qué color le pongo a los ojos de la viborita? ¿rojo? ¿azul? ¿verde? ¿Tú qué color le pondrías?

—Yo no le pondría color alguno.

—¿Ninguno? ¡Tienes razón! ¡Ninguno! ¡Así tendrá todos los colores! Los ojos de mi viborita tendrán todos los colores porque no tienen color alguno, como un prisma, ¡divinos!... entonces, ya terminé. He dado vida a una "siempreviva" y a una viborita. Ahora me voy. Cuando llegue a mi piso te llamaré por teléfono para que sepas cómo he llegado, y te contaré lo que vea en la calle. Quizás antes vaya a caminar un rato por la zona rosa. ¿Te agrada la zona rosa? A mí me fascina, ¡es como un inmenso sanatorio! Hay allí unos mimos muy graciosos, ayer les regalé mi tubo de labios. Y prometí llevarles peines. También les compraré espejos, sombra de ojos, medias elásticas y... unas chinas. Son graciosos porque son los arlequines de la tarde, los niños que juegan a la hora del crepúsculo. Yo sí sé lo que es ser payaso, ¡yo sí que lo sé! Ellos entretienen a la gente, le dan paz. Por eso sólo los veo un momento y luego me aburren, porque yo no busco la paz. A mi edad lo que menos quiero es paz. ¡No busco la paz ni la necesito! Es que tanto he llegado a refinar el tacto que veo claridad en la negrura (dice):

Me fui por una avenida
de negras sombras sombrías,
fui diciendo letanías,
la luna estaba en huida.
Mi sangre destituida.
Eran cien mis agonías
y cien mis melancolías.
Y era un naufragio mi vida.
Un mar azul imposible
por mi sangre insustituible
se quebraba en un oleaje
que era en mi cuerpo un ultraje.
Era el mar, el mar amargo
de mi naufragio tan largo...
 
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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