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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

Guadalupe "Pita" Amor




"Que todo morirá cuando yo muera
imposible pensar de otra manera".

Hablamos con la genial escritora Guadalupe Amor, "Pita" Amor para el pueblo mexicano, que la ha transformado en uno de sus íconos. Ha sido elogiada por Alfonso Reyes, Albert Camus y Sartre. Compañera de Pablo Neruda durante una época mexicana del poeta, él la llamaba "como el canto del agua cristalina que corre, te nombro franca e inmemorial, dulcísima..." Se dice que era una de las mujeres más bellas de entonces, no por nada que Diego Rivera la pintó desnuda tres o cuatro veces ("había otras mujeres hermosas, es cierto, pero yo siempre fui la más inteligente").

Un día

—Le gusta cómo vengo vestida? Hay que tener agallas para salir a la calle vestida así, ¿eh? Me puede servir coca-cola. Nosotros sabemos que en el Olimpo no se bebe alcohol, el alcohol es para la servidumbre, ¿está usted de acuerdo?

—Si usted lo dice...

—Bien, como estamos de acuerdo podemos seguir. Me agrada esta mecedora, una mecedora son todas las sillas en una silla, desde un trono real hasta una silla eléctrica. Claro, esta mecedora va en otro boleto, es divina... ¿me puedo sentar en ella?

—Por supuesto.

—Gracias, esta mecedora en que me he sentado es única. Cada cosa es única, ¿está de acuerdo?

—Sí, estoy de acuerdo.

—Bien, como seguimos de acuerdo podremos ser amigos. Yo siempre he creído que cada cosa es única... este instante, preciso, exacto, en que conversamos, nunca más volverá a repetirse, ¡aunque nos juntemos infinitas veces! No se repetirá porque yo nunca estaré pensando lo mismo, ni usted... nunca se bebe dos veces agua de un mismo río, ¿está de acuerdo?

—Sí.

—Bien, como ya somos amigos me puede llamar "Pita". Así me llaman mis amigos, ¿no le molesta si dibujo mientras conversamos? Vea usted mi bolso dorado, es dorado porque es mágico, aquí traigo mis cartones y mis lápices de colores... óigame, la vida siempre continúa, ¿no le parece? Todo continúa porque todo termina y cambia, ¿está de acuerdo? ¿Le puedo llamar a usted por su nombre?

—Por supuesto.

—Gracias. te voy a tratar de "tú". Tú también puedes hacerlo, al cabo que yo no soy tan vieja: sólo tengo todos los años de este siglo... más una eternidad. Bueno, ahora me puedes hacer una pregunta, pero te prevengo que te arriesgas a la respuesta. Pregúntame...

—Bien. ¿Qué se considera más: inteligente o sensible?

—Buena pregunta. Mira, yo soy una mujer que ha vivido muchas cosas, pero antes que vivir, he sentido una terrible, inmensa, diabólica necesidad de hacer lo que hago como los dioses: escribir. O sea, que soy ahora lo que siempre fui, una mujer de letras, una artista, y para un artista el arte está sobre la inteligencia y la sensibilidad. ¡El arte está sobre todo! Mira... estoy dibujando un angelito, es un angelito bailando sobre un mundo que se está incendiando, baila sobre un mundo en llamas...

—¿Y por qué baila si el mundo está quemándose?

—¡Justamente por eso! Porque todo se quema, el angelito baila... sabe que de las cenizas todo renace, todo florece renovado, purificado... ¿sus alitas serán rojas o azules? ¡No! ¡Serán amarillas! De un amarillo como el que vi un atardecer lejano, ¡ay, si el mundo pudiera ver los colores que yo veo!... ¿y luego qué más le pongo al angelito?... le pondré entre sus manos una gran rosa roja, roja igual que los labios, roja como el fuego que consume al mundo... Dibujo una rosa roja, la rosa de cualquier jardín y cualquier tarde, la rosa que resurge de la nada, la rosa de los persas y de Ariosto, la que nace por el arte de ser rosa. Mi angelito tendrá entre sus manos la rosa que siempre es sola, la rosa de las rosas, la ardiente y frágil rosa, dibujo la rosa ciega, la rosa inalcanzable, la rosa hueca... ¿en qué piensas?

—Sólo la escucho y la observo mientras dibuja.

—Yo nunca puedo estar sin pensar en algo. Y ahora, ¿en qué piensas?

—En lo que dice.

—¡Nunca, nunca pienses en lo que otro dice! ¡Niégate rotundamente! Sólo piensa en tus pensamientos. Y ahora, ¿en qué piensas?

—Recuerdo un libro suyo que acabo de leer... un libro de sonetos.

—Oh, sí. A mí me ha dado por escribir sonetos como a otros les dio por hacer sonatas, lo mismo que si fueran corcholatas, etiquetas, botones o boletos. A mí me ha dado por descubrir secretos. A mí me ha dado por volar veletas. A mí me ha dado por recordar siluetas y medir bien la luz de los abetos... así es, yo sólo conozco de sonetos como otros conocen de sonatas.

—¿Cree que uno llega realmente a conocer algo? 

—Uno llega a conocer sus límites, las fronteras, los diques y los muelles. En 
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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