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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

El indio

El indio, que ha tenido siempre dignidad humana, aunque ella no le fuese reconocida en cien años, ha adquirido ahora la conciencia de su fuerza nacional. ¡Cuán fácilmente se despierta el fondo de excelencia del hombre azteca, que tiene raza de cuatro mil años de cultura! No hay que crearle como a otros indios americanos la sensibilidad, ni la altivez del hombre libre, ni el sentido del trabajo manual, ni el de la cooperación. Artistas han sido siempre, como el hombre del extremo oriente; como el pueblo de Moisés, vivieron un comunismo religioso, y saben compartir la tribulación y la alegría. Acaso la cultura no sea sino estas dos cosas: la sensibilidad, fuente de la piedad humana, y la capacidad de organización; ellos la tuvieron siempre.

Se reúnen los indios, rodean a la misión y van a informarse de lo que viene a hacer entre ellos. Yo no olvidaré nunca esos verdaderos parlamentos al aire libre, en una plaza medio española, o sencillamente sobre un camino. Llegan sin tropel: no hay raza más libre que ésta de la grosería del tumulto. Se sientan en esteras, como los japoneses, a conversar; hacen sus quejas burlonas y delicadas sobre el abandono en que los ha tenido el centro. Dicen sus necesidades: caminos, tierra, herramientas, buena justicia rural y maestros que los comprendan; nada más.

Después van expresando la ayuda que pueden proporcionar: ofrecen una o dos horas de trabajo colectivo gratuito. Ellos, previo trazado del ingeniero, hacen las carreteras, como levantaron durante la colonia sus iglesias.

Yo estoy viendo, mientras escribo, el grupo oriental que se destaca contra la montaña, vestidos blancos, grandes sombreros que alcanzaban a darme sombra... Los que no hablan español, buscan al intérprete. Conversan de igual a igual, con el Ministro de Agricultura, como con la maestra de escuela extranjera: ¡tienen cuatro mil años para ser dignos!
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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