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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

Tulum (segunda parte)




Las estructuras conocidas como "plataformas", son también un rasgo frecuente no sólo en Tulum, sino en toda la costa e islas del Caribe Maya; algunas como la que se encuentra en el centro del recinto interior de Tulum, rectangular y con escalinatas en dos de sus lados, servían seguramente para espectáculos religiosos y recuerdan a las de Chichén Itzá; son más comunes las grandes plataformas de altura variable que sostenían estructuras de materiales perecederos, más de la mitad de los restos arquitectónicos de Tulum corresponden a estas plataformas y también se han encontrado en otros lugares de la costa como Tancah, Xelha, Xcaret y la isla de Cozumel; considerada la estratégica posición de los sitios e islas de la costa oriental como puntos importantes en la ruta marítima de tráfico entre los grandes centros comerciales, y el hecho de que las plataformas se encuentren, tanto en Tulum como en los otros sitios mencionados, en lugares altos y protegidos del interior, a salvo de inundaciones y huracanes y conectadas con desembarcaderos con sacbés, se ha supuesto que funcionaban como grandes almacenes, no sólo para proteger y almacenar mercancías, sino (según algunos investigadores) para no saturar el mercado y mantener los precios estables; los peregrinos que sabemos por fuentes históricas concurrían en gran número a los santuarios oraculares de las islas y ciudades de la costa, realizaban transacciones en estos lugares que tendrían así además de una función religiosa, una comercial. 

La escultura aquí está generalmente subordinada a la arquitectura, figuras en relieve o completas de estuco, se encuentran o encontraban (porque muchas se las han robado) en nichos verticales encima de pórticos de templos y palacios, representaban figuras humanas sedentes o "dioses descendentes"; una de ellas se encontraba en uno de los nichos del edificio conocido cómo "El Castillo", y fue enviada al Museo Británico, en donde hoy puede admirarse, por el explorador inglés Thomas Gann que alrededor de 1920 realizó excavaciones en la zona; este mismo explorador declara haber encontrado otro ídolo sobre un altar en el interior de uno de los templos de Tulum, en el mismo estado y en la misma posición en que fue dejado por sus adoradores, lo que confirma que el sitio estaba ocupado y fue abandonado en la época de la Conquista. La figura más frecuente en los nichos de templos y palacios es el "dios descendente", deidad con cola de ave y alas en hombros y brazos, representada en actitud de descender y que parece haber sido la deidad tutelar de Tulum y otros sitios cercanos como Tancah y Cancún; generalmente se considera como un símbolo del Sol poniente, también se le ha asociado con la lluvia en el acto de fecundar a la tierra, el rayo o la abeja, y el objeto que lleva en las manos se ha interpretado como una mazorca o símbolo del maíz o un panal (la miel era uno de los productos típicos de la costa oriental). Se ve decoración también en molduras y paneles, paredes, techos y esquinas de los edificios, generalmente pequeñas estatuas, representaciones de animales o máscaras de rara belleza como todo el arte Maya. 

También en Tulum y otros sitios de la zona se encuentran muchas pinturas murales tanto en el interior como en el exterior de los edificios, en muchos casos con varias capas de pintura: la iconografía es de tipo religioso y está asociada al mar, siempre Venus y la luna (Ixchel) que son también deidades importantes en el área; el estilo muestra influencias mexicanas y se relaciona con el de códices mixtecos y murales de Mitla, en Oaxaca; ese estilo era común en Mesoamérica en el periodo postclásico. 

La información histórica fidedigna sobre Tulum se remonta a la época del descubrimiento y la Conquista. Sabemos que en 1518 una expedición comandada por Juan de Grijalva y que había salido de Cuba, recorrió esta costa; en un relato del capellán de dicha expedición, Juan Díaz, se compara a Tulum con Sevilla y se describe toda la costa como un lugar densamente poblado. Durante los siglos XVII y XVIII no sabemos nada de Tulum ni de los otros sitios de esta costa mexicana y no es sino hasta mediados del XIX que volvemos a encontrar menciones de Tulum en la literatura arqueológica y de viajes. Así, el redescubrimiento del sitio para el mundo de la arqueología se debe a dos notables viajeros: John L. Stephens y Frederick Catherwood, que iniciaron la exploración de algunos de los más importantes sitios de la civilización Maya y dieron a conocer en dos libros que sirvieron para llamar la atención de posteriores exploradores y arqueólogos: Incidents of travel in Central America (1841) e Incidents of travel in Yucatan (1843). Desde las exploraciones de Stephens y Catherwood, hasta principios del siglo XX, ocasionales viajeros estudian Tulum y otros sitios de la costa: August y Alice Le Plongeon en 1877-78, Teobert Maler en 1891, William H. Holmes en 1895, pocos años después Channing Arnold y Frederick Frost: de todos ellos conocemos reportes y relatos. Sin embargo, la verdadera investigación arqueológica se inicia en la década de 1920 con la intervención de la Carnegie Institution bajo la dirección de Sylvanus G. Morley, que da por resultado la publicación del hasta la fecha mejor estudio, el de S.K. Lothrop: Tulum, an archaeological study of the East Coast of Yucatan (1924). Thomas Gann que había acompañado a Morley en las expediciones de la Carnegie de 1916 y 1918, regresó a Tulum y otros centros de la costa en 1925-26 para continuar explorando: los resultados de sus exploraciones están descritos en varias publicaciones. A partir de la década de 1930 y hasta la fecha instituciones mexicanas como el INAH, y de otros países, han continuado las investigaciones, de manera que cada vez contamos con más información y se aclara nuestra visión sobre lo que debieron haber sido Tulum y los demás sitios de esta costa en la época de su esplendor. 

Toda esta información arqueológica, etnográfica e histórica, nos permite reconstruir el papel que jugaba Tulum y otros sitios de la costa oriental en el siglo XVI cuando llegan los españoles. Por un lado eran lugares de concentración de culto, de iniciación, de renacimiento y revelación: a la manera de los oráculos clásicos del Viejo Mundo tenía su escuela, que en Tulum era de Astronomía, donde estudiantes y peregrinos acudían desde lejanos sitios. Por otro lado, era un sitio de activo comercio, formando parte de una elaborada red comercial marítima del Caribe. Su ubicación era privilegiada: este aspecto era de gran importancia en Tulum por su posición estratégica, ya que desde su ubicación en la planicie costera y a una altura en que podía contemplarse el horizonte natural en todas direcciones, era fácil observar la salida y puesta de varios cuerpos celestes, y en la práctica tener un perfecta visión de quienes entraban y salían de sus paredes. 

Exámenes realizados aquí con carbono 14 a la piedra más antigua encontrada indican que el año 300 antes de nosotros existía un centro con intervención humana. De esa época no sabemos nada, sin embargo, se está de acuerdo en considerar desde siempre a Tulum como un santuario con escuelas que estudiaban las estrellas del día y de la noche. Varios templos irradian todavía su presencia ritual. Uno de ellos, el Templo del Dios Descendente, de los más singulares, se asocia sin dudas al culto de Venus, por los dibujos diversos en que se consignaban especialmente los movimientos de Venus, la refulgente estrella vespertina que, luego de sumergirse en la negra oscuridad del poniente, el mundo de los muertos, renace como pura luz, la esplendorosa estrella de la mañana, el Señor del Alba anunciando que podemos seguir adelante, que su fuerza poderosa continúa alumbrando. Parecen haber existido por lo menos dos nombres para Venus: Noh ek, la “gran estrella”, y Xux ek, la “estrella avispa”. Las astrónomos sacerdotes mayas dejaron consignados en Tulum los cuatro períodos de la revolución sinódica de Venus: 1) después de su conjunción inferior es estrella matutina durante 236 días; 2) luego desaparece por espacio de 90 días, durante su conjunción superior; 3) reaparece como estrella vespertina por espacio de otros 250 días, y 4) desaparece de nuevo 8 días durante su conjunción inferior. Cruzando su ciclo durante un tiempo total de unos 584 días. A esta misma conclusión llegaron los astrónomos europeos cientos de años después. También sabían que la tierra era redonda y en forma circular azul la representan en sus pinturas y tallados en la piedra. Por supuesto que la deidad en el templo del Dios Descendente, como indica su nombre, es la figura que baja de un dios alado que simboliza a Venus. Esta escultura es muy similar a las del Templo 25 o Casa del Halach Uinic y en la página 58 del Códice Dresde puede verse también a Venus como una deidad semejante con alas que salen de los brazos y también con una cola ligeramente redondeada o puntiaguda, como si volara hacia abajo o descendiera, la cual ha sido comparada con una abeja como se la cita. 

Este Templo del Dios Descendente, que consta de una plataforma que sostiene una estructura de una sola pieza con banquetas adosadas a sus muros laterales, aún conserva restos de pinturas. Otra estructura, el Templo de la Serie Inicial también está compuesto de una sola pieza. En su fachada aún se aprecian figuras de estuco que la adornaban. En su interior se halló la estela que registra la fecha más temprana de la zona. En el Templo de los Frescos son evidentes varias etapas de construcción, aunque sólo hay una habitación, profusamente decorada con frescos, que pertenece a la primera fase, y en la Casa de las Columnas, estructura tipo palacio, se ven dos habitaciones adosadas en el lado oeste.

La entrada principal de Tulum se encuentra en el Sur y está compuesta por los cinco espacios que forman cuatro columnas que soportan la "techumbre" de una gran sala. La muralla protege la zona por los lados norte, sur y oeste. El este queda abierto al mar. Todas las construcciones que conforman el centro ceremonial de Tulum se encuentran distribuidas dentro de un espacio rectangular de unos 380 metros de norte a sur y 165 metros de este o oeste, mismas que quedan encerradas por la citada muralla y formando fundamentalmente cuatro grupos o conjuntos, de acuerdo con los puntos cardinales. 

El azul del cielo y del mar, el verde de la vegetacióón y del centro, el amarillo del sur y el blanco del norte, así como el rojo del oriente y el negro del poniente, son colores simbólicos de Tulum, y quedaron plasmados en las imágenes religiosas y astronómicas de las bellas pinturas murales de sus templos. Anoto que los colores mejor preservados se observan en el pasillo de El Castillo, en los corredores norte y oeste del Templo de los Frescos, en las paredes interiores y exteriores del Templo del Dios Descendente y en cuartos de los edificios o estructuras 20, 21, 25 y 55. Todos los relieves estaban pintados de vivos colores y los muros decorados con motivos en que las figuras se extienden en fajas horizontales, recordando los códices mayas.

El sitio es maravilloso. En lo que respecta a quien esto escribe uno de los más hermosos que conozco en América, idílico creo. Nos preguntamos cuál sería la impresión de los sacerdotes maestros de astronomía de Tulum cuando vieron salir del mar a los barbados españoles de las profecías, intentando explicarles su ciencia a un grupo de mercenarios que a penas sabían escribir su nombre; el terror debió haber sido mutuo.
 
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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