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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

La relación de los planos

—¿Cómo relacionaban estos planos?

—El plano en que se manifiesta la vida humana, el horizontal, terrestre, divide el plano vertical en dos: hacia arriba trece cielos, y hacia abajo nueve lugares-pasadizos, antes de llegar al más profundo de ellos, el Mictlán o inframundo. El Templo Mayor está ubicado en el cruce de los dos caminos.

—¿De dónde surge la cosmovisión de quienes lo construyeron?

—Surge de la observación que el hombre hace de todo lo que lo rodea. Las personas, las plantas, los animales, el día, la noche. Todo nace y muere. Es un ciclo que siempre se repite. No de otra manera puede concebirse el universo y su renovación: surge de lo que ven. Por eso, de acuerdo a lo que veían y entendían, el Templo Mayor implica el núcleo del orden universal. Con un panteón de dioses forjados a imagen y semejanza de lo que se creían como explicación a la vida y la muerte.

¿En dónde no hay muerte?
¿En dónde es la victoria?
Ojalá que nunca muriera yo<br<ojalá que="" jamás="" pereciera<br="">¿A dónde van los que ya no tienen cuerpo?
¿Hay vida aún allá en esa región
en que de algún modo se existe?
¿Tienen aún conciencia nuestros corazones?
¿Es que allá los veré?
¿He de fijar los ojos en el rostro
de mi padre y de mi madre?

Dice el arqueólogo Matos Moctezuma que sus planteamientos “son aún iniciales, pues, de partida, las excavaciones son incipientes, y el proceso no culmina mientras la excavación continúe. Al contrario: cada día surgen cosas nuevas".

Lo que se ha descubierto hasta ahora, lo vemos presente en la concepción que de los templos principales se tiene en otras religiones. Elíades de Mircea (en su “Tratado de Historia de las Religiones”, 1979) señala: “Todas estas construcciones sagradas representan simbólicamente al universo entero: los pisos o terrazas son identificados con los cielos o niveles cósmicos. En cierto sentido, cada uno de ellos reproduce el Monte Cósmico, es decir que se le considera como construido en el centro del mundo. Y por el hecho de estar situado en el centro del cosmos, el Templo o la ciudad sagrada son siempre punto de encuentro de las tres regiones cósmicas.

En la arquitectura del Templo Mayor de México, estas llamadas regiones cósmicas se identifican con el nivel terrestre en la plataforma general, sobre la que el centro ceremonial se asienta. Los cielos están simbolizados por los cuerpos que forman el edificio. Al inframundo se llega por un lugar del Templo que es como dos cerros que chocan entre sí, y que se anuncian paredes calladas con calaveras. Grandes ofidios de piedra con restos de antiguos colores, marcan el paso de una región a otra. Rocas labradas con su lenguaje propio, que, en verdad, nadie sabe con precisión desde cuándo están ahí. Porque entre los objetos encontrados los hay de culturas anteriores a la azteca, como una serie de máscaras pertenecientes a la cultura de Teotihuacán, posiblemente realizado en el año 400. Dice Matos Moctezuma que el objeto más antiguo hallado hasta ahora es una máscara Olmeca del año 800 antes de nuestra era. Le pregunto desde cuándo se vislumbra la ubicación exacta del Templo, y dice:

—Existían indicios desde finales del siglo XVIII, cuando comenzaron a brotar del suelo, literalmente, figuras y monolitos cada cierto tiempo y siempre en zonas aledañas a este sitio. Los primeros monolitos que se encontraron corresponden a la Coatlicue, la Piedra del Sol y Tizoc. Poco a poco comenzaron a aparecer escalinatas, otras enormes esculturas y los primeros indicios de que existían plataformas. En 1913, don Manuel Gamio asienta que estos restos son del Templo Mayor, pero no se aportan nuevos antecedentes hasta 1933, en que se encuentra parte de la albarda Sur de la plataforma de la VI etapa, hoy sabemos que ha tenido al menos siete etapas de construcción. En 1948 se excava un tiempo en la plataforma sur, pero los trabajos se detienen, porque no aparecen pruebas contundentes de que se trata efectivamente del Templo Mayor. En 1964, yo efectuaba el rescate de un adoratorio decorado con mascarones del dios Tlaloc, al norte de la calle Justo Sierra, y me parece que el adoratorio forma parte del gran recinto ceremonial, pero no había modo de probarlo. En 1975, en los trabajos de piloteado que realizamos debajo de la Catedral, aparecen restos de edificios, entre ellos, uno que podría ser el Templo del Sol, y otro, de planta circular, que se ubica inmediatamente al norte del Sagrario con su porción sur debajo del mismo. Temíamos que todo el Templo Mayor estuviera debajo de la Catedral, hasta que en 1978 se produjo la sorpresa del descubrimiento de los obreros de la Compañía de Luz”.

¿Quién de vosotros, amigos, no lo sabe?
Mi corazón sufre, se llena de enojo:
No dos veces se nace
No dos veces es uno hombre
Solo una vez pasamos por la tierra
Gocemos ahora, estén alegres nuestros corazones
Amigos, luego tenemos que irnos
Ahora, mañana o pasado tenemos que irnos
Y aunque eso suceda
¿Acaso no hemos venido a vivir?

En la actualidad, para la ciencia los constructores del Templo Mayor representan un desafío. Se sabe que tenían conocimientos muy avanzados, inexplicables en la antigüedad, ante los cuales la ciencia no sabe qué responder. La llamada Piedra del Sol, por ejemplo, es un verdadero calendario que no marca días terrestres, justamente. Porque corresponde al calendario que rige las evoluciones del planeta Venus en torno al sol. Con un peso de varias toneladas, monolitos iguales a este se han encontrado en otros centros ceremoniales de la cultura maya en Centroamérica. Otra Piedra del Sol se encontró en los Andes bolivianos, como se sabe, donde vivió la población pre-incaica de Tiahuanaco, al sur del lago Titicaca, y la de que tampoco se sabe mucho más. En estos puntos la gran piedra tallada es igual: incidiendo que la América precolombina sabía que el año de Venus era de 224 días, conocía que una de sus caras mira siempre al sol, como ocurre a la Luna con relación a la Tierra. Los arqueólogos y criptógrafos dicen que lo insólito de la Piedra del Sol es que fija las conjunciones del Sol y Venus hasta el año 2004, cuando Venus pasará entre nuestro planeta y el Sol, lo que dedujo la ciencia actual luego de innumerables cálculos científicos. ¿Cómo los constructores del Templo Mayor lo sabían?

En cofre y caja esconde a los hombres
y los envuelve en ropaje el dador de vida
En medio de colores nos hace vivir
No preguntemos y ¡gocémonos de la primavera!
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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