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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

El día 22

El día 22 me despertó la sorpresa amable de que los Verdugo habían venido por mi desde Cabo San Lucas, a poco menos de doscientos cincuenta kilómetros de La Paz. Juntos fuimos a dejar a mis amigos que en el transbordador emprendieron cruzando el Golfo de California viaje a Mazatlán.

En La Paz hay mucho que ver; la ciudad a lo largo del año tiene eventos deportivos internacionales, la pesca, el buceo, los veleros... también los coches y las motocicletas, como los que llegan a competir a la carrera Baja 1000, cada dos años, en que los pilotos corren fuera de la carretera, por brechas desde Ensenada a La Paz, una de las competencias más difíciles en su género dentro del circuito internacional. En lancha salimos desde la playa Pichilingui, junto a la terminal del transbordador, un sitio ideal para acampar; desde ahí hemos llegado hasta las islas Cerralvo y Espíritu Santo, ambas paraísos ecológicos, así como Isla Partida, santuarios de lobos marinos, que resulta una inolvidable experiencia, especialmente para quienes gustan de bucear, remar o simplemente tomar el sol y nadar en las transparentes aguas de sus caletas. A una distancia de poco más de tres horas por mar, la visita a la colonia de leones marinos, en el arrecife de La Lobera es importante obedecer las indicaciones del guía y no subirse a las rocas donde habitan ya que son animales territoriales y no permiten que invadan su terreno, "les pueden arrancar el brazo", advierte el guía, sin embargo algunos hacen lo que los gringos: bajan a las rocas habitadas y prueban suerte. El guía enseña: "No deben tocar a las crías que se les acercan, en caso de que se presentara el contacto no deben hacerlo con la mano abierta". Estando en este lugar se ven los bancos de peces multicolores como se abren ante el paso fulgurante de estos animales, que juegan entre corales. El regreso es acompañado por peces de varios tamaños y colores que, si nos detenemos, rodean la embarcación y esperan que les tiremos comida, se acercan incluso a comer de nuestra mano. Nos detenemos en la playa de Ensenada Grande, donde se aprecia un maravilloso verde turquesa en sus aguas cristalinas, por ser este lugar un atolón, un arrecife coralino en forma de anillo, con una laguna en el interior. Todo es un delicado equilibrio, en el que hay una regla imperativa: No contaminar.

Desde el mar se ven los Cabos como un oasis; a pesar de estar rodeados por una zona desértica, está lleno de color y vida, de árboles viejos, laureles, tamarindos, frambuesas. Desde el mar a la hora primera de la tarde La Paz reposa entre espejos de sol, al fin del día se caracteriza por sus maravillosos crepúsculos. En el centro de la ciudad hemos visitado el Museo Antropológico, en 5 de mayo y Altamirano, con salas de exhibición sobre las culturas del sur de California. Hay una colección de fotografías de algunas pinturas rupestres de la península en su primera fase de excavación. También hemos estado en la Biblioteca de las Californias, en calle Madero y 5 de mayo: en lo que antaño fue palacio de gobierno: conservan un excelente acervo de documentos y libros históricos únicos sobre las tres Californias. En el recorrido obligatorio, además de ver el Palacio de Gobierno y el Palacio Legislativo, se debe visitar la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz, fundada en 1720, así como el Teatro de la Ciudad, con modernas instalaciones que albergan galerías de arte y biblioteca. En los jardines que rodean el Teatro se localiza la Rotonda de los Hombres Ilustres y los cuatro molinos, símbolo de La Paz de antaño. El día 23 cruzamos con los Verdugo los 231 kilómetros que hay hasta Cabo San Lucas. Tomamos la Transpeninsular hasta San Pedro y llegamos a El Triunfo, un pueblo donde se estableció uno de los sitios mineros más antiguos de las Californias, que se encuentra en proceso de rescate como testimonio de la historia peninsular y un sitio de atractivo cultural. Conversamos con el vecino maestro Eulogio del Río, profesor en la escuela pública del lugar, quien nos dice:

"El proyecto se realizará en dos etapas, en la primera se restaurará la chimenea La Ramona, se repararán los hornos anexos a la chimenea mayor, además del acondicionamiento de senderos y puentes para uso peatonal. En la segunda etapa se planea rehabilitar las viejas casonas, rescatar la traza original, empedrar las calles, habilitar el camino real y construir el circuito turístico de los reales mineros que incluyen San Antonio, El Rosario y Santa Ana. En 1878, en la región de El Triunfo, se estableció la Compañía Minera El Progreso, con la finalidad de explotar los yacimientos de oro y plata encontrados en el territorio. El Progreso instaló más de 40 kilómetros de tiro y socavones, máquinas elevadoras, taladoras, compresoras de aire, calderas, y construyó una hacienda a beneficio; estableció además una maestranza, una herrería, una carpintería, una carrocería y una completa y moderna planta, capaz de extraer cuatrocientas toneladas de metal al día. Sus principales minas fueron conectadas por una red ferroviaria de 10 kilómetros de largo. Actualmente El Triunfo es una comunidad de 200 habitantes que aún conservamos la historia de los pueblos mineros. En el proyecto de rescate participan además del Centro INAH_Baja California Sur, el Gobierno del Estado y nuestra comunidad".

En la noche para dormir nos detuvimos entre Los Barriles y Buena Vista, donde don Martín Verdugo representa cinco generaciones con su Beach Resort en Cabo Este, un sitio sin parangón que conserva el encanto de la California mexicana. Los Cabos es famoso por sus playas y por la pesca deportiva, es sede de frecuentes torneos internacionales; hay zonas de agua termal (60 grados centígrados) y establecimientos médicos no tradicionales que utilizan plantas medicinales y otras terapias. Tomamos la carretera a través de la costanera hasta Punta Arena, cruzamos Cabo Pulmo, con playas de arena blanca y muy fina que es un agrado sentir; allí se puede apreciar una de las mayores formaciones de coral del océano Pacífico. Seguimos hasta Los Frailes, Boca del Salado y desde Palo Escopeta tomamos una bifurcación hasta el camino que lleva desde Santa Anita a San José del Cabo. En el Estero se desarrolla muy bien el Santuario Ecológico de los Cabos para la preservación y custodia de flora y fauna casi desaparecida en el resto del planeta, donde se han diseñado puntos de observación para apreciar a sus habitantes adecuadamente en su estado natural y anular su extinción.

Cruzamos el aeropuerto Internacional de San José del Cabo, al que se puede llegar desde cualquier punto pues hay vuelos directos desde la Ciudad de México y las principales ciudades norteamericanas; ubicado a 40 kilómetros de Cabo San Lucas, ofrece todos los servicios requeridos. Llegar por aire a Baja da una buena idea del lugar. La vista desde el cielo es una instantánea de aquello que lo distingue: mar azul y playas que se continúan en un desierto de grandes cactus. Por tierra es un viaje excepcional, debo anotar que la Carretera Transpeninsular es segura y está en excelentes condiciones. El litoral de Los Cabos presenta su propio marco impresionante de bahías, acantilados, sierras, playas, desiertos y el mar muy azul y transparente. En la extrema región de la península la montaña se adelgaza, se desnuda de vegetación y, entre inmemoriales peñones graníticos, la tierra se sumerge en el océano, en Cabo Falso: un gran arco de piedra labrada por el azote de las olas del mar, territorio de maravillas en que destacan las cascadas de arena submarina y un lecho sembrado de color manganeso. Las playas de Los Cabos son todas de singular belleza por estar justo en la conjunción del desierto y el mar, y en todas ellas viven pequeñas colonias de lobos marinos que han hecho de la zona su hogar, justo enfrente de donde se pueden ver todo el año los lobos y leones marinos y en su época del año escuchar el canto amoroso de las ballenas.

Este día 24 de febrero de 1986 hemos llegado a Cabo San Lucas a celebrar su categoría de ciudad; con la presencia de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, cubriendo las disposiciones legales se acordó la Conversión a Ciudad de la población de Cabo San Lucas. Su infraestructura cuenta con todos los elementos de una ciudad: comunicación con el resto del mundo, carreteras, estadios, parques deportivos, canales de televisión, periódicos, escuelas de enseñanza completa, su edificio de gobierno, está en pleno desarrollo la zona náutica en una extensión de 27 hectáreas en tierra y 21 hectáreas de marina, constituida por escolleras, canal de acceso, dársena, muelles, con todos los recursos básicos unidos a un ofrecimiento turístico de los más excepcionales de América.

Las fiestas han sido magníficas. Muestras turísticas, gastronómicas, deportivas y artísticas. Junto al monumento a la bandera inaugurado también este día, en una tarima especialmente acondicionada se realizaron los espectáculos. El Ballet Folklórico ofreció un interesante repertorio formado por las expresiones de música y danza de la península. Conversamos con la maestra Diana Cota, quien nos dice que la tradición es nueva, sólo se remonta a principios del siglo XX, cuando la revolución en su pleno apogeo, propició la deserción de familias enteras hacia otros lugares más pacíficos, encontrando muchas de ellas refugio en la península, que por estar poco comunicada y alejada geográfica y culturalmente del macizo continental, representaba un lugar seguro donde refugiarse. Nos dice ella:

"Al irse creando grupos musicales que amenizaban bodas, fiestas y bailes, estos últimos muy populares en los pueblos y rancherías en las que lucían las prendas domingueras (lo mejor del guardarropas) se reunían en una casa familiar, en un patio, en una huerta o debajo de una enramada hecha con palma de datilero o a la sombra de un gran mezquite iluminado por lámparas de petróleo, a veces los convivios se prolongaban por varios días. Se interpretaban melodías en sones y ritmos que introducidos a nuestra península ayudaron a despertar la inspiración de músicos anónimos, creando ritmos de los que se bailaban en el Norte del país, polka, redova y shottis, llevando un toque diferente que se puede clasificar en una música melancólica festiva. 

Sigue la maestra Diana Cota: "Los instrumentos musicales con los que nos hacemos acompañar para interpretar el presente repertorio de Baja California Sur son el acordeón, llamado por los nativos "la Cochi"; el contrabajo, también conocido como "tololoche"; la guitarra y el violín. Los trajes folklóricos representativos y con orígenes muy antiguos abundan en nuestro país, pero en la Península no se definió uno especial, sino que se usaron trajes de época. A falta de un vestido que representara y en sí que reuniera las características necesarias para simbolizar ante las entidades de la República al estado, se convocó en el año 1955 a un concurso de confección y diseño del traje Regional de Baja California Sur, siendo triunfador el traje de Flor de Pitahaya, que fue confeccionado por la Profesora Alejandrina Cota Carrillo, y pintado por el Profesor José Torre Iglesias, basado en una leyenda escrita por él mismo, que versaba sobre el nacimiento del cactus, planta característica de la flora del desierto y excelencia de los nativos. Confeccionado en charmés o raso, en color rojo, blanco y verde, la blusa escotada en color blanco con cuello en el escote en forma de una flor pintada y bordada en chaquira y perlas en torno a la flor pintada. La falda semicircular de color rojo, lleva una planta de cactus ramificada, en la cual se distribuyen tres flores, una en la parte superior y dos en los costados iguales a los de la blusa, también algunos frutos. Complementa un olán la falda de color blanco, los tonos en que van bordados y pintados los cactus y las flores son en verde, rojo y amarillo con chaquira, canutillo y perlas al tono, se adorna con moño de tul bordado en chaquira negra simulando la pulpa con su semilla, lleva collar y aretes de perlas. En nuestra presentación, mostramos bailes tradicionales de nuestro estado como Las Calabazas, La Suegra, El Apasionado y La Chilena. Las Calabazas es un baile mixto, con movimientos de salto o alzada, con carácter de baile de galanteo de origen mestizo. Se cree que fue introducida a nuestra región por marineros que viajaban a los Estados Unidos, los cuales tocaban aquí en el sur de la península y los arraigaron al grado de considerárseles totalmente sudcalifornianos. Este baile lleva un ritmo melancólico siendo este un chotis. La letra del canto es breve y festiva. Uno dice:

Las calabazas que tú me diste Me las comí con sal y vinagre, Pero los besos que tu me diste No me los quitan ni tu, ni tu madre.

Las calabazas que tu me diste Me las comí con melón y sandía, Pero los besos que tu me diste No me los quitan ni tu, ni tu tía.

"En Las Calabazas las mujeres usan falda floreada de estampado chico, que contraste con el color de fondo de la tela, lleva un olán plisado con encaje y sobre la costura un listón de color que combine. Sobre la bastilla lleva un encaje también. La blusa es de popelina blanca, llevando en la parte delantera encajes desde el cuello hasta la bastilla, usa el cuello alto y las mangas van plisadas en la parte superior y en forma de tubo hasta llegar a la muñeca rematándose con encajes plisados. Lleva enagua blanca y usa calzonera hasta la rodilla, calza botín y usa en la cabeza un discreto tocado de flores menuditas, tres peinetas en diferentes colores y su pelo lo peinan trenzado formándose un molote. A la altura del cuello portan siempre un camafeo de color negro. Portan botín tipo Adelita de color negro. El hombre viste pantalón de mezclilla, cinturón negro, botín negro, camisa blanca y un pañuelo paleacate rojo, en la cabeza llevan un sombrero de palma con el ala caída.

"El baile de La Suegra es de estilo ligero, con movimientos de alzada y zapateado, es de carácter galante y origen criollo. Es uno de los bailes mas representativos del Estado, melodía a ritmo de redova aunque un poco mas lenta, es un baile que se interpreta por parejas que a base de evoluciones frente a frente o enlazados se desplazan en coreografías sencillas y armónicas, el tema musical es festivo acompañado de versos que nos dan el profundo afecto ideal que inspiran las suegras: 

Yo tengo a mi suegra Que tanto la quiero, Por verla sentada En un hormiguero.

Yo tengo a mi suegra Que tanto la adoro. Por verla sentada En los cuernos de un toro.

Ay, ay, ay, que pena me dan Las ingratitudes que me hace pasar.

"En La Suegra, la mujer viste trajes de época con marcada influencia norteña, con la diferencia que no usa la pasamanería, tan solo adornaban sus trajes con encajes en la cabeza del olán y también en la bastilla, usan fondo holgado y calzonera. La blusa es de popelina con pechera y sobre esta le añaden un pasalistón, la manga es muy abombada, la que llaman "de carnicero", se le cose un elástico de 15 cm. Arriba de la bastilla, portan botas negras o blancas tipo Adelita, trenzan su pelo y se forman un molote colocándose un moño de color de la falda y tres peinetas de colores al gusto de la mujer. El hombre lleva pantalón de dril o casimir, combinado con una camisa de céfiro (rayas pequeñas), manga larga, pañuelo en la bolsa trasera de su pantalón y botín de la región.

"El baile El Apasionado es de estilo ligero, mixto, con movimiento de valseado, es de galanteo y de origen criollo, cuyas notas invariablemente arrancan sendos gritos de júbilo. No tiene una coreografía definida, ya que es una baile de parejas, en que el poder creativo y la sensibilidad de los intérpretes se conjugan con las costumbres y actitudes propias de los nativos que valsean en forma rápida y con giros ágiles. El vestuario de la mujer es totalmente costero, a base de una blusa de popelina blanca, escotada con un olán rematado con encaje blanco, la falda es de percal o algodón estampado con flores de tamaño regular. Los hombres van vestidos con pantalón blanco y camisa de popelina blanca, anudada a la cintura, lleva sombrero y calza botín de color negro.
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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