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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

Entre Tijuana y Los Cabos.

2. Por la carretera Transpeninsular entre Tijuana y Los Cabos.
Las pinturas de cuando aparecieron los primeros seres de aspecto humano.
Baile y Canto con una visión transparente de las cosas.

Los lugares aislados a que se puede acceder haciendo el recorrido por tierra constituyen una atracción aparte para el viajero. Me dirijo por carretera desde Tijuana a Cabo San Lucas a celebrar su categoría de ciudad este día 24 de febrero de 1986; hoy es día 14, tendré más de una semana para cruzar la península hasta la nueva flamante ciudad, donde me esperan los Verdugo el día 23. De la frontera norte de la península, sólo anotemos que su potencial económico está en su ubicación inmediata junto al estado más rico del país más poderoso de la Tierra. Bajamos por Playas de Tijuana, en un viaje sin ningún contratiempo siguiendo por la flamante Transpeninsular. Me acompañan los fotógrafos Max Clemente, del staf de VOGUE, con quien hemos trabajado unos días en Los Angeles y San Diego, en la California norteamericana, y Alan Carter, que realiza desde hace meses un catálogo fotográfico de flora y fauna de Baja California para Fonatur. También va con nosotros nuestra amiga la maestra geóloga Judith Fuenzalida, que en la Península ha realizado investigaciones para el Instituto Nacional de Antropología e Historia; nació en Tijuana y es maestra docente de la muy ilustre Universidad Autónoma de Baja California Norte. Viajo con ellos hasta La Paz, de ahí seguiré solo a Cabo San Lucas, porque mis amigos cruzarán el mar de Cortés con vehículo y todo en transbordador hasta Mazatlán, ellos con destino la Ciudad de México. 

Saliendo desde Tijuana cruzamos las playas de Rosarito muy temprano, pasamos Tapia, La Misión, El Tigre, el Sausal y nos detenemos en Ensenada, a orillas de la Bahía de Todos Santos. En Ensenada, en respuesta a las protestas de vecinos preocupados por la expedición de permisos para cazar borrego cimarrón, un animal muy hermoso, una autoridad de la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, fijó su postura ante la cacería del símbolo natural de Baja California, justificando la cacería de tres ejemplares "porque se van a morir de viejos sin que los ejidatarios se beneficien en nada con su muerte". Su postura había generado una fuerte protesta pública encabezada por varios vecinos. Don Juan Cantú dice: 

"Nadie tiene que beneficiarse con muerte alguna. Las ballenas se mueren de viejas, al igual que jaguares, osos, lobos, tortugas que también están vedadas y en peligro de extinción, y no por ello hay que matarlos. Como cualquier ser vivo, los borregos tienen el derecho a morir de viejos, se lo han ganado, porque lograron eludir depredadores, las balas de los cazadores furtivos y legales, las enfermedades que le lleva el ganado del hombre que invade su hábitat sin restricción alguna. Han logrado sobrevivir sin agua, comiendo chollas y biznagas espinudas que le han dejado los labios desechos de heridas. Han soportado temperaturas superiores a los 52 grados centígrados y también bajo cero. Las autoridades no tienen derecho a ordenar su muerte".

Otro vecino, el médico Alfonso García Aguilera, afirma que "los científicos han comprobado el vital papel del macho viejo que las autoridades están permitiendo matar. El borrego viejo es el guía del rebaño, al que siguen los borregos jóvenes porque saben que los conducirá a lugar seguro, sin enemigos y con alimento. Cazar los machos viejos rompe su estructura social, condena al rebaño al caos, de donde sacan ventajas depredadores y cazadores furtivos. No se ha comprobado que el macho viejo sea infértil, por lo tanto no se justifica su muerte. Nos engañan cuando afirman que la subasta de permisos de caza la hacen los propios ejidatarios. Sabemos que incluso algunas mismas de las personas encargadas de estos permisos los subastan al otro lado de la línea (frontera), en precios que oscilan entre los 45.000 y 75.000 dólares, como en una subasta de tres permisos realizada en un hotel de Chulavista, donde los compradores lo hicieron desde el anonimato de un teléfono para evitar represalias de los grupos ecologistas. Esos borregos ya fueron cazados a pesar de que nunca se anunció oficialmente la apertura de la cacería en Baja California, es más, aún no se ha anunciado".

Otro vecino, el ejidatario don Pascual Vargas dice: "Los ejidatarios cuidamos al borrego y hemos conservado la superficie del desierto original sin transformarlo en pastizales. Pero nadie formalmente cuida al borrego cimarrón, porque se necesita una inversión y no tenemos recursos para hacerlo. Y las autoridades que deciden lo hacen desde sus escritorios sin tener la menor idea de la realidad del animal. No hay pastizales porque es desierto. Donde vive el borrego no crece nada, por eso nadie vive allí. Es lo único que le hemos dejado al cimarrón y ha aprendido a vivir con ese mínimo, a pesar de lo cual se le mata con permiso, a pesar de que la autoridad insiste en que no se darán más permisos, pero negocian los existentes al mejor postor. Sólo quedan entre 100 y 120 borregos cimarrones. Esa es una triste noticia pero a la vez nos anima porque siendo el criterio oficial de que sólo cuando queden menos de cien animales se consideran "en peligro de extinción", pues a nuestro borregos ya les llegó su turno; gracias a esos tres permisos rematados para matarlos, el borrego cimarrón de Baja California ya estará oficialmente en la lista de animales en peligro de extinción, aunque hace muchos años que lo está".

Desde Ensenada seguimos hasta El Maneadero, donde tomamos una bifurcación hacia La Bufadora, en Punta Banda. La Bufadora de Ensenada es obra de la acción del mar durante años horadando la roca, hasta formar una caverna que se puede ver cuando retroceden las aguas en su vaivén. La tierra firme se deslizó formando una grieta bajo el nivel del agua que se comunica con un costado del cañón submarino. Cuando una ola choca contra el cantil, una parte penetra por la grieta submarina e impulsa el aire del interior, el cual, al salir a gran presión por la boca de la cueva, que es muy estrecha y está situada sobre el nivel del agua, choca de abajo hacia arriba contra la parte de la ola que siguió su curso hasta el farellón con la potencia de su peso de varias toneladas, explotando y rugiendo hacia el exterior, provocando una ola de más de 20 metros de altura, así como un sonido característico que da origen al nombre de La Bufadora. Junto a ella está la Playa Estero, que bien vale unas horas de descanso, es muy extensa y ubicada junto a Punta Banda, resalta por su blanca y fina arena, pendiente suave y oleaje regular. Es ideal para el descanso, la natación y la navegación.

Nos dice la maestra Judith: "La Península de Baja California es un brazo de tierra bañado por las aguas del Océano Pacífico (al oeste y al sur), y separada del resto del territorio mexicano en el noreste por el Río Colorado y después por el Golfo de California. Hablamos de una península rugosa de más o menos 1500 Km. de largo y entre 45 y 250 Km. de ancho. Veremos en el trayecto que muchas partes están marcadas por pendientes escarpadas y que en general las vertientes de desagüe y acantilados se orientan hacia el Golfo. Por el lado occidental, el terreno desciende de forma progresiva en amplias planicies costeras. El espinazo montañoso que divide la península es discontinuo, y su altitud variable. El eje de estas formaciones es de norte a sur, aunque en la región del Cabo corre norte y sur e incluso tiene duras pendientes hacía el oeste. Los desiertos yacen bajo estas montañas en ambas costas. No veremos cursos de agua de considerable caudal dentro de la península, debido principalmente a lo abrupto del terreno; el agua superficial es escasa, existen algunos riachuelos permanentes en el noroeste y algunos manantiales temporales que forman oasis en el centro y sur de la península. Cuatro cadenas montañosas y otras de menor importancia se extienden a lo largo de ella, dominando el panorama peninsular la Sierra de San Pedro Mártir, cuya cumbre es superior a los 2800 metros, teniendo como punto más alto la Providencia o Picacho del Diablo con una elevación de 3096 metros, formada por un bloque granítico, rocas metamórficas, sedimentos recientes y material volcánico. La Sierra de Juárez que se encuentra en el extremo norte, tiene una altura de alrededor de 1500 metros y es relativamente plana en la cima. Formada de bloques graníticos se eleva abruptamente del desierto del Colorado. Al igual que la de San Pedro Mártir es una continuación de las cadenas peninsulares y transversas del sur de California. La línea costera que bordea la península se caracteriza por poseer bahías, puertos, cayos, esteros y playas. Alrededor hay 35 islas, sin contar islotes, la mayoría del lado del golfo. Del lado del Pacífico se encuentra la Isla de Guadalupe que es oceánica, pero el resto están cercanas a la costa y comparten sus características geológicas y biológicas. Es un hecho geográfico que la falla de San Andrés cada vez separa más a la Baja California y llegará un momento en que se desprenderá del continente".

Hemos seguido cruzando Santo Tomás y San Vicente, donde, guiados por Alan Carter, visitamos pequeñas reservas de flora y fauna, lo que será común en el viaje. Nos vamos deteniendo en cada lugar donde mis amigos indican que debemos hacerlo para ver algo, para conversar con alguien o descansar. En Cabo Colnett hemos alojado en un motel a la vera del camino; al nuevo día, cuando seguimos viaje, nos vemos envueltos en un paisaje espectacular, la impresión ya nunca a uno lo abandona en todo el trayecto. Seguimos, cruzando la Bahía San Román y la de San Quintín hasta la Misión de San Fernando. Alojamos en San Agustín, y en ruta por Santa Inés, Laguna Chapala, Punta Prieta, Rosarito, Santo Domingo, donde alojamos frente a la Bahía Sebastián Vizcaíno, mirando a la Isla Cedros, en Guerrero Negro, que se localiza entre el desierto y el Océano Pacífico. Se caracteriza por sus enormes salinas, consideradas las mayores en el mundo, mismas que son origen y vida del lugar. A escasos kilómetros se localiza la Reserva de la Biosfera de Vizcaíno, la más grande de América Latina con una extensión de 2,546,790 hectáreas: su zona Laguna Ojo de Liebre es refugio natural de la ballena gris que, año con año, desde tiempos inmemoriales acude desde el Ártico para cumplir su ciclo reproductivo, entre noviembre y marzo. Es una especie en recuperación debido a las leyes para acabar la caza furtiva. Además de ballena, se encuentra lince, puma, pelícano blanco, halcón cola roja, águila pescadora, entre otros. Hicimos una visita a la empresa salinera ESSA que produce 7 millones de toneladas de sal anuales, y dimos un paseo en un frágil bote por Ojo de Liebre, en que, gracias a que las aguas de la laguna estaban serenas, las ballenas se acercan a la embarcación sin producir el menor daño, excepto la subida de las aguas que nos empapa enteros y una impresión imborrable de que se viene encima uno de los mamíferos más enormes de la creación. Ha sido un experiencia excepcional que se vive envueltos en salvavidas y uno comprueba que las ballenas nunca atacan al hombre.

Seguimos por la Transpeninsular al sur, cruzamos el Desierto de Vizcaíno, que es muy caluroso hasta pasar El Caracol y Los Mártires, para llegar en poco más de dos horas a San Ignacio, que es un pueblo muy bonito, incluso atravesado por un río donde se puede nadar. Desde ahí visitamos algunas pinturas rupestres enclavadas en la sierra. Las pinturas rupestres del cañón de Santa Teresa en la Sierra de San Francisco, parecen obra de gigantes pero son un patrimonio del arte humano. Los vestigios rupestres en la península se encuentran en varios lugares y a todo lo largo de su territorio, "pero es aquí donde se localizan los más bellos y espectaculares, ya que muchas de las pinturas tienen varios metros de alto, por esto es considerado como uno de los mayores descubiertos", afirma la maestra Judith, que ha estado en la zona junto con el personal del INAH trabajando en labores de rescate. Y agrega: "Los primeros reportes de las pinturas de esta zona datan del siglo XVII cuando llegaron los misioneros jesuitas, desde ese entonces hacen mención de la grandeza de las imágenes. Algunos de ellos relatan que, investigando entre la gente del lugar, evocan leyendas de seres de gran tamaño venidos del norte que pensaron fueron los autores de las pinturas, incluso añaden que encontraron huesos de hombres que calcularon llegaban a medir hasta tres metros de alto. La historia de una raza de gigantes que habitaba en esta zona es muy remota, en su recuerdo incluso una sierra lleva el nombre La Giganta, según la tradición porque allí murió la última persona de su raza, una mujer enorme que finalmente quedó en la mitología de la zona. Los análisis de pigmentos indican que las pinturas tienen una antigüedad de 4 mil años, y la fecha más reciente corresponde al siglo XVII, lo que es sorprendente ya que en ese periodo de tiempo no hay mucha variación en su estilo. Los pobladores de estas zonas fueron los Pericués y Cochimíes, estos últimos se organizaban en grupos de entre 50 y 200 miembros, dedicados a la caza, principalmente del venado, y a la recolección de frutos. Existían dos jefes que dirigían al grupo, uno de ellos era el anciano o cacique y un chaman o "guama" que organizaba los actos religiosos, algunas veces un solo individuo ejercía ambos cargos".

Para llegar al sitio en la sierra de San Francisco, desde San Ignacio se deben llevar los permisos respectivos: en dos locales contiguos a la Misión se instaló el museo y oficinas del INAH, desde 1980, cuando se iniciaron los registros de las cuevas con pinturas, hecho en pleno proceso. El custodio que registra a los visitantes de las pinturas, nos pone al tanto del compromiso que adquirimos y del equipo que tenemos que llevar para ir a la zona, y nos entrega el reglamento cuyos puntos sobresalientes son una clasificación del visitante en cuatro niveles: 

1) Los que sólo visitan la Cueva del Ratón y lugares cercanos a San Francisco, excursión que se hace en un día.
Las siguientes requieren varios días de duración.

2) Los que además van a lugares habilitados en el Cañón de Santa Teresa, Arroyo del Parral y en el área de Santa Marta. 

3) Los que van más allá rumbo a San Gregorio, San Gregorito y el Batequí, entre otros.

4) Viajes de interés estrictamente académico. 

"Todos los visitantes deberán acatar las disposiciones de la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas de México. Las visitas deberán ser conducidas por un guía autorizado por el INAH. La comida del guía la proporcionarán los visitantes. Se prohíbe hacer fogatas, hay que llevar estufas de gas tipo Colleman. Sólo se permitirán un máximo de 25 personas acampando a la vez. En el campamento el Granadillo sólo 7. Traer de regreso toda la basura que se genere, ya sea orgánica e inorgánica".

También nos dio el nombre del coordinador en San Francisco de la Sierra, con quien nos teníamos que reportar. Afortunadamente el vehículo que traemos es una camioneta que puede circular en un camino de terracería, lleno de rocas y muy accidentado. No existe transporte regular. Pero se pueden buscar algunas alternativas en ranchos cercanos. Ante todo el formulismo y muy preciso control reglamentado de acceso a las pinturas, de lo alejado del lugar, de las dificultades para llegar, de sortear todos los posibles contratiempos, de llevar todos los aditamentos para acampar, y sobre todo de enfrentarse a un clima extremoso que puede ser de más de 40 grados centígrados en verano y llegar a temperaturas inferiores a los cero grados en invierno, ante todo, vale cualquier molestia el viaje. En las dos horas del trayecto a San Francisco encontramos barrancas espectaculares en belleza por su formación que parece sacada de un cuadro futurista. Llevábamos café caliente, la única bebida que quita el calor, el frío y la sed, pero lo único que deseaba mi cuerpo era una naranja. Al llegar a la casa del coordinador del INAH en San Francisco, lo primero que veo es un árbol de naranjas, grandes, frescas, a punto, que, según supimos estaba allí antes de que llegara gente a la zona. Conseguí mi naranja que comí con fruición. Allí visitamos la Cueva del Ratón a la cual se puede ir caminando. Cuenta una historia que se llama así porque a un burro llamado "ratón" le gustaba irse a refrescar a la sombra de esa cueva. Al volver, el coordinador se ha encargado de avisar al guía que le toca turno, el vecino don Refugio Arce Ojeda que cuenta con animales propios para el trayecto y tiene la mejor disposición para ayudarnos. Al preguntarle cuál zona recomendaba para iniciar nuestra visita, indicó el Cañón de Santa Teresa. De acuerdo con sus honorarios, la cantidad de mulas y la renta de las mismas, cerramos el trato y esperamos la partida al siguiente amanecer. Instalamos nuestras carpas donde se nos indicó y nos quedamos dormidos de inmediato. Con los primeros rayos del sol iniciamos nuestra excursión. Mientras ponemos en práctica nuestros pocos conocimientos de montar en mula, en lo que a mi respecta porque mis amigos sin más se subieron y no volvieron a bajarse; en lo personal, a ratos preferí caminar al paso de la mula y mi cuerpo lo agradeció después. Nuestro guía don Refugio, con su modo de hablar rápido, como lo hace la gente de esta tierra, que hasta a veces parecía que no terminaba de pronunciar algunas palabras, nos comentó sonriendo: "Han venido algunos que se van caminando hasta allá, porque no saben andar en mula, terminan cansadísimos pero contentos, sobre todo después de ver La Pintada, es la más chula de todas las cuevas. Yo venga hasta acá por mi trabajo, pero es un placer y hasta el cansancio se quita cuando uno llega a las pinturas".
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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