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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

San José del Cabo y Cabo San Lucas

Alrededor de la plaza arbolada, junto a la iglesia se ven algunas casas de aire colonial que componen una atmósfera acogedora; en todo el centro se encuentran negocios de ropa y artesanías, galerías de arte y restaurantes. En el recorrido por esta hermosa e histórica ciudad de San José del Cabo se puede visitar la Casa de la Cultura, el Palacio Municipal, el Jardín del Arte y, desde luego la zona comercial con sus tiendas y bazares. El coral negro y las perlas cultivadas son lo más buscado por los turistas. Por las noches se impone un clima de pueblo tranquilo y de cena con velas. Cuenta también con playas muy bellas, como Costa Azul, Santa María y Punta Palmilla, ideales para deportes competitivos como el wind surf, y otros que se ven practicando todo el año en sus aguas claras, a un kilómetro del centro, de arenas amplias y surcadas por suaves cerros. Los amaneceres son de una calma maravillosa. En las mañanas, cuando el sol empieza a asomar desde el mar, bandadas de pelícanos vuelan en formación hacia el norte. Cuando el sol se pone detrás de los cerros, regresan ordenadamente en dirección contraria. San José del Cabo invita a permanecer y a detenerse simplemente a contemplar las bondades de la naturaleza.

He estado un mes en casa de mis parientes de uno y otro punto de Los Cabos. Es una dificultad extrema enumerar siquiera lo que vi. Cuánto hay que ver, cuánto hay que paladear, cuántos caminos con su propio sentido, abiertos a la belleza, a la meditación, a la libertad; la naturaleza nos enfrenta a nosotros mismos, vuelca a nuestro interior la estética propia de cada lugar que visitamos. He vivido más que nada en Cabo San Lucas, el más sureño de toda Baja: sus gentes son quienes inventaron el licor de "Damiana", una planta de lo más olorosa que existe.

Vecina del lugar es doña Lupita Pintado de Alvarado, que tiene siempre tortillas humeantes, huevos frescos y exquisito atole de tamarindo con nueces, que usa leche “de vaca verdadera”, y es famosa en Los Cabos porque salió en un popular comercial gringo de la televisión, que sabe de los alimentos "light" y los alimentos "down", porque siempre llegaron muchos gringos a Baja y de tanto hablar se aprende, "porque las cosas se cultivan cuando deben cultivarse y no se puede cosechar sin haber sembrado". Así es que, decidido en relacionarme más al sitio y no anotar aquí sólo lo que puede ver alguien de paso, buscando una perspectiva local es que hablo de ella, como visitante de su comedor, pulcro e iluminado, en lo alto de su casa construida modestamente pero muy sólida, justo donde acaba la tierra antes de "las aguas buenas para la ballena azul", al extremo Sur de esta Ciudad de Cabo San Lucas. De doña Lupita uno aprende cosas que sólo se saben en la zona, usos y costumbres de las gentes del lugar, que su cocina es como ninguna y lo mismo puede enviarla a domicilio que para eso la lleva en un instante su esposo: "Con mi Robert nos conocimos el 14 de abril de 1924, y nunca más nos separamos". Juntos atienden su negocio, levantado con sacrificios que dejaron atrás tiempos malos. Una numerosa colonia de lobos marinos tiene su hogar justo frente donde han ubicado las ventanas del salón para turistas “con vista a los mares”. Ellos son vecinos distinguidos, su vida entera ha sido una entrega al servicio de la comunidad a la que han apoyado formando parte de todos los comités que se han organizado para mejoras de la comunidad de Cabo San Lucas (Pro_Agua Potable, Pro_Luz eléctrica, Pro_Oficina de correos, Pro_Ambulancia del Centro de Salud...) Cuenta que luego de establecerse con su esposo, Roberto Alvarado, cuando habían logrado levantar su hogar, el mar arrasó con su casa en 1941: "Pero el Robert me salió bueno. La construyó más fuerte y sólida desde sus cimientos, y no deja pasar las aguas bravas. Este comedor lo formamos de a poco, desde que mi Robert se hizo carbonero cuando no pudo trabajar más de ballenero, cuando vino la prohibición de su pesca, pero vemos pasar barcos especialmente japoneses y lo mismo las matan, rapidito las suben y siguen navegando. Nosotros ahora sabemos la necesidad que hay de preservar la ballena, mi Robert paso de ser su pescador a lo que es ahora: su mayor defensor. Como yo misma lo soy". 

Por esto Doña Lupita sabe mucho de las ballenas, estas enormes masas que veo en el mar, algunas de casi treinta toneladas o más, color azul o gris oscuro en la parte dorsal y blanco en la abdominal. Ella está preocupada por la gran cantidad de ballenas que ahora último pierden su "radar de orientación" y mueren a la orilla del mar. Sin embargo, ahora se asoman entre las olas, imponentes. Los machos brincan hasta tres metros de altura para que las hembras observen su virilidad, su fuerza. Y las atraen con su canto. Así comienza el cortejo y después sucede el apareamiento, que ocurre de diciembre a marzo de cada año. La acción de alimentarse queda a un lado. "Lo importante es el amor", dice doña Lupita. Con su ayuda he observado más de cuarenta ballenas, que ella habla de cada una por sus características; son sus viejas conocidas: "Por algo una ha sido toda la vida mujer de hombre que fue marino, mi Robert dice que él salió del vientre de una ballena, y puede ser porque nunca le conocí familia. El me enseñó todo lo que sé de las ballenas, y una misma aprende a puro "look". A ver, mi Robert, enséñele algo al joven, dígale de ballenas..."

El hombre maduro, muy amable, sonríe divertido a su mujer, y nos cuenta: "Cada ballena tiene una cola diferente, su aleta dorsal es como su huella digital. Las manchas en una, lo alargado de la otra, la forma de amplio abanico de aquélla, son los sellos particulares de cada cuál. Por estas señas se sabe si son los mismos ejemplares que arribaron el año pasado o si se trata de otras que llegan por primera vez. La hembra es más grande que el macho, que es muy activo. La hembra mide unos 16 metros de largo, y los machos tienen un metro menos. Viven de 60 a 70 años, y comienzan a "encariñarse" cuando las hembras cuentan con ocho años y 12 metros de largo, y los machos alcanzan unos 10 años y 11 metros de largo. Cuando quiere la cosa, el macho emite su canto para enfatizar su presencia, delimitar su zona y retar. Otros machos responden a este llamado y se acercan. Así comienza la carrera por demostrar quién es más hábil. De pronto salen disparados cinco o seis machos: nadan muy pegados, aleta con aleta, en la misma dirección. En esta prueba, en que también se permiten empelloncitos, no gana el más grande sino el más ágil, el que mejor se desplaza en el agua."

"¿Quiéres saber cuál es el premio? _dice doña Lupita_ El premio es el apareamiento con tres hembras. El macho que llegue en segundo lugar, podrá copular con dos; el que arribe después, con una. La hembra permanece receptiva al apareamiento aproximadamente por 72 horas, por lo que necesita "jugar a la cosa" con varios machos. Puede copular con el macho que llegó en lugar privilegiado en la carrera, y después con otros, hasta agotarse de amor. Pero, cuéntales mi Robert de dónde vienen las ballenas, dile..."

El hombre, muy bien dispuesto, sigue: "Vienen de las frías aguas del Pacífico norte, del mar de Bering, en Alaska, y de las Islas Farallón, cercanas a San Francisco, de esos lugares arriban estos grupos de ballenas, famosas, entre otros aspectos, por su canto. Viajan aproximadamente 2 mil 500 kilómetros para llegar a México, a esta agua con temperatura de 24 grados centígrados, que eligen para flirtear, aparearse y aumentar su población. El viaje desde los fríos mares del norte no sólo lo realizan los adultos en edad reproductora; también lo llevan a cabo las ballenas jóvenes, que no están todavía en edad de merecer. Forman grupos, juegan y también coquetean entre ellas, pero por imitación. Recién nacidas, las crías miden unos cuatro metros y pesan más de tres toneladas. Se alimentan de leche durante los primeros meses de vida aquí en Los Cabos, en sesiones de dos horas, chupan por unos segundos y salen a la superficie a respirar. Cuando vuelvan en un año más ya comerán como adultos. Su dieta normal es el krill, el camarón pequeño y microscópicos seres del mar que forman un alimento muy nutritivo, peces chicos, arenques, salmones y bacalaos jóvenes” _agrega el hombre, mientras en un gesto protector abraza a su compañera delicadamente_. “Se alimentan solo los ballenatos jóvenes, porque los adultos que llegan a Los Cabos no prueban bocado, sólo se alimentan de amor, como nosotros con mi Lupita, con o sin maremotos siempre vivimos este amor nuestro de cada día".

Las ballenas son un espectáculo maravilloso en la Baja California. Baja es un lugar extraño y sorprendente. Estrecha franja de tierra con playas de arena clara y montañas que caen al mar. Centros turísticos con glamour cinematográfico, sus legendarias misiones y pueblos mineros abandonados se combinan en un paisaje sembrado de sol y su propio aroma. Las playas parecen sacadas de una película. La arena fina y suave se escurre entre los dedos en partícula blancas y doradas. El mar azul y el cielo completamente abierto parecen eternos. Es un estado que difiere en muchos aspectos con el resto de México, como la ausencia total de construcciones prehispánicas, recordemos que ya no pertenece a la zona nuclear de lo definido por Mesoamérica. Los únicos vestigios de su pasado fabuloso están en sus Pinturas Rupestres, y no necesita más para ofrecer al turista esto excepcional, cómplice de algo más alto. Junto con un clima donde casi nunca llueve, los desiertos que anuncian las montañas cargadas de cactus son la escenografía perfecta de un paisaje californiano. Se ha sumado todo al condimento que le dan numerosos contingentes de visitantes provenientes de USA, de todas las edades, con muchos de ellos viviendo a la gringa aquí en sus campers, imprimiendo su idiosincrasia particular. De esta especial mezcla entre lo mexicano y lo norteamericano, con las bellezas naturales de fondo, surge el estilo del corredor de Los Cabos.
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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