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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

Puebla de Los Angeles

Por la importancia histórica de su centro, por la originalidad en las manifestaciones estéticas -en que destaca su arquitectura-, y por las características de su fundación como experimento social con raíces en el humanismo renacentista, la pequeña ciudad mexicana fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, por la UNESCO, en 1988.

Cuando los españoles llegaron a esta región de México, el lugar era conocido como Cuetlaxcohuapan, que significa "la tierra donde dejan su piel las culebras". Zona sagrada de acuerdo a la mitología prehispánica, y por cédula real nombrada Ciudad de los Ángeles, Puebla fue creciendo alrededor de su iglesia principal levantada a partir de 1518, en plena Conquista. En esta misma Catedral, don Marcial del Río, que ha nacido y vivido en Puebla toda su vida, indica que nos detengamos frente a un altar de cristal y oro: "Él es el Arcángel Miguel, patrono de Puebla y jefe de las milicias celestiales, según ha relatado Milton. Le acompañan los ángeles Gabriel y Rafael. Ellos suelen bajar de su retablo y caminar por las calles de esta ciudad en los días de sol. Por eso aquí sabemos de ángeles, no en vano uno vive con ellos toda la vida".

Las figuras tienen el tamaño de un hombre, y quizás por su ubicación y las luces de esta Catedral, parece que a uno lo miran cara a cara. Un ex gobernador de Puebla narra que luego de ver a un ángel, quedó al punto curado de su ceguera. Otro poblano anunció que los ángeles le habían enseñado que no existe ni el tiempo ni la muerte, y que las cosas cambian según los estados de ánimo. Don Marcial afirma que: “la prueba de que existen es que Dios los confirma con milagros. Que ellos se comporten siempre como si estuvieran en Su presencia, porque su mundo está regido por el amor. Por eso, las personas responsables deben creer en ellos." Le pregunto, ¿cuál es la naturaleza de los ángeles?:

—Pueden ser hombres o mujeres. Son los mensajeros de una gran energía, de la buena luz. En lo que se refiere a su apariencia, tienen las mismas características humanas no esenciales. Lo más común es que su persona refleje armonía. Comen y beben, aunque en ciertas épocas dejan de hacerlo, y cuando llegan a enamorarse como nosotros sabemos, generalmente mantienen su pareja mientras viven en la Tierra o hasta que la muerte los separa: viven como nosotros unos setenta años. Pueden curar con sus manos, siempre que la petición de ayuda sea del propio enfermo. También ayudan por gracia de sí mismos.

—¿Hay alguna prueba de su existencia?

—¡Oh, sí! Esta ciudad de Puebla que fue trazada por ángeles, por eso se la llama Angélopolis. Todo el centro histórico es como un santuario ofrendado a ellos. El solo Relicario de América, como se llama a la Capilla del Rosario de la Iglesia de Santo Domingo, tienen más de diez mil ángeles tallados en piedra y oro. El altar de Santa María Tonanzintla es el Cristo rodeado de su corte de ángeles, y la fachada de la Iglesia de San Francisco, como otras, rescata antiguas simbologías seráficas. Para un viejo profesor como yo, cuando encuentra la leyenda en las calles, ésta se vuelve como el perfume del pensamiento".

Don Marcial une a sus tareas docentes en la universidad sus propios trabajos de investigación que como arqueólogo ha realizado para varios organismos internacionales, dice que en el Valle de Puebla se asentó, en la antigüedad, una fabulosa sociedad humana:

—La ciudad fue centro, unos dos mil años antes de Cristo, de una notable actividad cultural, teocrática y en esencia incruenta. Eran gentes dadas a la paz, pues no se han encontrado restos de objetos para la guerra o piedras de sacrificio, como es común en mesoamérica.

—¿Quiénes conformaban esta comunidad?

—Por lo que se sabe, era cierto grupo opositor a los ritos sanguinarios del culto a Tezcatlipoca, el oscuro espejo humeante, que representa las fuerzas de la oscuridad en oposición a la luz, que representa Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que aquí tiene su templo. Ellos eran seguidores de Quetzalcóatl, quienes eligieron este sitio para vivir luego que el dios fue desterrado del Templo Mayor. En la salida de la Puebla de los ángeles está el cerro de Tlapacoya, en cuyas laderas hay vestigios humanos de hace 22.000 años.

—¿Cómo se ha verificado la antigüedad?

—Desde la década de 1960 realizándose investigaciones; formalmente la última se hizo en 1989, como parte de un programa que realiza la UNESCO para estudiar la antigüedad del hombre en el planeta. Vinieron especialistas en fechamiento por geocronología, en cenizas volcánicas, en diatomeas, que son pequeños animalillos de agua, así como palinólogos y paleozoólogos, expertos en animales del pasado.

—¿Qué se sabe de esta comunidad que habitó Puebla?

—Eran una casta sacerdotal, de desterrados, pues se oponían al numen cruel del rey de las tinieblas Tezcatlipoca. De aquí viene el sobrenombre popular de "ciudad Lévítica" o sacerdotal, que se oponía a los sacrificios humanos y al aniquilamiento de cualquier ser vivo. Según la expresión nahoa, ellos eran nombrados con la palabra Execatlcoatltzintlatlauqui, que significa “hombres culebra del dios del aire”, a imagen de los dragones de otras mitologías. O sea, era un grupo de personas que, cual dragones custodios de los tesoros europeos, aquí custodiaban la memoria de Quetzalcóatl; creando en el valle su propio centro ceremonial, mantenedor de sus propios ritos. A ellos se atribuye la construcción de la Tonacalli, la pirámide de la luz, que ubicaron en lo alto del cerro que construyeron a mano, el Tlachihualtepetl. Durante la conquista, sobre la pirámide se puso la Iglesia de Cholula, como hoy se aprecia.

—¿Qué se cree que sucedió con los habitantes primitivos?

—Un relato legendario dice que fueron llevados por los aires por una fuerte brisa, que era espesa como la niebla; la misma que había arrebatado a Quetzalcoátl cuando subió a los cielos. En la realidad, abandonaron la ciudad antes del año mil de nuestra Era, posiblemente obligados por la invasión de tribus guerreras que arrasaron el sitio. Luego, la ciudad fue siendo consumida por la tierra, pues a la llegada de los españoles solo quedaban restos de una pirámide y grupos indígenas aislados que vivían en los alrededores, quienes son los que preservaron el mito. Las circunstancias en que se realizó el coloniaje español forman una historia aparte, en la que especial papel encierra esta Catedral”.

En 1541 escribe fray Toribio de Benavente, conocido como Motolinía entre los indígenas: “lo principal de esta ciudad y que hace ventaja a otras más antiguas que ella, es la iglesia principal, porque cierto es muy solemne, y más fuerte y mayor que cuantas hasta hoy se han edificado en toda la Nueva España. Es de tres naves, y los pilares de muy buena piedra negra y de buen grano, con sus puertas muy labradas y de mucha obra”. Cuando se eligió el sitio definitivo para levantar la iglesia, “ se puso la piedra principal labrada con dos rosas”. Converso con el religioso poblano Rosendo Huesca, quien dice que el lugar es custodio de innumerables reliquias: "Se mandó fundar Puebla por orden de la reina consorte de Carlos I de España, Isabel de Portugal. La decisión de elegir el lugar recayó en el señor Obispo fray Julián Garcés, uno de los primeros misioneros en llegar a América. El sitio debía estar en buen lugar, el más adecuado que se encontrara en el camino entre la ciudad de México y Veracruz”. Le pregunto a fray Rosendo de cuándo arranca la tradición de que los ángeles trazaron la ciudad para habitar en ella, y dice:

—De esa primera época; es una cierta variación del mito nahoa. Se cuenta que fray Julián Garcés, pensando en el lugar que sería más apropiado, se entregó a la quietud del sueño. Esa noche, que asientan era víspera del arcángel San Miguel, le fue mostrado un hermoso valle por medio del que corría un río cristalino, rodeado de otros dos brazos de agua que le circunvalaban, entre manantiales. En sueños vio como los ángeles trazaban el terreno, echando los cordeles y delineando la nueva población. Despertó muy de madrugada y en compañía de otros, según lo asienta Motolinía, “caminaron unas cinco leguas hasta que llegaron a la región” que hoy ocupa la ciudad, “que efectivamente tenía trazados con cordeles”, labor que “todos atribuyeron a los ángeles”.

En realidad, Puebla no es una ciudad más en el marco novo-hispánico, porque se construyó de acuerdo a un objetivo exacto: para que se afincaran allí todos aquellos españoles que llegaron en la conquista y que andaban errantes en México y en el resto de América, sin medios para mantenerse, constituyendo un problema para la formación de la naciente sociedad. La fundación virreinal del lugar formó parte de un experimento social inédito, como eco lejano de lo que acontecía en el Renacimiento europeo, porque era un intento de rescatar a seres perdidos. Su forma de organización causó impacto; se les eximió de impuestos, se les dio tierras y dominio sobre las tribus indígenas, así como respaldo para incentivar la construcción. Al éxito inicial de la naciente comunidad, se sumaron muchos españoles que llegaron a incrementar sus fortunas con las franquicias que gozaba la zona. De esa época de prosperidad son las campanas de la Catedral, “cuyo tañer se escucha a muchas leguas, por la aleación de los metales que las componen”, pues, se dice, tienen un alto porcentaje de oro. Sin embargo, a pesar de ser notable el florecimiento económico que respaldó la construcción de la Catedral, su riqueza es de otro matiz, que, por ejemplo, toma la forma de la fe de los primeros cristianos.

En la base de los altares de las capillas de la Catedral, pueden admirarse en urnas de cristal y bronce los cuerpos yacentes de mártires de la iglesia, y, en las pequeñas ánforas sus reliquias. Una urna de cristal resguarda un cuerpo de cera de tamaño de un hombre, vestido con túnica de raso verde y capa de seda roja; “es el cuerpo yacente de San Clemente”. En una cápsula se ven tras el cristal las reliquias del santo: huesos de sus piernas. En otro altar veo el cuerpo dormido de una niña sobre cojines de terciopelo; su túnica de seda blanca está cuajada de piedras preciosas y perlas. Sus sandalias y ligaduras son de oro, a la usanza romana, por lo que se cree que fue una niña de la nobleza sacrificada por adoptar su familia la fe de Cristo. Resguarda la Catedral de Puebla muchas de las reliquias que trajeron los primeros misioneros que llegaron a América. Por Bula especial de Roma, se conservan “espinas de la corona de Nuestro Señor Jesucristo, y trozos de la túnica de San Juan Evangelista. También se veneran restos de la cruz de Dimas, el buen ladrón, y del silicio de María Magdalena”. En un cubo de cristal hay una imagen impresa como con fuego en un pedazo de género. Una inscripción dice que se trata de “Nuestra Señora de la Manga, imagen milagrosamente aparecida en el manguillo del hábito de una religiosa Jerónima de México... se conceden 40 días de indulgencia a quien rece ante el altar”.
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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