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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

Arquitectura barroca

Con similar inspiración, en 1785 se estableció junto a La Compañía el Seminario o Real Colegio de la Purísima Concepción, que al sobrevivir la expulsión de los jesuitas de América, en 1806, pasó a manos del Ayuntamiento, para convertirse más tarde en la actual Universidad de Guanajuato. En general las construcciones eclesiásticas de la ciudad tienen sentido de monumentalidad y disposición de elementos ornamentales grandilocuentes en sus fachadas. Otro templo, el de San Francisco, que data de 1792, es de piedra rosada magníficamente labrada con motivos ondulantes que recuerdan seres del mundo vegetal. Todos están de acuerdo en Guanajuato en que la portada más bella que legó ese mundo pasado, son las puertas que protegen la entrada al templo de San Diego, en el jardín de La Unión; la iglesia formaba parte del antiguo convento de San Diego, que fue arruinado por la pavorosa inundación que sufrió la ciudad en junio de 1760. Hoy, reconstruido solo el templo, su fachada es la original fielmente restaurada, con líneas y composiciones de gran refinamiento y equilibrio en los perfiles quebrados y exuberantes, que hacen de la portada una de las más importantes piezas conservadas del arte barroco mexicano.

Fray Juan de Dios dice que en Guanajuato se encuentran algunos de los más bellos templos llamados “mineros”, por estar construidos en las “bocas” de entrada de la Tierra, “como la iglesia de La Valenciana, levantada en esa mina por don Antonio de Obregón y Alcocer, primer conde de Valenciana; el templo está dedicado a San Cayetano”. Y agrega Fray Juan que esta iglesia data del siglo XVIII “y es digna del cielo por su belleza, por sus proporciones perfectas. Como un trabajo de orfebre, en sus fachadas resalta toda la vida de la piedra. En el interior, en sus retablos de filigranas la madera luce enmarcada en oro espléndidamente”.

San Cayetano de La Valenciana es un templo suntuoso por excelencia, muy ornamentado y de costo incalculable hoy día; en principio el dibujo pétreo de la portada mayor es de los más delicados que se conservan en México. Integra el fastuoso conjunto una rizada cornisa multilínea y estípites, inmensas hornacinas y balcones en las torres (solo una tiene campanario); en la puerta lateral se ven imágenes de santos y figurillas de animalitos entre flores, plantas y follaje indescifrable. El interior suma gran exuberancia: pilastros, arcos y bóvedas se muestran ricamente decorados, aunque toda esa mampostería tallada, única, siendo excepcional, es poca cosa frente a los tres altares churrigurescos de su única nave; los retablos conforman formas difíciles de contar, perfectamente conservadas y todas elevándose a lo alto. El Mayor, como se espera, está ofrendado a San Cayetano; el lateral izquierdo a la Virgen de Guadalupe; el lateral derecho a la Asunción de María. Todos magníficos en sus oros que refulgen; se ven multitudes de ángeles, ninfas, santos y pastorcillos, todos cuidadosamente estofados con vida propia, vida extrañamente inspirada la del artesano que, en siglos, rescató estas escenas; en verdad forman unos de los más bellos conjuntos que se pueden apreciar del arte eclesiástico en la arquitectura americana. Las capillas interiores que no se deben dejar de ver, conservan delicadas esculturas, incluso una delicada figura en bulto de la Purísima, de franco origen asiático. También orientales se ven diversas formas como su maravilloso púlpito bañado en carey y marfil; la pila bautismal es de alabastro y, como presente de Oriente, es otra joya importada a América durante la época virreinal. San Cayetano de La Valenciana es una de las construcciones que instaron a la UNESCO a nombrar a Guanajuato Patrimonio Cultural de la Humanidad; es que no es posible apreciar en otro sitio obra igual.

En la ciudad existieron otras iglesias levantadas en “boca” de mina, de las que hoy es posible solo apreciar sus ruinas, como la de Cata cuya portada corresponde a la mejor época barroca, el citado churriguresco de buena ley; con gran influencia indígena, las figuras talladas presentan una gran vivacidad, causando efecto inusitado. En lo que queda de la iglesia de Cata se venera una muy antigua imagen: la del señor de Villaseca, traída a Guanajuato en 1618, y que, según la tradición popular es “sumamente milagroso”, lo que se aprecia en la infinidad de placas en que están escritos otros tantos testimonios de los fieles servidos. Otro templo minero; el de Rayas, también cayó en ruinas quedando de testimonio solo su portada, muy bella, con estípites angostos y un exótico arco mixtilíneo; adorna actualmente la fachada de la iglesia del Pardo. Otra portada, magnífica, y que se encontró en lo que fue la iglesia de Marfil de la mina del mismo nombre, se conserva en el patio de la Universidad de Guanajuato, al final de una espectacular escalera de imponente presencia: testigo mudo del tiempo perdido.

El visitante que llega a la ciudad siempre penetra sigiloso por sus callejones, tenso de sorpresa por lo que va descubriendo en la construcción civil que lo recibe. Zaguanes de viejas casonas y palacios olvidados, calles de adoquín antiguo y piedra van envolviendo todo el pueblo como dijimos: en un laberinto inacabable. Solo rozar la historia de uno de sus edificios -la mítica Alhóndiga de Granaditas- nos llevaría un libro entero, porque se debe saber que Guanajuato en sí, como ciudad levantada por mano de hombre entre aguaceros y soles intranquilos, es una obra de arte.

En Guanajuato, además de sus iglesias, conventos y enormes casas, se pueden apreciar obras de carácter municipal de enorme interés, entre las que hay que señalar la gran Presa de la Olla, construida en 1749, y alrededor de la cual hoy se pueden ver bellas mansiones en medio de soberbios jardines multicolores. Es necesario mencionar su cementerio civil, construido a comienzos del siglo XIX, para reemplazar al de San Sebastián, que data de 1782 y hoy yace semi abandonado. El Civil goza de gran fama entre los camposantos de México por sus tumbas de próceres y por un hecho extraordinario que allí sucede: la composición del suelo (arsénico básicamente) conserva los cadáveres momificados; las autoridades al percatarse del hecho, decidieron construir una enorme cripta a un costado del cementerio mismo para mostrar el hecho al público, lo que hace de este un verdadero museo de la muerte visitado por quien va a la ciudad. En el personal cuando fui a ver las célebres momias de Guanajuato salí impresionado por las horribles facciones desesperadas que tienen marcadas en los restos de rostro, algunos en perfecto estado, y me parece dudoso que cualquiera que vea el espectáculo no se impacte: es una experiencia única ver estos restos de la muerte.

La obra pública más notable de la ciudad es también el sitio más importante de su historia: la Alhóndiga de Granaditas, realizada por el Ayuntamiento entre los años 1798 y 1809. Es un edificio enorme de grandes paredes, situado al pie del Cerro del Cuarto, cerca del río de Cata; las paredes de la Alhóndiga tienen unos setenta metros de altura en sus lados mayores, con forma de paralelogramo que parece más castillo que troje: para lo que fue construido. Hoy sirve de conglomerado artístico, especialmente museo regional con espaciosos cuartos y oficinas; en la década de 1980, en una de estas espaciosas salas me recibe la directora entonces del sitio, Claudia Canales. La licenciada Canales me contó sobre la historia de la Alhóndiga de Granaditas: 

-"Luego de la enorme hambre que sufrió el país a fines del siglo XVIII 

-dice ella-, les pareció oportuno a las autoridades locales construir un depósito de maíz lo suficientemente grande como para evitar que Guanajuato sufriera otra calamidad igual. En esa época el virreinato de la Nueva España se dividía en doce provincias llamadas intendencias, y la de Guanajuato, desde 1792, era gobernada por don Antonio de Riaño, quien posiblemente fue quien dirigió el plan de crear un lugar donde se pudieran conservar abundantes provisiones de maíz. Los planos de la Alhóndiga, obra del arquitecto Alejandro Durán y Villaseñor, fueron revisados y modificados por los profesores de la Academia de San Carlos de la Ciudad de México, que, siendo una escuela de Bellas Artes (como sigue siendo en la actualidad) había impuesto el estilo afrancesado neoclásico, y así se hizo este edificio, a la moda de entonces, aunque se construyó con tal lujo que de humilde troje pasó a ser un verdadero palacio para guardar maíz”.

La arquitectura civil de México es la más espléndida de América, y se dice que la Alhóndiga de Guanajuato es uno de los edificios públicos más bellos del país. Sus puertas se abren al Oriente y al Norte, ambas con columnas y entablamientos toscanos; el gran patio interior se eleva en un pórtico de dos pisos: el bajo de orden toscano y dórico el alto, es en verdad una especial realización, bella, aunque no es la importancia artística del edificio lo que ha cimentado su fama, sino la debe a los importantes acontecimientos en que fue protagonista dentro de la historia de México. He conversado con el profesor Mateo Salinas, nacido en Guanajuato y uno de los cronistas, quien habla “con fechas porque la gente suele olvidarlas”.

-"El 16 de septiembre de 1810 -dice el cronista Salinas- en la localidad cercana de Dolores, el cura Miguel Hidalgo, que es algo así como nuestra gran sombra histórica, secundado por tres capitanes del regimiento de Dragones de la reina, Ignacio de Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo, en el atrio de la iglesia proclamó la independencia de México. El eco del instante, que nuestra historia recuerda como “el grito de Dolores” quebró la calma acostumbrada en las ciudades coloniales del país, y como en todas las poblaciones, puso en movimiento a las autoridades españolas de Guanajuato. Y cuando el entonces Intendente Riaño anunció su firme propósito de defender la plaza confiada a él, advirtiendo que la mayoría del pueblo simpatizaba con los insurgentes, ordenó reducir el espacio de sus fortificaciones a la hacía poco, entonces, terminada Alhóndiga de Granaditas y sus alrededores inmediatos. Quizás estimó Riaño que ese era el mejor lugar para la defensa... pero desamparó la ciudad al no considerar que la pequeña altura que domina Granaditas, si bien resguarda la entrada principal de Guanajuato, a su vez está dominada por el Cerro del Cuarto. Así, ordenó trasladar al edificio a las tropas y a quienes le seguían, los caudales reales y municipales, los archivos de la Intendencia y del Ayuntamiento, víveres y grandes cantidades de municiones; se refugiaron también todos los civiles españoles y muchos criollos acomodados con sus tesoros, convirtiendo a la Alhóndiga, tapiada con adobe su puerta oriental, en una verdadera bóveda que custodiaba valores insospechados. Nuestra historia estipula que Riaño se daba perfecta cuenta de su difícil situación, esperando resolverla más que con sus recursos, suficientes solo para un corto tiempo, con la llegada de las tropas solicitadas al Virrey, que debían llegar a Guanajuato en los próximos días. Pero no recibiría auxilio, estaba abandonado a su suerte.”
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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