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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

Segundo encuentro

Bajo el volcán

He visitado a Huston en Cuernavaca, en la misma casa en que el escritor Malcolm Lowry vivió sus últimos días, donde el director de cine tiene una de las locaciones de "Bajo el volcán", su última cinta. En un camino aledaño, franqueado por una quebrada verde, Albert Finney iba y venía memorizando sus parlamentos; en otro lugar de la estancia, al aire libre por el calor que estaba sofocante, protegida por una sombrilla y vestida informalmente, estaba Jacqueline Bisset, bellísima, sin dejar de reír por algo que le narraba Emilio Fernández.

Nuestro Emilio "el Indio" Fernández es un punto y aparte. A su profesionalismo une siempre una actitud de lo más cordial con quien sea: tiene siempre abierta su hermosa casa en Coyoacán para que sirva de marco a cuanta presentación le sea requerida por los artistas que no tienen para pagar una galería de arte o una sala de teatro. A su manera él siempre ha sido un mecenas. Así, había conversado con él otras veces en su casa, donde su hija Adela hace de excelente anfitriona. Ahora, el mismo Indio Fernández ha sido el nexo para saludar a Huston: se hicieron amigos en 1925, cuando éste visitó México por primera vez, donde acabará volviendo siempre. El Indio le enseñó las peleas de gallo, los toros, el mezcal, la tequila, las apuestas más descabelladas, el amor por los caballos y el arte precolombino; juntos se alistaron en el cuerpo de la caballería mexicana, logrando sobrevivir a pesar de la atracción mutua por practicar una variante local del juego de la "ruleta rusa". Fueron desmovilizados en 1927, manteniendo una sólida amistad hasta ahora.

Como es usual en todas las cintas que filma Huston, en las locaciones de "Bajo el volcán" hay completa libertad de acceso para la prensa, con la que siempre mantuvo excelente relación desde que fue defendido por todos los medios de su país, en 1951, época en que se le quiso impedir que rodara "La roja insignia del valor". Cuando Huston concede una entrevista, nunca nadie de su equipo lo interrumpe: él recibe individualmente y concede su tiempo sin enseñar el más mínimo apuro. Cuando una pregunta no le interesa, la responde con un monosílabo y él mismo cambia el tema. En todo caso, dudosamente se niega a conversar con quien lo desee conocer. Esta disposición, entonces, más la intervención del Indio, ha hecho posible que me reciba en uno de los espacios interiores de la casa; yo imagino que ni debe recordar que lo visité dos años antes en Puerto Vallarta, pero, recuerda perfectamente, me llama por mi nombre y su saludo es muy amistoso. Es verdad que Huston se desenvuelve normalmente con una majestad que a uno le rinde de inmediato, quizás si por eso le dicen también "el viejo león". A mi se me hace verdaderamente humilde, como son los grandes hombres. Le comento que la novela de Lowry es casi una visión apocalíptica de la vida. Y dice:

—Lo es en muchos aspectos, y es lo que me interesó para filmarla. Conocí a Lowry aquí mismo, en Cuernavaca. Antes de que él terminara la novela, que rescribió varias veces, a partir de un relato corto en que el cónsul Geoffrey Firmin hacía un penoso viaje en autobús por carreteras mexicanas. Lowry demoró más de diez años en terminar su novela, y debió hacer unas tres o cuatro versiones, hasta llegar a la definitiva. El guión no ha sido fácil lograrlo, y se habían hecho otros intentos por la belleza del libro; personalmente, debo haber recibido unos cincuenta guiones antes de aceptar éste de Guy Gallo. Lo trabajamos juntos, durante meses, en Puerto Vallarta. Hacer este film es concretar una antigua aspiración que tenía desde que leí la novela, y quizás antes, desde que conocí a Lowry, que era un maestro.

—¿Es una cinta de alto presupuesto?

—¡Oh, no! Es una aventura. Mis condiciones son abiertamente marginales. Trabajo rodeado de amigos, que aceptan cobrar muy por debajo de sus honorarios habituales. El productor, Michael Fitzgerald, me trajo la idea de Guy Gallo, y de inmediato supe que era la manera precisa de filmar "Bajo el volcán". A Margarie Bonner, viuda de Lowry, el encargado de conseguir los derechos de la novela, Wieland Schulz-Keil, le ha pagado 350.000 dólares por ellos; el gobierno de México ha aportado un millón y medio de dólares, y la Fox y Universal han completado cuatro millones, que es una cifra modestísima y el total con que contamos.

—Otra película suya filmada acá en México, "El tesoro de Sierra Madre", se dice que es su primera obra maestra...

—¿Oh, sí?. No lo sabía. ¿Quién lo dice?

—Por ejemplo, la Academia en Hollywood, que le dio por ella dos premios Oscar, por la dirección y el guión...

—Está bien. Y el actor Walter Huston, mi padre, también recibió un Oscar por su trabajo en el film. Más que por otra cosa, el haber trabajo en el film con mi padre es lo que hace de "The treasure..." una de mis cintas más queridas. Plantamos locación en las afueras de San José Purúa; luego nos adentramos en las montañas para filmar exteriores. No fue fácil encontrar el sitio más adecuado. Comenzamos trabajando en Tampico y las cosas fueron muy bien al principio, hasta que un día, cuando llegué a trabajar temprano en la mañana, esperando entrar directamente en el set y comenzar la filmación, me encontré a todo el equipo esperándome en la calle: supe que se nos impedía filmar a causa de un artículo publicado en el diario de Tampico, en que se decía que estábamos haciendo fotografías de la ciudad con el propósito de avergonzar a México.

—¿Se le ordenó que suspendiera la filmación?

—Así fue. Pero de inmediato se me acercaron otros periodistas de la ciudad objetando de manera enérgica las razones, diciendo que, en verdad, era que el editor de ese diario estaba acostumbrado a que la gente que llegaba le hiciera una visita y le pagara una "mordida", como se dice acá tan graciosamente. Yo no lo sabía, por lo tanto no pagué el soborno y él escribió ese artículo. Un amigo de Gobernación, Miguel Covarrubias, me habló por teléfono y dijo: "John, sé que nada de eso es verdad, pero cuéntame sobre ello". Y le conté. Entonces él y Diego Rivera, gran amigo mío, fueron con el Presidente y le explicaron cuál era la situación, y ya no hubo más problemas. De México estoy agradecido. Es un país al que mi padre también amaba.

—En "El tesoro de Sierra Madre" se dice la frase más famosa de un latino en USA: "Badges? We donït have to show you no stinking badge!" ("¿Credenciales?. ¡No tenemos que enseñarle ninguna apestosa credencial!"). Una frase famosa en su país.

—Así es. La dice Alfonso Bedoya casi al final de la trama. Y se hizo común en el lenguaje de protesta de los universitarios norteamericanos. Aunque yo soy nacionalizado irlandés. También he visto una obra de teatro chicana con ese título a partir de la cinta. La he visto en camisetas y calcomanías, sí que es famosa.

—¿Qué le inspiró de la narración de Bruno Traven para filmarla?

—Porque es una visión esencialmente optimista. Porque, si bien es la historia del fracaso de tres hombres buscadores de oro tras una veta, descubren que son capaces, a pesar de todo, pueden seguir siendo ellos mismos por encima de las dificultades.

—¿Es la interpretación de la carcajada final de Dobbs, el personaje que hace Humprey Bogart?

—La risa en el desenlace es la liberación del instinto y la expresión de su mayor triunfo: han perdido el oro pero han conquistado su propia estima. Es optimista porque es probable que seguirán buscando oro, que, aunque no lo encuentren, la nueva aventura afianzará su dignidad.

—Entonces, ¿podemos decir que "El tesoro de Sierra Madre" es la lucha de tres hombres por recuperar su identidad?

—Así es.

—¿También "Bajo el volcán" es la búsqueda de identidad del cónsul Geoffrey Firmin creado por Lowry?

—Así es. Pero la búsqueda del personaje de Lowry es un viaje interior, que fue lo que hacía de éste un guión muy difícil. Porque no se trata, en manera alguna, del drama de un alcohólico: es la heroica búsqueda de un individuo en tierra extraña y, sin embargo, sensible a lo nuevo que ve como si fuera algo conocido. A veces todos los lugares parecen ser uno mismo. Sin querer desestimar las claves propias de cada sitio, por supuesto.

—De esta obra de Lowry, ¿qué le entusiasmó primero?

—Creo que el tema. Es un tema maravilloso. Es la historia de un hombre en búsqueda de su verdad, enfrentado a un mundo que lo sitia, que pretende imponer reglas y costumbres que no lo hacen feliz. Es la historia de un hombre oprimido, pero que, en verdad, hace lo que quiere. Siendo cónsul está fuera de la ley.

—¿Cuál es su mirada al respecto?

—Diré que es más ética que moralista, más vital que reflexiva.

—La novela es algo esotérica, ¿le parece?

—¡Oh, sí! Yo también creo que es algo esotérica. Me pregunto si Dios, cuando terminó su creación, habrá tomado unas copas para celebrar...
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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