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Antropología e Historia de México

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Susurros de México

Entrevista (segunda parte)

—¿Ve usted cine latinoamericano?

—¡Oh sí! Y me interesa mucho. No olvides que soy mexicano, nacido en el estado de Chihuahua y en plena revolución mexicana.

—¿A qué cree usted que se deba que el cine latinoamericano no tenga una suficiente penetración internacional?

—Pienso que existe muy poca autocrítica en el cine de nuestro continente. Uno de los aciertos que ha tenido el cine que se hace en Hollywood, es que ha existido un constante análisis de sus aciertos y errores; se ha ubicado en su lugar gracias a una constante autocrítica. Desde su repercusión como fenómeno social hasta la técnica misma que utiliza. Por ejemplo, te puedo citar a Robert Redford, que luego de desenvolverse en forma más bien comercial, se ubica hoy como realizador de películas como "Gente como uno", en que hace una seria crítica de la política norteamericana. Alrededor de Redford se ha creado un fuerte movimiento de apoyo al cine latino, lo que me parece es positivo para el cine en general.

—¿A qué se debe que usted ha filmado tan poco en Latinoamérica?

—Es una pregunta para la cual quisiera tener una respuesta precisa. No ha sido por falta de deseo, pues siempre he querido trabajar más con los míos, pero no recibo propuestas; es muy raro que me ofrezcan algo. Extrañamente, en mi carrera de actor han sido muy pocos los guiones que me han enviado compañías latinoamericanas, y no sé a qué atribuirlo.

—¿Será debido a que sus honorarios son muy altos?

—¡Oh no! No es esa una razón, porque si algo me gusta de verdad, incluso puedo producir la película o buscar quien lo haga.

—¿Cuál puede ser la causa?

—Siendo mexicano siempre he esperado guiones de México, de directores latinoamericanos, pero no llegan. Supongo que mi tipo es muy común en nuestros países, entonces no soy cotizable. En Estados Unidos tuve que salvar muchos obstáculos para convencer que podía interpretar roles que no necesariamente fueran de latinos. Al comienzo decían los directores que mi cara no calzaba, que tenían que cambiarle el nombre y la nacionalidad al personaje porque no estaba nunca de acuerdo con mi cara. Tuve que trabajar en Europa, hacer de griego, de turco, de italiano, de francés, de estadunidense, mexicano, árabe, polaco, filipino, español, indio, chino, árabe... en fin, tuve que demostrar que un actor es mucho más que su cara. Aún así, de Latinoamérica no me ofrecen normalmente guiones. Los productores latinoamericanos no recuerdan que existo. Nací en México y como tal formo parte de la comunidad latina, aunque lo olviden. Ciertamente es algo que no entiendo.

—¿Lo último que hizo para el cine latino fue "Los hijos de Sánchez"?

—Así es, y fue una co-producción. El guión estaba basado en un libro de Oscar 

pareció un guión importante.

—¿Quedó satisfecho con el resultado?

—No, de ninguna manera. Desgraciadamente la mutilaron tanto que no resultó nada de lo que yo esperaba. Pienso que la versión que se exhibió en Europa, no tan mutilada, es muy superior a la que se conoció en otras partes. Aún así, te debo decir que mi interés por el cine latinoamericano permanece intacto.

Insiste en que, antes que nada, él es mexicano, "y como tal, formo parte del espíritu que mueve a los latinos, algo que siempre preciso en forma terminante donde sea que estoy. ¿Cómo podría ser de otra manera? El nacer en uno de los lugares más castigados y deseados por los intereses revolucionarios de aquellos tiempos, a mi familia y a mí, al igual que a muchas otra familias, la Revolución nos arrojó a Estados Unidos, a emprender otra lucha, en otro ambiente y entre otras gentes, pero soy mexicano, formo parte de la comunidad latinoamericana y siempre lo he expresado así". Le pregunto qué saldo positivo le ha dejado vivir en un país en que no nació, y responde:

—Me dejó un gran arrojo, un gran espíritu de lucha, una fuerte entereza. Mi adolescencia en los Estados Unidos no fue fácil; piensa que a los 16 años trabajaba de "sparring partner" de Primo Carnera, un boxeador de esos tiempos; o sea, que también debí dejarme pegar...

—¿Fueron difíciles sus inicios como actor?

—Creo que estaba aterrorizado, pero necesitaba comer; el hambre hizo que me nacieran grandes inquietudes para alcanzar el triunfo. Poco a poco hice mis primeras incursiones fílmicas, hasta contar con el apoyo de algunos productores que creyeron en mí, como Cecil B. de Mille. Claro que una vez que me decidí, nunca he dejado de trabajar hasta ahora¿.

Durante la charla, Quinn se muestra amable y bromista. Cuando le pregunto si pensó alguna vez en retirarse, responde riendo: "Oh sí. Siempre, pero mi familia no me deja. Dicen que aún no tengo suficiente dinero en el banco". Asegura que no es millonario porque en Estados Unidos debe pagar en impuestos el 60 o 70 por ciento de lo que gana: "Además pago impuestos en Italia, porque como mi mujer es italiana, mantengo en Roma otro hogar". Sin embargo, dice que no le importa perder tanto dinero en impuestos: ¿Lo único que me importa es no perder la fuerza para trabajar¿. Le pregunto qué proyecto de filmación tiene actualmente:

—Tengo algunas proposiciones, siempre las tengo, pero aún no he decidido qué aceptaré. Hay un proyecto para hacer una película inspirada en la vida del escritor Honoré de Balzac. Y me han propuesto actuar y dirijir otra sobre la vida de Ernest Hemingway. En ambos casos estoy estudiando el guión. Aunque entre proyecto y proyecto me doy tiempo para hacer otras cosas que me gustan, como mi trabajo plástico, que es algo que me tiene muy entusiasmado.

—Se ha dicho un tiempo que pensaba dedicarse a la política...

—No me interesa realmente la política como ejercicio de vida. Cuando fue presidente John F. Kennedy me ofreció ser embajador de Estados Unidos en Cuba. Le pregunté si podría declarar todas las cosas que quisiera... y todo quedó en el proyecto.

—Usted se ha declarado contrario a los gobiernos totalitarios.

—Eso sí. Y explicarlo es innecesario, basta mirar los noticieros. Hubo una época, hacia 1936, cuando estuve decidido a irme a combatir contra las fuerzas de Francisco Franco, pero por problemas de pasaporte no hice el viaje. Pienso que la Segunda Guerra Mundial se fraguó en España, y es un tema con el cual se podría hacer una buena película.

—¿Qué le parece la situación política actual de Latinoamérica?

—Me parece que es un caos. Pero también creo que del desorden viene el orden, porque es frecuente en la vida que luego del caos venga la calma. Ahora, ven y sígueme, ¡están listos los sopes que vamos a probar! Y mejor no hablemos de política porque estas gentes son las menos confiables que existen, yo creo que los políticos son todos unos mentirosos. ¿Te gusta el queso blanco? Aquí en México es exquisito, y combinado con lechuga fresca es padrísimo, te gustará. 

—Gracias señor.
 
Autor: Waldemar Verdugo Fuentes

 

 

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