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Ojos que no ven - Proyecto de
Francisco Mata Rosas

• El mar de los ojos (Laura González Flores)



El mar de los ojos
Laura González Flores



Adolfo, si en tus ojos o en los míos
Anda la luz buscándome, te ruego
que escondas en la sombra de tu fuego
las soledades de nuestros navíos.

Carlos Pellicer

En un soneto que compone a la muerte de Adolfo Best Maugard, Carlos Pellicer habla de la mirada en un sentido inverso al habitual: como sugiere el primer cuarteto, no son el pintor o el poeta los que buscan a la luz (la inspiración, la lucidez), sino ésta la que los busca a ellos para manifestarse. Las fuentes de la creación artística —los rincones ocultos de la pasión, la solapada pulsión melancólica— han de revelarse por una voluntad expresa del artista y no por efecto de una fuerza externa.

Es en ese “mar de los ojos” que describe Pellicer donde surgen los “plantíos de peces luminosos” que iluminan las sombras: no es la mirada activa —la de los ojos abiertos—, sino la de los ojos cerrados, la que constituye el motor y el estímulo de la creación. Pellicer parece seguir a Platón al sugerir que no son las formas que se presentan a nuestros ojos las que nos permiten acceder al verdadero entendimiento de las cosas. Como las sombras engañosas que veían los prisioneros de la caverna platónica, lo que vemos con los ojos puede deslumbrarnos o producir alucinaciones: en pocas palabras, podemos literalmente ver fantasmas (phantasmata, en griego, es uno de los muchos términos para “imagen”).

Son las imágenes mentales —las que “vemos” con los ojos cerrados—, las que nos conectan verdaderamente con las cosas. En su poema, Pellicer describe cómo Best Maugard, al pintar “miradas que no ha visto”, tiene la capacidad de iluminar lo imprevisto, es decir, de imprimir su visión, su huella de artista, en lo visto. No es del exterior hacia el interior como se gesta la imagen artística: es a través de una contemplación virtuosa y especial que el creador construye la propuesta estética propia de cada una de sus obras.

Mientras que la creación subjetiva se asocia naturalmente a los géneros artísticos que menciona Pellicer en su soneto, la pintura y la poesía, su vinculación con la fotografía resulta extraña: al estar generadas sus imágenes por mediación de una máquina, la fotografía se relaciona con una producción de imágenes mecánica e industrial, pero no con la expresión subjetiva. Otro factor problemático de la consideración subjetiva de la fotografía es su alto carácter mimético, (su elevado “realismo”, según el léxico común), que parece desprenderse de la realidad fotografiada y no de un gesto propio del fotógrafo.

De aquí el valor de la serie Ojos que no ven de Francisco Mata. Lejos de reiterar el valor de la tecnología fotográfica como una imagen veraz y verosímil (i.e. real y realista, “documental”), Mata enfatiza el lado humano de la fotografía. Lo que parece constatar con su serie es que es el hombre quien hace la foto y no la cámara. Al proponer una tesis irónica en torno a la visión del fotógrafo, Mata no sólo sigue a Platón, sino también a Descartes: las imágenes verdaderas no nos llegan a través de los sentidos, sino que se construyen en la mente. Platón desconfía de las rústicas proyecciones de la caverna y Descartes recela de los aparatos ópticos. ¿Cuál es el temor implícito en las fotos de Francisco Mata? ¿Será que él, como muchos fotógrafos que se iniciaron en la tradición analógica de la fotografía (y que son los sujetos de sus retratos) , duda de la capacidad significativa de ésta en la época digital? ¿O que en su trabajo actual Mata se aleja de la fotografía más directa para acercarse a la fotografía construida?

Si vemos con cuidado sus imágenes, constataremos que ninguna de las anteriores cuestiones definen, por sí mismas, la intención de Ojos que no ven. En esta serie, como en el poema de Pellicer, el interés del autor reside en construir un argumento en torno a la mirada como algo que no es la vista directa. La búsqueda de Mata, en este conjunto de bellos, extraños y muy personales retratos, es hacer un reclamo a favor del papel significante --y significativo—del gesto poético en la fotografía. Porque la fotografía puede ser, a un tiempo, documento y/o creación.

La hipótesis que desarrolla Mata en Ojos que no ven es que hay otros factores de construcción de la imagen fotográfica además de la cámara y la visión directa. La fotografía no sólo es la huella de la vista (el “esto ha sido” de Barthes”), sino la elaboración de la memoria, la construcción de discursos imaginarios y la materialización de sueños. De ahí que los fotógrafos retratados parezcan estar recordando, imaginando o soñando. Más allá de registrar la imagen de la realidad material, los fotógrafos impregnan lo visto con afecto. Es ahí donde la serie de Mata conecta con el poema de Pellicer: como la pintura, el poema o la sonata, en sus imágenes hay ritmos, cadencias, acentos y silencios.

Los ojos cerrados de los fotógrafos sí ven, pero de otra manera: lo hacen mediante la memoria, la imaginación o el sueño, construyendo múltiples puentes entre lo visible y lo sensible, entre las partes y el todo, entre las formas y sus significados a que éstas hacen referencia. Vistos y representados por Francisco Mata, los ojos cerrados de los fotógrafos se convierten en una fuente inagotable de poesía.

Laura González Flores
IIE – UNAM

 

 

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