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Ojos que no ven - Proyecto de
Francisco Mata Rosas

• Ojos que no ven (Alejandra Osorio)

 

Ojos que no ven
Alejandra Osorio



La función del retrato pictórico, tal como la describe John Berger, era de “subrayar o idealizar un determinado papel social del retratado,” no en su función de “individuo” sino al individuo en cuanto rey, terrateniente, obispo, comerciante (24). El retrato fotográfico vendrá entonces a registrar el momento de la afirmación del individuo en tanto sujeto y autor de su destino. Aun en este contexto el retrato tiene una función indicativa de clases sociales, gustos, funciones, quehaceres cotidianos y sociales. Vemos a las señoritas de una casa retratadas alrededor de una madre, a un caballero leyendo un libro, a una familia en las escaleras de una casa pobre o rica. Son comunes también los retratos de hombres y mujeres ejerciendo sus oficios con sus herramientas de trabajo. ¿Qué pasa cuando un retrato ha sido despojado de toda indicación? ¿Qué pasa cuando el retrato es sobre fotógrafos sin cámaras, sin escenografías y con los ojos cerrados? ¿Dónde queda la función del retrato como registro?

Los ojos cerrados, los ojos rojos, los fuera de foco, la sobre exposición, son parte de los errores a evitar que forman parte de cualquier manual básico de fotografía. Tales reglas han sido establecidas por sus profesionales y por su industria de manera histórica desde la aparición de la fotografía. Sin embargo, estos errores fotográficos ciertamente dependen del lugar de donde provenga la interpretación: “así una misma imagen puede parecerle fallida a un aficionado, irrecuperable a un profesional, pero ser interesante para un artista (Clément Chéroux, 47). En una primera aproximación al proyecto Ojos que no ven, las imágenes parecieran pertenecer a esta estética fallida basada en la recurrencia de uno o varios errores fotográficos, sin embargo rápidamente nos percatamos que más bien Francisco Mata busca aquello que Chéroux llama la transfiguración del error: imágenes que deliberadamente no responden a la norma establecida; es más, que procuran una estética en el performance. No son los ojos cerrados de la risa, del sueño, del rezo, del beso, del descanso o de la satisfacción, no es el error del pestañeo sino un acto deliberado y constituyente del proyecto. Ahora bien, no se trata simplemente de personas fotografiadas con los ojos cerrados sino de destacados fotógrafos mexicanos. Fotógrafos que no ven.

Ernesto Peñaloza comenta que en el acto de retratar confluyen dos voluntades y dos fuerzas contingentes, el deseo del fotógrafo y el deseo del retratado: “el retratado posee una expectativa de aparecer de determinada manera, resaltando o idealizando sus características propias. El fotógrafo puede tener una idea totalmente opuesta, contradictoria. Del resultado de esa confrontación, de ese encuentro, surgirá la imagen; el asunto se complica maravillosamente cuando el fotografiado es, a la vez, fotógrafo” Martin Schoeller y Pluton, dos de los fotógrafos retratistas contemporáneos más influyentes, admiten que les costó mucho poder liberarse de la expectativa inherente de todo retratado con su retrato. En el caso de Mata estos retratos parecieran no dirigirse por la condescendencia con sus pares, a los cuales ha colocado en una situación por demás compleja. El gran formato, la dura iluminación y el encuadre no están pensados para complacer sino para cuestionar su singularidad una vez que han sido despojados del sentido del cual pende su identidad. Los ojos de un fotógrafo son aquellos que anticipan movimientos, que radicalmente segmentan y amplían todos los campos de visión, ¿es ahí donde se aloja el fotógrafo? Para contestar esto pienso en los ojos vendados de los fusilados frente al pelotón, donde tapar los ojos era un requisito doble, tanto para que el que fusilaba no viera la humanidad del fusilado, tanto para que el fusilado no supiera la cara de su ejecutor. Es bien sabida la analogía que Susan Sontag desarrolló: disparar una cámara como si fuera un arma. Entonces pienso que ciertamente Mata se convierte, con este gesto de cerrarle los ojos a sus pares, en el único fotógrafo entre fotógrafos, pero no por ser el único con los ojos abiertos, sino como platea Barthes, por la libertad de su dedo: “el órgano del fotógrafo no es el ojo (que me aterra), es el dedo: lo que va ligado al disparador del objetivo (Barthes, 48). Llevando esta reflexión aun más allá, pesaría que es el único fotógrafo por su pulso; aquella coordinación entre ojo y dedo antes de disparar.

Ahora bien, podemos asumir una democracia en las circunstancias; todos han sido retratados bajo la misma técnica y con la misma petición, pero no es ahí donde surge el retrato, sino mas bien, como diría Barthes, en el momento en que el sujeto deviene objeto, o como diría Richard Avendon en el instante en que “alguien que sabe que está siendo fotografiado forma parte de la foto tanto como lo que lleva puesto o la manera en que se ve. Está involucrado en lo que está pasando, y tiene un cierto poder real sobre el resultado.” Todo retrato, principalmente el de estudio, sujeta una pose. Es interesante notar entonces el modo en que cada fotógrafo resolvió, a través de su pose, el requerimiento de una ceguera momentánea, conformando así la individualidad de cada retrato. Están los párpados forzados de unos ojos que se negaban a cerrar, están los párpados que plácidamente guardan sus ojos, están los párpados mecánicos de un cierre que no es ni meditación ni placer sino puro trámite, están los párpados que descansan con la ceguera, están los párpados cerrados que casi parecen abiertos. Pero también están todos aquellos gestos que se forman con la expresión de las manos o de la boca y las particularidades que inferimos de detalles inútiles, donde conocemos a los fotógrafos no a través de sus fotografías, sino a través de su afición a tal o cual lápiz labial, a las marcas de nicotina en las comisuras de sus labios, a las camisas de cuadros, a la misma pluma en el mismo bolsillo, a los aretes hippies, a los sombreros, a los rebosos, a las guayaberas o a las camisas de playa. Están también los lentes, ¿qué función podrían tener los lentes en un retrato con los ojos cerrados?

En un término que pudiera parecer retórico para la fotografía, comparecemos a un super-realismo. En tiempos del retoque digital, del photoshop, de los filtros, de la retórica de la imagen para la seducción, Mata nos presentan fotografías super-realistas donde vemos al sujeto incluso más allá del conocimiento que cada uno de ellos tiene de su imagen. Imágenes tan infamiliares como una fotografía de sus espaldas. Este modo de representación nos orilla (cómoda e incómodamente) a una intimidad. Nos acercamos a los retratados a una distancia propia de un amigo o un amante y a esta distancia emergen una multiplicidad de detalles desconocidos incluso para el retratado.

El rostro constituye el fundamento de la individualidad y el ojo, el fundamento del rostro. ¿Qué es esa dialéctica que intenta interrumpir Mata con este acto del retrato? ¿La mirada que lo mira al disparar? ¿El retrato que retrata la negación de sí mismo?

• Avendon, Richard. “Unas palabras sobre el retrato”, en Luna Cornea, n. 3, México,1993.
• Barthes, Roland. La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1990.
• Berger, John. Sobre la propiedades del retrato fotográfico, Editorial Gustavo Gilli, Barcelona, 2007.
• Chéroux, Clément. Breve historia del error fotográfico, Almadía, CNA, UNAM, México D.F, 2009.
• Peñaloza, Eduardo. “Del árbol genealógico”, en Revista Punto de Partida, n. 145. UNAM, México.

Alejandra Osorio

 

 

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