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Lorena Mata Espacios Internos

Sala 1


Espacios
Foto: Lorena Mata
 

Lorena Mata estudió la carrera de arquitectura en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Es maestra en Artes Visuales desde 1994, habiendo cursado el posgrado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Ha realizado numerosos cursos de actualización en las áreas de pintura, fotografía, y didáctica. Ha participado en múltiples exposiciones de pintura, fotografía e imagen digital. En 1986 la UNAM le otorgó la medalla Gabino Barreda. En 1994 obtuvo uno de los premios en el Encuentro Nacional de Arte Joven. Actualmente se dedica a la actividad artística y desarrolla obra en el campo de la imagen digital. Desde 1990 es catedrática de la UNAM en la Facultad de Arquitectura.

 


Composición
Foto: Lorena Mata
 

Tierra de aluvión

Así como nunca nos bañamos en el mismo río, el río jamás nos devuelve el mismo cuerpo. Su torrente nos envuelve, nos transforma con el barro que arrastra, con la inmensa diversidad de lo que lleva hacia un destino incierto, con la memoria de lo que fue y ha sido erosionado, de lo que hoy sepulto vive con la vestidura de otros sedimentos. Así, la fuerza de la luz que atraviesa la exposición de Lorena Mata Tierra de aluvión nos sumerge en un turbulento flujo de imágenes. Por un instante somos una pequeña rama veloz a la deriva, un grano de arena atónito en un remolino, un canto rodado que pesaroso y castañeteando asume su incierta fuga. 

 


Casa Ambulante
Foto: Lorena Mata
 

Y llegaremos por ríos de tinta y playas de texturas al lugar de los objetos perdidos que nunca asumen su verdad y su realidad. Porque todo es uno en la tierra de aluvión pero el uno nunca se define. Sólo está el presente y la fertilidad ilimitada de su travesía. “El mundo nos ha sido dado en préstamo”, decía el profeta, y para descifrarlo códices, pictografías, infografías y otras formas en que el entramado de la existencia se hace y se deshace con su precariedad nos acompañan. La memoria es el pastiche, pero el pastiche es también la memoria. Si hay algo que está ausente del discurso pictórico de Lorena Mata es la pureza, material y tecnológica, porque la pureza es incompatible con la naturaleza humana, con su cuerpo y su psique. Los sueños son impuros, así como la existencia. Una tierra de aluvión es un producto de un desgaste en que el tiempo se da cita con el tiempo, pero también es el lugar del comienzo, el lugar en que la fertilidad reina. Y su curso es lo nuestro. Y lo nuestro es lo de todos. Ir y volver, sin bañarnos en el mismo río.



María Silvia González

 


Anima
Foto: Lorena Mata
 

En el ámbito de las artes visuales las tendencias abstractas son, a la vez, tradición y riesgo. Con ellas la superficie pictórica se convierte en un terreno que abre posibilidades infinitas a la materia, al gesto, a la síntesis y a la interpretación, en primer término -de su creador- quien la asume como un proceso y un reto: como una experiencia vital con validez y sentido propio, y no meramente como una técnica supeditada a una intención estética. La corrientes abstractas son incertidumbre, y a la vez, puerto para metáforas personales al tiempo que universales. La obra de Lorena Mata, si bien se construye a partir de registros figurativos, se acerca cada vez más al ámbito de la abstracción. 

 


Cita en un espacio de mi memoria
Foto: Lorena Mata
 

Lorena Mata comenzó a hacer pintura hace poco más de quince años y pronto encontró su oriente, primero bajo la tutela de la fotógrafa húngaro-mexicana Kati Horna, con quien se adentró en el espíritu surrealista y en las técnicas del fotomontaje, y después con Gilberto Aceves Navarro, extraordinario artista y maestro de varias generaciones, con quien se ha avocado a la pintura, a la observación y a la experimentación, anteponiendo la libertad expresiva como valor irrenunciable. Poco a poco ha construido una propuesta plástica cuya estructura narrativa, en un principio abiertamente figurativa, ha dado paso a lenguajes pictóricos cada vez más complejos y a superficies más densamente cargadas de materia, lo que obliga al espectador a interactuar con la obra, a moverse y a mirarla desde varias perspectivas para poder apreciarla.

 


Altarcito
Foto: Lorena Mata
 

Por ello, el título de la presente exposición –me parece– no es casual. Las tierras de aluvión son los sedimentos arrastrados por las lluvias o las corrientes. Son depósitos formados rápido, con la violencia de los aguaceros torrenciales, o lentamente, en siglos, en milenios, por el efecto constante de las aguas de los ríos. Por lo mismo, son ricos en materiales orgánicos como los fósiles, en minerales y en cualquier cosa que se haya dejado arrastrar. Así Lorena Mata, a la manera del arqueólogo, rasca obsesivamente y excava en el plano pictórico para revelarnos sus secretos, y extrae, como de la entraña de la tierra, un lenguaje que alude al origen, al principio de las cosas: personajes y objetos cuyos contornos se confunden con la materia que los contiene, como guijarros apenas visibles en el limo que los protege, y emergen hacia la superficie de la tela para poblar paraísos primigenios. Al mismo tiempo, en su febril exploración, la artista releva sus propias raíces en el quehacer plástico. Cada obra se convierte entonces en una especie de palimpsesto del que surgen códigos simbólicos personales, decantados entre afectos, guiños memoriosos (reconocemos las huellas de Gilberto y Kati, de Jean Dubuffet, del Art Brut, del expresionismo e, incluso, del graffiti) y la extraordinaria mirada de la artista que, sin soslayar la agobiante tradición e historia del género pictórico -ha habido quienes han decretado su muerte- ha tenido la capacidad de renovarlo y hacerlo propio.

 


Abre tu Reja
Foto: Lorena Mata
 

En cada una de sus pinturas esta artista nos regala una muestra de talento, oficio y biografía personal que su lenguaje, en los lindes de una sutil abstracción, convierte en experiencia íntima para cada uno de quienes la miramos y admiramos. Este es uno de los secretos de la buena pintura: la posibilidad de hacerla nuestra para, con ella, sacudirnos, por ejemplo, del nihilismo imperante o de la sobresaturación de imágenes fáciles a las que la cultura de masas nos constriñe. La buena pintura, como es el caso de la de Lorena Mata, nos invita a «ver». Al hacernos conscientes de la responsabilidad y el gozo que implica mirar, la buena pintura refrenda su vigencia como medio de expresión.



Gabriela Eugenia López Torres

 

 

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