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Mónica Castillo

La Duplicidad que es un Rostro VI


La maleta, 1994
 
Parecerá una redundancia, pero lo particular de los rostros es requerir de parecido, demandar una imagen lo que Mónica Castillo llevó a cabo con sus autorretratos se encuentra cifrado en la comparación de éstas dos últimas obras separadas por cuatro años en el tiempo, Modelo para autorretrato II y representación y 56 Autorretratos. Tenemos un autorretrato que deja de serlo en cuanto confronta su propia replica. Luego una multitud de autorretratos a óleo que siguen manteniendo una relación uno a uno con su "modelo", a pesar de sus variaciones. Los retratos no parecen ser tan significativos por lo que nos dicen sobre su sujeto, como por mostrarnos que no se le puede separar de sus imágenes. Ninguna de ellas es él, ciertamente, pero él es en cuanto se valida por ellas. Ser sujeto es experimentar esa necesaria duplicidad que es un rostro. Emanuel Levinas argüía que lo peculiar de la imagen es la "semejanza". Sin embargo, lo que debemos entender por semejanza no es para nada obvio. La imagen es comúnmente asumida como si fuera transparente, como si nos dirigiera a un objeto, debido a su similitud con él. Pero -Levinas escribe- para que podamos hablar de "semejanza", el pensamiento debe hacerse cargo de la imagen misma, ha de reconocer en ella, junto con su transparencia, una opacidad. No se trata de ver a la imagen como si fuera una "realidad independiente que se asemeja a su original", si no que hagamos acuse de recibo del desdoblamiento que la similitud produce en todas las cosas y no sólo en aquellas que, convenientemente, colocamos en una clase especial de "representaciones". Levinas propone pensar que la realidad está ella preñada de una otredad que es la imagen. En otras palabras que admitamos que lo característico de lo sensible es una extrañeza que el conocimiento no puede someter su capacidad de parecerse a otra cosa sin causas ni conceptos que lo justifiquen.

. . . [Semejanza] no es el resultado de una comparación entre la imagen y el original, sino . . . el movimiento mismo que genera la imagen. La realidad no es tan sólo lo que es, lo que revela ser en verdad sino que sería también su doble su sombra, su imagen.

Levinas aclara su reflexión haciendo una analogía entre la fenomenología del cuadro y la duplicidad de la cosa y su imagen. La contemplación de un objeto representado en un cuadro tiene una densidad en si mismo es en si objeto de nuestra mirada. La conciencia de la representación radica en que sepamos que el objeto no está ahí. Así resulta que, contra lo que solemos desear, los elementos de una representación no hacen presente al objeto, sino que "insisten en su ausencia". No es que la pintura nos lleve más allá de la realidad dada, por el contrario parece conducirnos "al interior de ella". Porque, Levinas concluye, es del todo erróneo poner a juicio a las imágenes con respecto de la noción de verdad del modo en que viene haciéndose desde Platón. No se trata tanto que la imagen sea falsa como que no es verdadera. Como sucede en la representación pictórica, hay aquí dos posibilidades del ser que son simultáneas, "contemporáneas"; el juicio acerca de lo que es en verdad, y aquello que aparenta. Sucede que lo mimético es irreducible a la verdad conceptual; la semejanza compete sólo a las características de lo sensible, de hecho es lo que define a lo sensible:

La no verdad no es un residuo oscuro del ser, sino su carácter sensible mismo, por el cual es que hay similitud e imágenes en el mundo.... La semejanza no es la participación de un ser en la idea . . . es la estructura misma de lo sensible como tal. 

Considerar el conflicto entre la mimesis y la razón no es, por supuesto, exclusivo a Levinas. Sí en cambio que propusiera al rostro como demostración de esta duplicidad entre la cosa y su imagen: 

El ser no es sólo en si, sino que escapa a si. He aquí una persona que es lo que es, pero no nos hace olvidar absorbe, no cubre en su totalidad los objetos que sostiene ni el modo en que los sostiene, sus gestos, miembros, mirada, pensamiento, piel, que escapa bajo la identidad de su sustancia, que como un saco roto es incapaz de contenerlos.... Hay, por consiguiente, una dualidad en esta persona, esta cosa.... Es lo que es y lo que es extraño a sí mismo . . . la cosa es ella misma y su imagen.

Autorretrato femenino (+-) masculino, 1995
 
Si traigo a Levinas a cuento es porque su reflexión sobre la imagen quizá nos ayude a entender lo que implica que Mónica Castillo hubiera querido explorar en el autorretrato el problema de las imágenes como tales, y esa exploración hubiera tenido que tomar la forma de sabotear, interferir y torturar al autorretrato. Quizá Castillo nos permite atisbar la complicidad del autorretrato con el intento de subordinar el parecido a la verdad. Y a su vez explicar por que librar al autorretrato de la tiranía del yo vino a hacer emerger en él una duplicidad entre el rostro y su imagen.
 
 
Fuente: Catálogo de Mónica Castillo. YO ES UN OTRO por Smart Art Press en colaboración con OMR Gallery sponsored by Cemex and FONCA.

 

 

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