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Mónica Castillo

La Duplicidad que es un Rostro IV


Caja con piedras III, 1994
 

Que la última sección se llamara La imagen era en buena medida natural, visto que las condiciones de la imagen son los que también competen a los otros capítulos. En este tercer apartado, Castillo hace involucrar métodos que resaltan una docilidad de orden plástico. En Modelo para autorretrato I (1997) la "máscara" resulta de una traducción entre volúmenes que lleva a la imagen al borde mismo de disolverse. Lo que sería una representación relativamente fidedigna del rostro en una superficie cóncava de látex, que estaría en contacto con la cara de la artista al usarla, es prolongada con estambres de colores que, al caer como cascada o barbas, generan un efecto de "refracción". Castillo establece una ratio entre dos imágenes que en nada responde a la ontología del original y la copia. Uno diría que al estampar su autorretrato en la parte "oculta" de la obra de obra sobre el objeto el poder de generar su representación. Es una interpretación que el rostro ha hecho de sí mismo, casi como si fuera su sombra.

Uno podría ver en este fantasma proyectado sobre otro plano físico algo sorprendentemente análogo con el concepto clásico de eidola y simulacra esas "membranas arrancadas de la piel de las cosas que vuelan hacia adelante y atrás por el aire" de las que hablaba Lucrecio, y que yacen en la arqueología de nuestra noción de imagen. Como es sabido, epicúreos y estoicos pensaban que la visión ocurría porque los objetos producían delgadísimas copias materiales de sí mismos que llegaban a nosotros. En efecto, el rostro de Modelo para autorretrato I ha avanzado en otro plano hasta crear su doble, pero por efecto de la gravedad, se trata de un simulacro apenas reconocible. Rostro que resulta aún más eficaz, en tanto está en el borde de resultarnos indiferente.

 


Alfabeto, 1996
 
Modelo para autorretrato II y representación (1997), contemplando su grisura vuelta colores en un falso espejo de tejido, guarda el mismo principio de suponer que la visión, como el olfato, pudiera consistir en un desdoblamiento material. Nuevamente, estarnos ante una imagen que parece encargada de reproducirse a sí misma, haciendo a un lado su dependencia con el referente del retratado. No faltará quien nos quiera convencer que estamos ante aquel o que Baudrillard llamaba "divina irreferencia de las imágenes", la aniquilación de la noción del referente por la ilimitada partenogénesis de los simulacros. Pero voy a llevar nuestra reflexión en la dirección opuesta. Puede que el tema de Mónica Castillo no tenga que ver con la multiplicación ad infinitum, sino que ha encontrado modos de hablar de una estructura que sólo admite dos polos, el de la cosa y su imagen. En el momento que la Modelo para autorretrato II y representación se observa en el reflejo su "modelo" queda expulsado. Este autorretrato ya no se compara con Mónica Castillo. El antiguo "doble" valida ahora que tiene un rostro. Ha de haber un motivo específico por el cual este rostro no sea automáticamente una tercera copia.
 
 
Fuente: Catálogo de Mónica Castillo. YO ES UN OTRO por Smart Art Press en colaboración con OMR Gallery sponsored by Cemex and FONCA.

 

 

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