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Mónica Castillo

La Duplicidad que es un Rostro IIII


Caja con piedras I, 1994
 

En ocasiones, como en La maleta (1994) donde la pintora marcó con su rostro los utensilios que serían indispensables para aparecer "en soledad", ese "molde'' refiere el modo en que la apariencia es puesta bajo control por la convivencia. En los Autorretratos hablados (1997), Castillo ha preferido construir un modelo de sociabilidad en donde la "colaboración" de la artista con otro en a creación de su imagen tiene algunos rasgos persecutorios. Al alterar fotografías suyas a partir de las descripciones telefónicas que le daban familiares y conocidos, Castillo genera un reflejo distorsionado de sí misma a partir de lo que ella cree que los otros están pensando.

La falta de memoria o la imperfección de la descripción verbal se amplifican con la susceptibilidad de la autora y modelo. El resultado de esta cadena entrópica es una progenie de clones imperfectos cada uno con su vida hipotética, cada cual volviendo más inverosímil la historia y carácter "verdaderos" de su original. Como se comprenderá, no es en balde que Mónica Castillo prefiere hablar de la "interferencia" de otros que de su "colaboración" en el proceso de estas obras, y no sólo por lo que de agresivo puede haber inscrito en dejar a otros jugar con nuestra apariencia. Lo que a intervención de un observador o un operador ponen en riesgo no es como en el caso del "material" el estatuto de los autorretratos como imagen sino estrictamente la legitimidad de llamar a estas obras "autorretratos". El hecho de que la imagen personal no sea una propiedad que esté situada en una batalla entre los ojos que habitan una cara y los ojos que la miran, es llevado por Castillo a sus límites conceptuales, ya cuestionando la recognoscibilidad o pertenencia de sus facciones (Autorretrato como otra persona (1996). Autorretrato como cualquiera (1996-97)) ya complicando o cediendo la autora de sus efigies (Autorretrato para armar(1996)).

 


Caja con piedras I I, 1994
 
Por supuesto, la paradoja es que esas transformaciones son mantenidas dentro de la serie la coherencia visual, induciendo al espectador a seguir observándolas como "autorretratos" cuando ya han perdido los requisitos para serlo. En Autorretrato como otra persona ser a imposible reconocer a Mónica Castillo; pero uno reconoce el molde de sus autorretratos en la imagen parcialmente obliterada en el fondo. La constancia visual sostiene una unidad en un aparato demolido conceptualmente.
 
 
Fuente: Catálogo de Mónica Castillo. YO ES UN OTRO por Smart Art Press en colaboración con OMR Gallery sponsored by Cemex and FONCA.

 

 

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