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Arte en México

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Mónica Castillo

Instrucciones de Uso II


Autorretrato único, 1994

Mapas reúne cuatro obras: Autorretrato de piel (1994), Autorretrato en tareas (1994), Autorretrato en proporciones (1996) y Autorretrato para armar (1996).

Comencemos por Autorretrato en tareas. La tarea, propiamente dicha, remite a una concepción más cartográfica que arqueológica. Esta última opera con una concepción conmemorativa, monumental, referida a la identidad y a los medios capaces de conservarla y autentificarla. Desde este punto de vista, la superposición por capas está atravesada por una flecha que va de arriba abajo. La tarea de Mónica Castillo es trabajar uniendo zonas las junturas delatan las diferentes consistencias de cada superficie. Lo decisivo aquí es aquella diferencia que indica el vivo deseo de desollamiento como forma de acceder al conocimiento. Es decir se trata de una práctica cartográfica que vive amenazada por una práctica arqueológica. Ambas finalmente no pueden como la fotografía y la pintura, dejar de citarse. Ahora bien, los mapas se superponen de tal modo que cada cual encuentra un retoque en el siguiente, en vez de un origen en los anteriores de un mapa a otro no se trata de una búsqueda del origen, sino de una evaluación de los desplazamientos. (Deleuze, 1992). 

Los mapas no deben ser sólo entendidos como representaciones de un espacio constituido por trayectos sino, además, como mapas de intensidades. ¿Qué sería un mapa de intensidades? Una lista de afectos. Más bien, una constelación afectiva. Por ejemplo, Mónica Castillo define las distintas zonas climáticas de acuerdo con una reversión de la fisonomía en Autorretrato de piel. Pero en Autorretrato para armar utiliza una serie de efectos técnicos de costura que, en verdad, permiten distinguir entre sí los fragmentos afectivos de la facialidad, convenientemente enmarcados cada uno por bastidores de bordado. Éstos delimitan zonas de reparación de la facialidad, reduciendo sus componentes a claves intercambiables, como en un portrait-robot, que sería la palabra francesa para referirse a "retrato hablado". Y si utilizo portrait-robotes porque me parece más precisa, puesto que permite a la mecanización de la representación, aunque limitada por las posibilidades de la capacidad manual. Así como la policía reconstruye el retrato de un sospechoso a partir de los relatos parciales de los testigos, Mónica Castillo exhibe periódicamente la utilería del bordador, empleada por testigos mudos a quienes les ha sido arrancado el ejercicio de la palabra y que no pueden sino "hablar" de manera trasvestida. Ésa es una manera de favorecer a los testigos, siguiendo la estrategia de Filomela, personaje de una tragedia griega perdida de la que Aristóteles consigna el relato. 

Filomela fue dejada por su madre a cuidado de su tío quien abusó de ella. Éste para evitar ser denunciado le corta la lengua a su sobrina. Sin embargo, ésta, experta costurera, borda en un paño la historia de la violación. Ésta es una pequeña gran historia griega desarrollada con las estrategias de corte y confección, empleada por numerosos artistas del sur-sur. Lo que hace la mexicana Mónica Castillo es muy inquietante, pues habla de las partes sucias del cuerpo frontalmente, dando la cara. Lo sucio, claro está, siempre se encuentra en el sur. Del cuerpo, digo. 

El segundo término de la secuencia de obras de la exposición lo constituyen las TAXONOMIAS, piezas como 56 autorretratos (1993), Autorretrato con señas particulares (1993) y Repartición de los panes (1995-97). En la primera, los retratos están distribuidos en ocho series de siete rostros cada una, incrustados en una aureola lo que pone énfasis en su procedencia de la artesanía de la miniatura. La posición frontal es particularizada por la fecha de realización de cada retrato señalando el tiempo que tomó la ordenada ocupación de la superficie total del cuadro. La inscripción de la fecha sustituye la firma y propone la irrupción de una subjetividad regulada por la compulsión a la repetición manual. Este cuadro podría titularse de manera más específica. Autorretrato como tarea. Tarea de repetir un mismo gesto que busca encarrilarse en la mecanicidad de una ejecución que no puede renunciar a la firma-situación que se repite en los otros dos cuadros mencionados.

 


Autorretrato de posibilidades, 1994
 
En Autorretrato con señas particulares, la fecha es sustituida por marcas de identidad y la aureola es borrada en provecho de una retícula roja que se asemeja a un dispensador en un almacén o a un dispositivo de exhibición de máscaras en un museo arqueológico. De todos modos se trata de pequeños aparatos de exhibición que permiten ver algo que en Autorretratos no era decisivo: el cuello y la línea de corte, la línea curva que representa una decapitación. En verdad, aquí, las señas particulares se homogeneizan por la repetición de un corte compulsivo que da pie a la posibilidad de clasificación, pero, sobre todo, de castración, de aniquilación aparente de los orígenes de la representación. Es decir, como si los atentados a la continuidad no fueran más que deseos invertidos de continuidad. Curiosamente, en cada momento, sus pinturas estandarizadas esconden signos de particularización, que no hacen otra cosa que manifestar su deseo de filiación entre sí. En pintura lo más importante no es saber hacia dónde se va, sino de dónde se viene.
 
 
Fuente: Catálogo de Mónica Castillo. YO ES UN OTRO por Smart Art Press en colaboración con OMR Gallery sponsored by Cemex and FONCA

 

 

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