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Arte en México

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Néstor Quiñones Principio Interior

Que nadie cante victoria, 1996


Técnica mixta/tela
200 x 150 x 40 cm


El cuadro, por consiguiente, acaba siendo muchos cuadros. La posición del espectador conforma la obra. La luz penetra o se refleja según el ángulo y el color que adopta. Las formas se revelan a medias, rodeadas de un aura inquietante. Lo visible está hecho de luz negra o de un resplandor blanco vibrátil. La luz sustanciada en tela acaba por ser la materia del cuadro. Luz que envuelve la pintura de espiritualidad y de energía. En efecto, se trata de una irradiación: la mayor parte de la imágenes tienen una evidente centralidad y por tanto, reclaman su aureola. La tela o tabla que alberga apariciones. Un ángel que surge del éter, una silueta que se despeña en un abismo espiral, con corazón depositado en líquido, un par de tortugas que -como los caparazones de los oráculos- portan signos.

 

 

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