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Artes Escénicas en México

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Teatro Maya Peninsular

La Cabeza de Cochino III


Bailando jarana
Foto: Gunilla Hallgren
 

Cuando se llega a la casa del comerciante, se escenifica nuevamente la compraventa. Como siempre, el comerciante agarra "ahorcados" a los dueños y termina por pagar lo que quiere. Se cierra el trato y el cortejo va por el niño Dios para llevarlo de nuevo a la iglesia. En el camino, el niño es llevado por todo aquel que quiera pedirle ayuda. Después de entregarlo de nuevo al cura, se encaminan a la casa del depositario y comienza la fiesta hasta la madrugada. Con la cabeza se hacen tacos de cochinita.

 


Las jaraneras descansan
Foto: Gunilla Hallgren
 
Para Don Armando Dzul en La Cabeza de Cochino se mezclan la región cristiana (cualquier imagen de este culto a quien se ofrenda la cabeza), con la tradición prehispánica. Antes de la llegada de los españoles, la cabeza era de venado y se ofrecía a las deidades mayas. Esta representación la hacen familias y no individuos, porque la familia es la que cría al cerdo.

Ellos llegan con el animal al mercado con la intención de venderlo, en el trato con el comerciante hay una crítica en tanto, siempre quiere machetearlo. El campesino nunca sale ganando, si antes, ni ahora.

Esto se dice durante la representación en tono de broma, pero es verdad.
Esta representación no sólo es una crítica social del momento en que se vive, sino también un claro ejemplo de la función social que el teatro cumple dentro de los grupos humanos, ya que en el evento participa toda la comunidad.

 

 

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