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Museo Mural Diego Rivera

Historia del Mural



En 1946 el Licenciado Miguel Alemán es electo Presidente de México. Se descubren los restos del "Hombre de Tepexpan" y las pinturas de Bonampak. Se le otorga el Premio Nacional de Arte al pintor José Clemente Orozco. Diego Rivera, a sus casi 60 años, ha realizado pinturas murales en veitiún sitios diferentes tanto en México como en Estados Unidos. Nuevamente es contratado para realizar una obra mural, en esta ocasión, para el Hotel del Prado (aún en construcción).

Al año siguiente, en 1947 se crea el Instituto Nacional de Bellas Artes con Carlos Chávez como director y el Museo Nacional de Artes Plásticas en el Palacio de Bellas Artes. José Clemente Orozco pinta los murales de la Escuela Normal de Maestros y Diego Rivera realiza el mural "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central" en el salón comedor del Hotel del Prado; para su ejecución contó con la colaboración de los pintores Rina Lazo, Pedro Peñaloza y del maestro Andrés Sánchez Flores. La pintura mural fue realizada al fresco, mide 74 m2 y pesa 35 toneladas.

 



Concebido como el relato de un sueño, Diego Rivera en un imaginario paseo por la Alameda, nos hace partícipes de los recuerdos de su niñez y juventud, a través de personajes que conoció, al mismo tiempo que realiza una síntesis de la historia de México, representada por algunos de sus protagonistas más importantes o significativos. 

Compuesto en tres grandes secciones, el recorrido a lo largo de la historia de nuestro país, se inicia del lado izquierdo, en el primer segmento, que evoca la Conquista, la historia de la Alameda, con el quemadero de la Santa Inquisición y la época colonial. Así como los grandes acontecimientos de la primera mitad del siglo XIX como la Independencia, la Invasión Norteamericana, los once períodos presidenciales del general Santa Anna, la Intervención Francesa y la Reforma.

 



El segundo segmento está compuesto, en primer término, por tres figuras centrales: Diego Rivera, la Calavera Catrina y su autor, el grabador José Guadalupe Posada. En esta parte, Rivera se ha autorretratado como niño de nueve años que va de la mano de la "muerte catrina".

Diego Rivera evoca principalmente la época porfirista y como sus testigos, el propio Rivera y personajes importantes de su vida, su tercera esposa la pintora Frida Kahlo y Posada, al que veía trabajar diariamente en su camino a la Academia de San Carlos, donde estudiaba. La tercera sección aborda los movimientos campesinos y las luchas populares que culminaron en el movimiento revolucionario de1910 y el período posrevolucionario, simbolizados por las figuras de la familia campesina, el joven obrero y el obrero revolucionario.

El México moderno, está representado por una simbólica figura presidencial, la nueva burguesía, la arquitectura contemporánea y las fábricas. Diego Rivera se vuelve a autorretratar en la imagen del niño que come una torta e incluye también las imágenes, de su segunda esposa, Lupe Marín, de sus dos hijas, Ruth y Lupe y la de su nieto Juan Pablo. Sin olvidar la presencia del pueblo, representado por las figuras de los vendedores de tortas, frutas, rehiletes, globos y dulces típicos.

 



Todos estos personajes soñados o imaginados por Diego Rivera, aparecen ante nuestros ojos, en un gran escenario de brillantes colores, enmarcados por los enormes y frondosos árboles de la Alameda y la arquitectura correspondiente a cada época. Rivera realizó esta vasta composición con inigualable destreza, sin olvidar el más mínimo detalle en las figuras, los objetos y demás elementos; en los atuendos, los gestos y las actitudes de cada uno de los protagonistas, que se dan cita en este imaginario paseo de una tarde dominical en la Alameda.

En 1948, próximo a su inauguración, la frase de Ignacio Ramírez "El Nigromante" Dios no existe, incluida en la composición mural, provocó que un grupo de personas dañaran algunos segmentos de la pintura, por esta razón, el mural fue cubierto durante ocho años, hasta que Diego Rivera, en 1956, un año antes de morir, sustituye esta frase por "Conferencia en la Academia de Letrán, el año de 1836".

Antes de ser trasladado al Museo Mural Diego Rivera, el mural en 1961, fue reubicado en el vestíbulo del hotel -movimiento que exigió colocarle una estructura metálica para evitar que se dañara durante el desplazamiento-, para que el público tanto nacional como extranjero pudiera admirarlo libremente.

 

 

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