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Antropología e Historia de México

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Pintura Colonial Mexicana

El barroco, 1640-1730


Caravaggio (Michelangelo Merisi), David
con cabeza de Goliat


El Barroco fue un estilo que se acogió en diversas formas, actitudes e ideologías que no se limitaban al concepto puramente estético. La palabra "barroco" deriva del portugués que significa "perla vulgar o de forma imperfecta" y se utilizó como un término peyorativo en el siglo XIX para criticar las obras que datan del siglo XVII. Sin embargo, fue a finales del siglo XVIII y gran parte del XIX cuando se empezó a estudiar los ámbitos artísticos en que influyó el barroco, primero en las artes figurativas como la escultura y la arquitectura, y posteriormente en la literatura y en la poesía.1

Es erróneo identificar al Barroco con lo exuberante, lo recargado y lo excéntrico como nos lo han querido afirmar. Por el contrario, el naturalismo tal como lo conocemos en el Renacimiento y el Manierismo, permaneció como un principio esencial de las formas barrocas.2 Debemos dejar de lado la percepción del Barroco como un estilo único, como un concepto que se entiende a sí mismo como extravagante ya que es común encontrar en aquellos estudios no especializados, que el Barroco se define como un retablo de cualquier iglesia novohispana del XVIII.

 


Pedro Ramirez el mozo
(atribuido), Nacimiento de
Jesús o Adoración de los
pastores


Para entender propiamente este estilo debemos comenzar en sus orígenes, es decir, en la vuelta a la inquietud de representar con precisión la realidad o naturalismo. Los artistas barrocos se opusieron a aquel manierismo que tomaba formas demasiado alargadas y caprichosas, para volver al naturalismo que se había perdido: "Los grandes temas tradicionales- la mitología, el retrato y el arte sacro- fueron transformados y dotados de un nuevo contenido por la visión naturalista del Barroco [...] la que hizo posible las extraordinarias conquistas de los artistas del siglo XVII en el paisaje, la naturaleza muerta y la pintura de género".3

En términos generales, podemos señalar qué aspectos pictóricos barrocos se diferencian del Renacimiento para concebir al estilo que nos acontece aquí de otra forma, y no solamente definirlo como algo suntuoso y derrochador. En primer lugar, las pinturas barrocas presuponen un espacio abierto en su composición, y no lineal, como aquel lienzo de La Sagrada Familia y San Juan de Andrés de la Concha que señalamos anteriormente; las figuras barrocas configuran un movimiento continuo, mientras que las pinturas renacentistas se atienen a una composición en sí misma -como la composición de triángulo en la obra de De la Concha- enmarcada por un fondo que permanece desvinculado de la escena principal. 

 


Francisco de Zurbaran, Maria
Magdalena penitente



En este sentido, el barroco presuponía una sensación de profundidad que permite al espectador entrar en la obra, mientras que en el Renacimiento las formas son colocadas de tal forma que limitan la vista, mostrando inmediatamente qué está al frente -un ejemplo sería la célebre Monalisa de Leonardo da Vinci-. En segundo lugar, el barroco invita ahora a explorar quiénes o qué es la figura principal, y se da aquí un juego entre la representación y el espectador invitándolo a la exploración y al descubrimiento en la obra. En el Renacimiento es muy claro interpretar la composición, manifestando formas detectables y claras. 

Por último, el barroco señala una unidad en la obra puesto que las formas se amalgaman entre sí, se encuentran vinculadas de tal manera que no es posible concebir una composición si excluimos a alguno de los personajes u objetos; lo que no sucede en las obras del Renacimiento, ya que las formas están representadas en sí mismas, encerradas de tal forma que denotan una pluralidad.

 


Anibal Carraci, La Piedad


Finalmente, revisando estas consideraciones acerca de la definición del Barroco y sus diferenciaciones con el Renacimiento y el Manierismo, hará falta contextualizarlo y señalar aquellos hechos históricos que influyeron en el surgimiento de este estilo. Primeramente, debemos ubicarnos en el Saco o Saqueo de Roma por parte del Emperador Carlos V, problema derivado de la concertación de la alianza del enemigo del emperador, Francisco I rey de Francia y el Papa. En este momento, gran parte del ejército español permaneció ahí por muchos años, lo que según algunos investigadores, causó el surgimiento del Barroco al combinarse la mística española junto con el humanismo italiano. 

No obstante, después de tales acontecimientos, la Iglesia pasaba por un momento de enorme crisis ya que este levantamiento le ocasionó la pérdida de su autoridad absolutista. A pesar de sus innumerables esfuerzos por recuperarla, incluso aún después de la constitución del Concilio de Trento, se suscitaron diversos cambios en la mentalidad colectiva que logró que el mundo se dirigiera hacia una forma de pensamiento mucho más libre y cuestionable, pensamiento que apuntaba inexorablemente a lo científico. De ahí el caso de numerosos estudiosos y científicos que, a pesar de las imposiciones y amenazas inquisitoriales, reformaron incluso las ideas cosmológicas del tiempo y del espacio.

 


Jan Davidsz de Heem, Vanidad

 


Recordemos por ejemplo a Nicolás Copérnico quien en 1543 dictamina que el sol es el centro del universo y los planetas giran en torno a él. Esta concepción nos parece muy sencilla, incluso tonta, pero si reflexionamos que para esa época la gente estaba acostumbrada a concebirse como el centro de todas las cosas, era un cambio espeluznante ya que así, ya no podría tener la noción de controlarlo todo -o por lo menos lo que se creía todo-. El simple hecho de que un astro fuera ahora el centro, era difícil de comprender. El hombre no volvería a ser el mismo.

Poco a poco, la cosmovisión y el conocimiento del mundo fuertemente arraigado a Dios, fueron virando en torno a las leyes científicas, como el movimiento de los planetas y la aplicación de las matemáticas a la astronomía por Juan Kepler en 1600. Finalmente, Galileo Galilei (1564-1642) inventó el reloj de péndulo, otra invención insignificante para nosotros, pero que simbolizaba que el hombre común y corriente pudiera medir el tiempo por sí solo sin recurrir a la Iglesia para saber la hora. 

En síntesis, el hombre empieza a creer en la ciencia, y se separa de las concepciones y dogmas religiosos que tanto le limitaban. Aún así, la Contrarreforma influyó claramente en todos los ámbitos, en la cultura y en el arte, pero es importante observar la línea paralela a ese espíritu religioso que entraba en decadencia para dar paso a los inicios del siglo de la Razón. 


1 Lozano Fuentes, José Manuel, "La cultura del Barroco", en: Historia de la Cultura, CECSA, México, 1991, p. 333.
2 Rupert Martin, John, "Introducción", en: Barroco, Xarait Ediciones, Barcelona, 1986, p. 22.
3, Rupert Martin, John, Op. Cit., p. 23.

 
 
Autor: Gabriela de la O

 

 

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