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Arte en México

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Juan Soriano

Sala I


Retrato de Martha, 1934.
Oleo/cartón. 47 x 57 cm.
Foto: Colección Banca Cremi
 

Juan Soriano es un artista que se acerca desde muy temprano a la pintura, en la cual se muestra como un ferviente observador del mundo. Desde una primera etapa, desarrolla el género del retrato en donde sus figuras protagonizan la vitalidad de los espacios geometrizados. Sus lienzos exaltan los más característicos rasgos, gestos o aspectos que recuerdan a sus retratados, de quienes hace una especie de fetiche o anagrama y los envuelve en ambientes personalizados creados por objetos cercanos a ellos.

 


Autorretrato, 1937.
Oleo/madera. 38.5 x 30 cm.
Foto: Colección Eugenia Rendon de Olazabal
 

Sus amigos, las mujeres de su familia, niñas vivas y muertas o él mismo, aparecen en sus cuadros con características similares como la desproporción manierista de sus cuerpos cubiertos por ropas de pliegues exagerados que dan gran expresividad a la composición. Los ojos almendrados de miradas perdidas a la manera de Modigliani y las manos en posiciones suavizadas, son dos elementos que manifiestan gran pasividad en sus personajes inmóviles, como suspendidos en el tiempo, con lo cual el artista va conformando un estilo propio en el retrato. El retrato de Martha exhibido en 1934 durante su primera exposición, asume tales características. En él muestra a su hermana dentro de un espacio geometrizado por las diferencias tonales del color, en donde un libro y una botella se desfasan a la manera cubista sobre la perspectiva alzada de una mesa, evocando un rincón muy personalizado.

 


Naturaleza muerta con cabeza de angel, 1943.
Oleo/tela, 45.5 x 50 cm.
Foto: Colección Margarita Lacy.
 
Soriano realiza numerosos autorretratos a través de su desarrollo artístico, en ellos se presenta como un ser en constante transformación. "El autorretrato -dice el pintor- es una reflexión sobre el cambio y la muerte. La persona se va destruyendo. Empezamos blancos como hojas de álamos y acabamos como hojas secas hasta que nos morimos".

Dentro de su variedad temática se incluyen flores, animales, niñas desnudas cargadas de inocencia y naturalezas muertas dispuestas en espacios íntimos. En ellas es común la aparición de cráneos o cabezas sangrantes de niñas pequeñas, con lo cual acaricia poéticamente el binomio vida-muerte, presente en muchas de sus obras posteriores.

 

 

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