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Alberto Gironella

Pintura I


El sueño de la catira I, 1977,
Óleo sobre tela, 97 x 146 cm.
Foto: col. Fundación Cultural Televisa
 

En el discurso plástico de Gironella hay temas fundamentales como son la muerte, el fenómeno de la putrefacción de la materia, y el transcurrir del tiempo. Una de las características de Gironella es la libertad con que construye sus cuadros, en los que se conjugan y encuentran la plástica y las letras. Resultado de la relación constante y cercana que el artista ha tenido con la literatura, sus configuraciones -tanto pintura como ensamblados- remiten a imágenes literarias, a escritores y a poetas universales.

 


M. Degas, 1985,
Aguada de tinta china sobre papel
58 x 76 cm.
 

Gironella manipula los objetos y los descontextualiza para construir otras realidades con significados contundentes, que surgen de la reflexión en torno a los temas de su obra. Sus pinturas pueden ser simbólicas, desgarradoras o terroríficas, pero siempre guardan una interesante dosis de humor e ironía. El pintor deforma caras y cuerpos sin perder la figura, sin diluirla totalmente; más bien parecen convivir dos rostros diferentes en la misma composición, en los que se manifiestan los gestos de la vida y de la muerte.

 


Retrato de Françoise Reynaud de 
Vélez,
1990, óleo y collage sobre 
tela, 81 x 90 cm.
 

La trayectoria plástica de Gironella se inició con el dibujo y la acuarela, representando en estas primeras composiciones a distintos personajes, algunos de ellos inspirados en Tiburcio Esquirla, el protagonista de su novela. En estos trabajos ya manifestaba el interés por mantener la forma, la libertad para manejar el trazo y la facilidad para expresar los estados sicológicos. En su obra posterior aparecen una serie de figuras inspiradas en los periodos azul y rosa de Picasso, y más adelante recurre al óleo, utilizando colores contrastantes y brillantes, que cambiará a tonos oscuros y sombríos para expresar de esa manera la corrupción de la materia y los cuerpos. Gironella también ha pintado paisajes, primero realizados a base de tonos únicos, para después recuperar las técnicas de los pintores europeos.

 


Condesa de Uta, 1952,
Óleo sobre tela,
(blanco y negro)
 
A partir de los años cincuenta, el trabajo de Gironella se transforma, con la influencia de tendencias contemporáneas, como el informalismo, pero principalmente cuando comienza a experimentar con las técnicas pictóricas de los maestros de la pintura veneciana y las aplica a sus obras. Ejemplo de este proceso de cambio es La Condesa de Uta, (1952). Este cuadro, fundamental para la evolución posterior de su trabajo, se considera la primera obra madura de Gironella. Originalmente fue expuesto en la Galería Prisse, junto a algunos paisajes de Guanajuato que ilustraron un cuento de Carlos Fuentes.

 

 

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