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Antropología e Historia de México

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Maestros del arte popular

Hacia una apreciación del arte popular mexicano

 


Mucho se ha debatido y escrito sobre la definición y diferenciación entre artesanía y arte popular. Creo que es más fructífero darle un pequeño vuelco a la interrogante y preguntarnos si toda artesanía es una obra de arte, y por ende, si todo artesano es artista. Y en este contexto puedo afirmar que hay algunos artesanos que sobresalen por encima de sus congéneres porque logran plasmar en sus objetos esa chispa de genialidad, espontaneidad y maestría técnica que denotan una aproximación especial hacia sus materiales y su trabajo. Lo mismo aplica para un cántaro de barro cuyas líneas fluidas son el resultado de miles de años de depuración de lo superfluo, que para un gigantesco Árbol de la Vida inventado hace 40 años. Analicemos brevemente la condicionantes en torno a la producción artesanal y el surgimiento de artistas populares.

En un país tan rico por su diversidad étnica, aunado al proceso histórico de la amalgama de influencias españolas y asiáticas es lógico que exista una fuerte carga cultural en la producción artesanal de México. El nuestro es un arte popular enraizado en tradiciones milenarias que se nutre de la interrelación entre el culto al maíz, la religiosidad popular y el oficio artesanal; su transmisión es generalmente de padres a hijos, que viven en comunidades localizadas en los más diversos eco-sistemas de los cuales se obtienen diferentes materiales para trabajar. Por este hecho, y el haber sobrevivido al avance inexoralble de la industrialización y globalización mundial, toda artesanía tiene un valor.

El surgimiento de artistas populares tiene, en mi opinión, dos grandes momentos. El primero se explica cuando la artesanía ha sido el único modo de producción de un pueblo, por lo que básicamente su finalidad es crear objetos utilitarios para el hogar y objetos rituales y ceremoniales por lo que no se encuentra el sentido de lo decorativo. El artista popular es descubierto y apreciado por miembros de su entorno cultural conforme cánones establecidos internamente por su grupo quien establece el sentido de estética y el equilibrio en la forma y la función. Es conocido adentro, anónimo afuera.

La gran transformación durante este siglo ha sido el surgimiento de un arte popular figurativo, casi escultural en su forma, barroco en su estilo, hecho para ser visto y no necesariamente utilizado.Y en este segundo momento, surge un artista popular innovador que es descubierto y reconocido desde afuera de su cultura; su producción se reorienta hacia un nuevo consumidor, urbano y cosmopolita.

Queda atrás el anonimato relativo, surgen las piezas que se firman y coleccionan, se afirma la individualidad y se intensifica el intercambio de ideas y sugerencias temáticas entre artista popular y comprador. De esta manera, creatividad y estética interactúan con las demandas del mercado. Claro que esto también genera contradicciones y tensiones, tal como la exaltación de los talentos individuales por sobre la fuente colectiva de inspiración. Apreciar la artesanía y reconocer al artista popular, significa por lo tanto asumir ciertas responsabilidades como en cualquier otra rama del arte: adentrarse en una temática dentro de una concepción estética perteneciente a culturas étnicas y populares que siempre mantienen una especificidad cultural. Pero también requiere compenetrarse en la o las técnicas artesanales utilizadas para reconocer el oficio y la maestría técnica. A su vez implica estudiar y mantenerse al día de la trayectoria, fases y tendencias de la comunidad productora y de sus artistas populares.

 


En este sentido he propuesto en otra publicación que "lo que más distingue al artesano del obrero -y agregaría en este contexto al artista popular del artesano- es que el primero aún conserva una relación vertical e integral con todas y cada una de las fases de producción... Este hecho hace a nuestro juicio que las dimensiones creativa y artística de la artesanía nazcan de la relación íntima y simbiótica entre la disciplina y el oficio, entre lo terrenal y lo mítico, es decir, entre la materia y el espíritu."

Por ello la labor de promoción y de apreciación en el campo de las artes populares es muy amplio y tiene muchos elementos asociados, destacando la precariedad económica en la que viven la mayoría de los artistas populares -por no hablar del sector artesanal en su conjunto. El valor percibido por la mayor parte de la población consumidora coloca al arte popular en un escalón inferior al llamado arte. Su venta cotidiana está más identificada con la tienda de artesanías que con la galería de arte, y por ende, las escalas de precio son menores. Si bien el artista popular exitoso puede mejorar su nivel de vida con relación a los artesanos de su alrededor, una enfermedad grave o crónica, una situación imprevista pueden nulificar años de trabajo. No sobran y más bien faltan espacios propios para los artistas populares.

Celebramos, por tanto, los esfuerzos que realiza la Fundación Cultural Bancomer a partir este Salón de Arte Popular, ya que constituye un importante complemento de los múltiples esfuerzos que se realizan en diversas instancias gubernamentales y no gubernamentales. Más allá de un concurso, el objetivo es invitar a los Maestros Artistas Populares más reconocidos de México para que sus obras formen parte de un acervo de la Fundación y del Banco, abriendo así un espacio privilegiado para ser visto y comprendido.

Marta Turok

 

 

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