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Arte en México

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Helen Escobedo

Instalaciones

"Llego sin ideas preconcebidas. Me inspiro al familiarizarme con el espíritu del lugar, con su luz, su público, su realidad particular. La obra podrá ser interior o exterior, efímera o permanente, pero siempre irá hilada a las voces y los ecos de su particular entorno." 

Helen Escobedo no se limita con sus instalaciones in situ a meras intervenciones formales, establece un diálogo con el entorno actual; además, establece asociaciones y relaciones con el contexto histórico del lugar.

Sus obras son más que situaciones concretas visibles, largos procesos que involucran a la gente, lugares, objetos, a ella misma. Si con sus ambientaciones sólo interviniera el paisaje, la denuncia sería evidente. Pero relata y construye una historia que ocurre en un espacio concreto, haciendo que ésta emerja de acuerdo con ese lugar específico. Irrumpe en paisajes determinados con elementos insólitos, estableciendo relaciones inéditas con el espectador-participante.

Helen Escobedo interviene paisajes -situaciones- con elementos cálidos o que los vuelve cálidos. En su trabajo hay una irreverencia poética en función de una metáfora, en el sentido en que ella irrumpe en un espacio dado con su calidad metafórica. Y como toda metáfora, es el encuentro entre el antes (paisaje), la instalación, y el después (la lectura o interpretación) que surge de la conjunción entre ambas situaciones, creando un nuevo contexto.

Su obra es irreverente porque al lado de un bosque o dentro de él, sitúa lo opuesto. Yuxtapone la temporalidad, o en términos concretos, los tiempos de la vida y la muerte, mediante la transformación de un espacio. 

Helen Escobedo reproduce el instante del cual surgió una imagen. En su trabajo existe un doble carácter de lo efímero: determinado por el material no perdurable que emplea, pero la trascendencia de lo efímero también está dada por la interpretación, el lugar y cantidad de lecturas y percepciones simultáneas, a veces inaprehensibles. La lectura de las obras de Helen Escobedo se refieren al instante en que las concibió; es metafórica. 

Sin embargo, provoca una lectura vital: "la obra de Escobedo habla más de la vida que de la muerte, aunque ésta siempre esté evocada." Su obra lleva al espectador a una reflexión simultáneamente perceptiva y analítica, distintos niveles de lectura complejos porque se relacionan con el tiempo y el espacio.

En su estudio realiza proyectos, bosquejos, fotomontajes y maquetas mediante los cuales reflexiona sobre los problemas del arte público o urbano, y particularmente en México, donde abundan grandilocuentes y solemnes monumentos patrios; son desacralizados a través de la superposición de una escultura alternativa realizada en fotografía o montaje. A veces puede concretar la obra, toma fotografías de las acciones e interviene esas imágenes en el papel.

Pero no sólo se refieren a la ironía sobre la escultura pública o urbana, también hay cierta nostalgia ante la imposibilidad de concretar los proyectos, o el irreconciliable conflicto entre dos medios: la representación visual limitada por el papel, y aquel otro que necesita de un espacio concreto para ser y existir.

Helen Escobedo convierte a la escultura en idea, en proyecto, en utopía y crítica, produce nuevos sentidos y provoca tomas de conciencia: en los temas de sus instalaciones aparecen especies animales y bosques en peligro de extinción, los problemas derivados de la basura, lluvia ácida, o aquellos provenientes, en suma, de la violenta relación que el hombre mantiene con su medio ambiente. 

Sus obras son inacabadas cuando ellas las concretiza físicamente, ya que depende de las relaciones que el público establezca con las obras. Lo que vemos es sólo una parte de un amplio proceso creativo, lo vemos cuando se llama "instalación", pero es una obra inacabada que no termina de realizarse hasta que la gente -el público- deja de darle valores. Pero hay otros posibles destinos fuera de la destrucción la obra -dado el carácter efímero de los materiales-, como el caso de los gigantescos mapas de Winnipeg, en Canadá, que fueron colgados en la fachada del museo y entregados posteriormente a un grupo de indios canadienses, quienes lo habían solicitado -con la aceptación de Helen Escobedo- para reutilizarlos como alfombras o lonas en un lugar sagrado. 

Por medio de las instalaciones -transitables o no- Helen Escobedo elabora reflexiones plásticas y poéticas acerca de la relación que establecemos con la naturaleza y con el espacio urbano. En las ambientaciones en el exterior, en su mayoría efímeras, utiliza materiales de origen -o desecho- natural, como ramas, troncos, hojas secas; basura y llantas, principalmente, para construir una arquitectura imaginaria, rompiendo la rutina de la inconciencia del que habita las ciudades, rescatando los pequeños actos cotidianos para convertirlos en poesía y crítica. 

Daniela Cuéllar

 

 

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