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Arte en México

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Helen Escobedo

"Estar y no estar" (V)



Fotografías:Lourdes Grobet y Manuel Zavala y Alonso

 



Un mural del valle de México realizado por Alejandro Moreno e instalado en el MUCA, visión panorámica de un día transparente y encantador de nuestro altiplano, sirve de marco para Muerte sin fin - en este valle de lágrimas en donde de aquellos 3 millones de habitantes tan sólo quedan 20 millones de sobrevivientes. Un velo cubre el mural y postrados ante este paisaje velado se encuentran unos cuerpos yacentes hechos de petate (los "petateados") apenas iluminados por una luz rasante y casi cubiertos por tierra y hojarasca. 

 



La cita al título del poema de José Gorostiza (no recuerda Escobedo quién le aportó la leyenda del subtítulo) no propone, sin embargo, una sugerencia metafísica: somos, efectiva y físicamente, una ciudad de sobrevivientes que casi nunca logramos atisbar la matriz geográfica que nos cobija, pendientes del hilo de la contingencia. La siguiente ambientación, homenaje en cierto sentido a la aportación museográfica de Fernando Gamboa y Miguel Covarruvias a la percepción del patrimonio nacional, es de un humor menos trágico y más irónico. Excavación, D.C. 2001 combina la disposición de un sitio de excavación arqueológica con la penumbra reverencial del Museo de Antropología. Las "piezas funerarias" exhumadas, a primera vista con todos los atributos hieráticos del hallazgo arqueológico, son en realidad elaboradas con pedacería cerámica, principalmente ollas de barro cocido.

 



El arquitecto español Rafael Moneo compara las ciudades actuales sobre basamentos antiguos con los palimpsestos, manuscritos aparentemente borrados del papel reescrito y que gradualmente vuelven a aflorar. Fuentes se ha referido y Paz se refirió a la ciudad de México como un lugar con un epitelio tan delgado y frecuentemente lacerado que permite la simultaneidad de los tiempos o, mas bien, de las memorias. Recuerdo ahora también un comentario del Profesor Eduardo Matos, director del Museo del Templo Mayor, en el que señalaba su satisfacción al trabajar en un museo cuya colección se enriquecía constantemente de lo encontrado en el subsuelo. El resto arqueológico es al mismo tiempo un rescate del pasado y un testimonio del olvido o, puesto en otras palabras, algo que al convertirse en cosa más que en uso, reclamando un sentido de identidad al mismo tiempo que se vuelve ajeno de nuestro universo cotidiano.

 



El cielo vuelve a nublarse otra vez con Malas noticias. El cuarto es un esquema de crujía de hospital, o más bien una "clínica de campaña". Los instrumentos de cirugía son hechizos y dispuestos en un botiquín-vitrina fluorescente y espectral. Naturalmente, la iluminación es la neutra, displicente, de los nosocomios, pero su pobreza lumínica evoca, otra vez, lo improvisado y clandestino. Sobre unas camillas reposan figuras entre lo larvario y lo antropomorfo (¿cuerpos mutilados?) empapeladas con las notas más terribles de los periódicos.

 



No hablamos únicamente de la nota roja, sino también de las secciones nacionales e internacionales. La nota periodística es un inventario de datos que pretende lo objetivo y alcanza nuestros hogares en una superficie bidimensional; al adherir esas notas a una forma orgánica, Escobedo reclama para ellas la crueldad, el dolor de su procedencia, nos hace conscientes de que el dato surge de un sufrimiento real: el hospital y el malestar son nuestra casa.

 

 

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