Sitios

Arte en México

compartir en facebook  compartir en twitter

Helen Escobedo

"Estar y no estar" (IV)



Fotografías: Lourdes Grobet y Manuel Zavala y Alonso

 



Acostumbrados a las guerrillas patrocinadas por las tensiones de la Guerra Fría, algunas de las primeras imágenes que documentaron el equipamiento de los guerrilleros, muchos de ellos armados con rifles de madera y reflejando la improvisación a la que obliga la pobreza extrema, impresionaron enormemente a la opinión pública. "Indumentaria¿", presentada en vitrinas antiguas del Museo del Chopo y evocando la museografía positivista, es un repertorio de híbridos entre dos tecnologías y, por extensión, dos formas de relación con el mundo, que en el sureste mexicano se traslapan: un par de botas que rematan en guaraches, una cantimplora que remata en guaje, un sombrero de paja que muta en gorra militar, un rifle de juguete cuyo percutor se convierte en cabeza de caballo, etc. 

 



Custodiando estos objetos se encuentran dos vitrinas que sugieren una reflexión sobre la vigilia prolongada del Subcomandante "en algún lugar de la selva", vigilia tan bien documentada al público gracias a sus comunicados periódicos: a la izquierda, elaborados con amate y otras cortezas y fibras orgánicas, una "Capucha de-lector" (obviándose como cabeza con pasamontañas) y un libro titulado "Bitácora de la selva"; a la derecha una pipa realizada a partir de un nudo de rama, un portapipas de madera apolillada y un juego de ajedrez -obra creada con anterioridad a las otras y con intención utilitaria- cuyas piezas son saleros y pimenteros.

 



"La triste historia de un carrito¿" enmarca la última sección de la sala y cinco ambientaciones que, en mi opinión, constituyen el corazón de la muestra. Antes de hablar de estas seis obras, que tienen como hilo conductor la entropía, siento necesario hacer una pausa reflexiva. Helen Escobedo fue una de las primeras artistas mexicanas que integró a sus obras la preocupación por asuntos ecológicos y es natural que la crítica quiera frecuentemente identificar su obra con la ecología o le otorgue una interpretación desde la perspectiva ecológica. El problema con este proceder es que, si bien el término ecología es de una impresionante amplitud incluyente, sus cometidos y campos de acción han sido gradualmente acotados desde hace unos 25 años, generando, de un lado del espectro, el activismo político y por el otro el sentimentalismo o las estrategias de relaciones públicas de las empresas transnacionales. Recientemente el ecologismo que critica la industrialización capitalista ha tenido como respuesta el término desarrollo sustentable, cada vez más utilizado por los estrategas económicos del neo-liberalismo. La palabra ecología se integra ahora al repertorio de un discurso de las sociedades democráticas, aparentemente concreto pero efectivamente vago, compartiendo un lugar junto a bienestar, federalismo o producto interno bruto.

 



Dudo que la obra de Escobedo refiera ni a una actitud ideológica hacia el concepto ecología ni a una postura concretamente política hacia el ambientalismo, y el sentimiento de rencor, impotencia, nostalgia y crítica en su obra puede tener antecedentes en el arte y la literatura del siglo XIX -pienso ahora en William Blake-que lamentaban la desvinculación definitiva de lo humano y sus creaciones con el entorno orgánico del que habían surgido, que criticaban un racionalismo mecanicista que apostaba a la evidencia y al dato y sospechaba de la imaginación, que despreciaba un sentido no cuantificable, no comprobable, de armonía espiritual que se verificaba en la empatía del hombre con la naturaleza. Las obras de Escobedo que admiten una lectura ecológica no son una advertencia alegórica, son las crónicas de un colapso acontecido. En esta ocasión las víctimas no son ballenas o bosques, sino la identidad humana.

 



La triste historia de un carrito¿ se inspira en primera instancia en el uso de los carritos de supermercado (los karts) en los centros urbanos norteamericanos, donde se convierten en herramienta de trabajo de los vagabundos y los sin techo. Siendo que en México la cultura del reciclaje tiene una escala de corporación empresarial informal y no existiendo aquí esta "cultura del carrito", la primera lectura se desvanece. Pero ya que las sociedades urbanas mexicanas comparten con las norteamericanas su pasión por los envases, Escobedo ha optado por disponer los carritos, atiborrados cada uno con envases que representan elocuentemente la sociedad de consumo, en una "línea de combustión", antagonista a la "línea de producción" apadrinada por Henry Ford. Efectivamente, el último carrito se enfrenta con una esquina del museo, colapsado y combustionado, rematando con su inutilidad una cadena de consumo.

 

 

Redes sociales