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Magali Lara

Increible



Foto: Magali Lara
 

Lo increíble de esta historia es la descripción del acercamiento entre estas dos personas. En la medida que uno se acerca al otro, las heridas ocultas empiezan a brotar, como estigmas, espejo una de la otra. Las de ella contra las de él.

Bueno, tú ayer, como habrás notado, tocaste mi herida de la frente. Fue una cosa muy íntima, como genital, porque hubo algo que me tocó la sangre que brota de ahí, estigma que ha dado el tono de mi vida. Tiene que ver con el abandono pero también con la fascinación hacia lo frágil, con una manera de ver lo roto que mi madre me enseñó.

Todo está en llamas. Están en llamas el ojo y todos los sentidos, encendidos por el fuego del amor, por el fuego del odio, por el fuego de la locura; se arde por el nacimiento, por el envejecimiento y la muerte, por el dolor y los lamentos, por la aflicción, por el sufrimiento y la desesperación. El mundo entero está envuelto en humo; el mundo entero es consumido por el fuego; el mundo entero vacila.

Buddha

 



Foto: Magali Lara
 
Todo comienza con la boca, con la lengua para ser precisa. Si no se pronuncia, si no se dice, se toca. La lengua es otro ojo, arma hermafrodita, es consuelo y también puñal. La prohibición de seducir por la lengua, de contar lo que debe mantenerse en secreto: las cosas que suceden en la cama, o que deberían de suceder; el insomnio, las visiones y al final la fantasía. Pero acá la voluntad no tiene sentido, es un mundo a oscuras, lo que los ojos ven no es suficiente, es a través del cuerpo impuesto por el sexo que llevas. Como si pudieras escoger. No hay dirección, no hay camino, pequeños dejà-vu que olvidaste para tejer ese destino en el que creíste alguna vez. No hubo lugar, tampoco era tan importante quedarse excepto que querías estar quieta un momento, que no todo se moviera con esta velocidad vertiginosa, un poco de calma, de decencia, de buenas maneras.

...Prueba de la ignorancia de los fisiólogos resulta su negativa a considerar la boca un órgano sexual.

Guido Ceronetti

La boca infinitamente abierta y una minúscula medida, siguiendo la marcha por el desierto.

Lezama Lima

Encontré el infierno en ese silencio que da la cercanía de la muerte. Recuerdo las primeras entradas al hospital cuando aún nos creíamos a salvo, al menos yo con mi optimismo ferviente. Y poco a poco nos convertimos en el punto ciego, a donde no había que mirar, él ya delgadísimo con olor a muerte que jamás pude percibir.
Tampoco pude oler la ciudad en el 85. Fui al centro y recuerdo todas esas cortinas volando por las ventanas como huellas de voces apagadas por la tierra. Los edificios derruidos, las aceras rotas y levantadas, trazando caminos hechos de otra forma. Pero no olí nada, memoria extraña, aunque sabía que era dulzón no pude distinguirlo. 

 

 

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