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Magali Lara

La reflexión


Corta con los dientes, 1997
Grabado en metal
51.5 x 72.5 cm

La reflexión introspectiva y el cambio de piel

Los espacios "oficiales" de exposición, como inevitablemente es el Museo Carrillo Gil de Instituto Nacional de Bellas Artes, se transforman, a la vista de no pocos artistas, en espacios hostiles, violentos o agresivos a los que pueden domesticarse por medio de propuestas de gran formato. El espacio en lugar de ser una aliado se convierte en un enemigo a vencer. En múltiples ocasiones esto tiene que ver también con la idea de que las piezas de gran formato, o la saturación del espacio por medio de una vasta cantidad de obra (por supuesto no me refiero exclusivamente a las técnicas tradicionales, sino a la instalación o al arte objeto entre otros), permite la suma de sus preocupaciones formales o conceptuales, así como un acercamiento franco y directo con el espectador.

 


Pliegues, 1997
Tinta y lápiz sobre papel albanene
22.5 x 29.5 cm
 

Sin duda, así no se puede funcionar. Lo cierto, sin embargo es que no es, por mucho, la única opción. Tal es el caso de Serpiente, donde Magali Lara realiza un acto de introspección privada, secreta casi hermética, por medio del pequeño formato. Aquí se da la tarea, por sobre cualquier otra cosa, de interrogar su propia obra.

Serpiente es ante todo una visión hacia adentro, un largo proceso de conocimiento y reconocimiento de la autora hacia su propia obra. Utilizo la palabra reconocimiento porque a pesar de que es ella la propia artista, la formuladora, la conocedora de todo lo que aparece en sus cuadros, existe también un momento de franca autonomía en que, por más que intente sujetarlo, el trabajo se escurre y reclama su propio espacio, y más aún su propia identidad.

 


Versión de 
 

¿El tema?, el mismo y diferente. Acorde a su posición creativa Magali recurre a la literatura y al material onírico como eje estructural de su discurso visual. A partir de esas imágenes Magali se esmera en dejar sólo rastros, breves citas, comentarios, evocaciones o metáforas, que sin concluir desplazan, mueven, celebran o señalan. De forma tal, que si buscamos una constante en su obra ésta puede resumirse en la búsqueda o exposición de significados multidireccionales, que en rítmicos desenvolvimientos componen una compleja red visual.

En la obra de Magali discurren marcas, signos que se entrelazan, se acompañan y se penetran. Laceraciones, encuentros, apenas roces en el que la atención fundamental del objeto se finca en la posibilidad mutante, en la ramificación y la fecundación: el crecimiento. Tras de éstos la significación, oculta y cambiante, poco a poco se desvela, pero jamás del todo; gustosa, Magali se guarda para sí la clave principal, ¿egoísmo?, no, sólo una pausa de intimísima reserva. Misterio que se finca en los temores individuales de los espectadores, por lo vital, por lo mutable, por la aparición simbólica y cruda, pero temor ante todo por el significado. Ante esto mejor la lectura sesgada, nunca directa.

Parte fundamental de este análisis introspectivo lo constituye, también, una férrea y meticulosa exploración de sus recursos formales. Con no poca temeridad, Magali deja de lado la utilización del óleo o los formatos tradicionales, y se aboca a la revisión puntual de elementos recurrentes en su obra, peor que en esta ocasión desnuda, los teje apenas con los mínimos elementos.

 


Se arde, 1997
Tinta y lápiz sobre papel albanene
22.5 x 29.5 cm
 
La serie de grabados en los que la línea es el sustento primordial, son invadidos por delicadas capas de pigmentos. Esta intervención colorística apuntala y da volumen, pero ante todo sugiere secreciones, fluídos vitales. Estas intervenciones no rellenan sino se embotan, se derraman y se reencuentran en el azar o en el accidente hipotético. La tensión generada en la contraposición de la línea, con estas intervenciones, no del todo controladas, da como resultado una lectura más directa de la obra de Lara.

Ya no existe la trampa matérica, ésta ha sido reducida a su más exacta expresión; tampoco la referencia literaria. Es tal el convencimiento de Magali en la reconstitución formal que ha dejado de lado la palabra escrita, aquí sólo serán referencias personales de espectador, responsabilidad individual. No obstante, esto no sucede en todas las piezas, una en particular (¿Sin título?... pregunto): un políptico conformado por siete piezas dispuestas en asimétrica formación mantiene la referencia escrita que, sin embargo, es violentada por la incursión de la luz.

Con un exacerbado rigor dibuja un respaldo traslúcido en el que cada pieza está "velada" por sí misma. El sentido matérico ritual y sensual de la ligereza lleva, por un instante, a borrar las sugerencias literarias; nosotros, los espectadores, estamos ante una superficie dérmica, quizá frente a algo que podríamos llamar una muda dérmica, un cambio de piel. ¿Es esta transformación donde radica la capacidad vital del trabajo? Sí, pero ante todo en la capacidad crítica y en una constante reflexión. Y esto en un sentido recurrente o continuo, en el que la base primordial se encuentra en la revelación personalísima para desafiar los espectros del futuro.
Luis Gallardo.

 

 

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