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Magali Lara

Génesis del pecado



Génesis del pecado según Aurelius Prudentius Clemens

Nuestros vicios, escribe Prudencio, son nuestros hijos, pero cuando les damos vida ellos nos dan la muerte como a la víbora el alumbramiento de sus retoños: ella no los da al mundo por vías naturales y no los concibe por el coito ordinario que distiende el útero, sino que en buen punto siente excitación sexual, la hembra obscena provoca al macho, porque quiere beber de su boca abierta de par en par, el macho introduce en la garganta de su compañera su cabeza de triple lengua y, todo ardor, le adardea sus besos y eyacula en coito bucal el veneno de la generación. Herida por la violencia de la voluptuosidad, la hembra fecunda rompe el pacto de amor, corta con los dientes la garganta del macho y mientras él muere traga los espermas vertidos en su saliva. Las semillas así aprisionadas costarán la vida de la madre: cuando comiencen estos finos corpúsculos a reptar por su tibia caverna, a sacudir con sus vibraciones el útero como no hay ninguna salida para el parto, el vientre de la madre se desgarra por el esfuerzo de los fetos hacia la luz, y los intestinos desgarrados les abren la puerta las crías del reptil reptan en torno al cadáver natal, lo lamen; generación que al nacer queda huérfana así también nuestros partos mentales...
 

 

 

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