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Arte en México

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Fernando Leal Audirac o
en el gran estilo

Introducción


Eco, 1997
Óleo sobre lino
64
 

Es muy curioso que casi todos los comentaristas de la obra de Fernando Leal Audirac estén impresionados por su escaso "mexicanismo", por el hecho de que pinta un mundo cuyos objetos, escenas y contextos podrían ser tomados de cualquier ciudad capital moderna. ¿Por qué es extraño que un artista, completamente inmerso, como ahora lo está cualquier persona en cualquier lugar, en la economía y comunicación mundiales, desarrolla un lenguaje "internacional", que es, en otras palabras, resueltamente "no étnico" y que de esta manera está alineado con el carácter internacional de la cultura global?

 


El cazador y la dama perdida,1997
Óleo sobre lino
64
 

Pero el asombro no es casual. De hecho, el sistema del arte no está expuesto a la misma presión y la misma sucesión de tendencias como lo es la comunicación tecnológica-medios. Claro está, las propuestas idénticas y las visiones estáticas análogas del mundo pueden ser perceptiblemente diferentes en las dos esferas. Así, el arte contemporáneo, como la alta cocina, debe probar sus raíces étnicas, ya que los medios masivos, comparados con la comida rápida, liquidan cualquier lenguaje y gusto locales. Museos y galerías buscan excederse unos a otros tratando de presentar la nueva capital de lo visual, la última frontera de la estética del posmodernismo cambiante. Entonces por qué ciertos críticos no pueden aceptar que este artista de la Ciudad de México no tenga al menos algo que ver con su tan llamada cultura "local"?

 


Sin flores,1997
Óleo sobre lino
52
 
Si el término posmoderno, en su elástica generalidad, ha sido usado en las dos últimas décadas para denotar lo que es una "imagen" que expone una tendencia, tanto en la cultura artística como en la cultura de las masas, ¿ese término está realmente adecuado al lenguaje de Leal, que es cualquier cosa excepto "alineado"? Sin entrar en el contenido de "posmoderno", que en su sentido cultural (opuesto al histórico y económico) tiene la misma claridad lógica que la "santa trinidad", es sin embargo significativo que el arte de Leal Audirac tenga poca relación con esto. Juan Acha, en su tratado acerca de Leal, remarca de manera perceptiva que "Cada artista verdadero evade tanto convenciones como modas, especialmente aquellas que son supuestamente clandestinas o subversivas: esta paradoja es típica de nuestro tiempo".
Sin embargo, su estilo es hasta cierto punto relacionado con los nuevos lenguajes que aparecieron después de finales de los sententa y fueron divulgados con el feliz término de "transvanguardia". No obstante, es curioso ver cómo no tan desemejantes tipos de lenguajes están cargados de diferentes valores en artistas cuyos requerimientos son diametralmente opuestos y cuyos antecedentes difieren grandemente. Leal, suficientemente joven para no haber sufrido los mandatos de las modas de recientes décadas, desde el conceptualismo hasta el minimalismo, tiene una suntuosa y larga tradición detrás de sí. Él no está interesado en la pintura como un complejo de culpabilidad; su obra no solamente mira hacia el duro y actualmente aburrido conceptualismo de los setentas. En Schnabel o en Paladino uno percibe una laboriosa reapropiación de la pintura, entendida como arte "olvidado", repropuesto con la pintura conscientemente mal ejecutada con la que estamos tan familiarizados. Leal Audirac, al contrario, pinta muy bien. Lo que lo hace más cercanamente relacionado con ciertas experiencias "neo-expresionistas", es la nerviosa hipérbole de la pincelada, la gran libertad manifestada al incluir imágenes heterogéneas en el campo pictórico, el constante contraste entre color y símbolo, hasta el punto que algunas obras sobre tela parecen dibujos grandes. En un examen más cercano, encontramos estas relaciones superficiales; una analogía marginal en términos de substancia es desmentido por la diferencia en estilo.

 

 

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