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Fotografía en México

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Enrique Correa

Sala 2



Durante ese período los coras son los burladores de los mestizos, de los extranjeros, del blanco, son los dueños del lugar, no dejan de gastar bromas, de reírse, de jugar con ellos; convirtiéndose la fiesta incluso en un espacio de iniciación sexual, al punto que se piensa que por el período en que acontece la fiesta es una celebración agrícola y de fecundación de la tierra.

 



En lo personal creo que iniciación sexual y fecundación de la tierra van juntos en la mente del cora, recuerdo no en Santa Teresa, pero sí en Jesús María, cuando en la Danza de la Tortuga, rito de la noche del miércoles santo, un joven enterraba su miembro erecto en la tierra. Sin embargo, algo muy peculiar es que en esa fiesta no hay ni ménades ni bacantes, como en los ritos dionisíacos de la antigua Grecia, pues los hombres del lugar, coras, se apropian de todo y son dueños totales durante esos días de todo. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Tienen el poder sexual, político y religioso, son dueños de la iglesia, las mujeres coras se juntan entre sí resguardándose de las travesuras de los judíos, cuidándose de que no les alcen las faldas, o bien, se encuentran atareadas preparando ollas de atole, frijol, arroz, tortillas, para los danzantes que ya llevan para el viernes santo dos días en ayuno y bajo el efecto del peyote.


Muchas veces también los fuereños participan en la faena de preparar las provisiones de los hambrientos judíos, que es como en el contexto de la fiesta se llama a los danzantes. Los judíos están borrados, están cubiertos de pintura negra y rayas, de este modo pierden su identidad, se transfiguran, son otros.


 

 

 

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