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Antropología e Historia de México

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El movimiento muralista mexicano

Expresiones contemporáneas


Ciudad de México
Foto: Anónimo


A comienzos de la década del setenta, aparecieron en distintas zonas del país una gran cantidad de obras murales que tuvieron distintas motivaciones. Por una parte, se manifestó una tendencia muralista de carácter decorativo; por otro lado, una corriente con objetivos sociales y políticos, producto de una toma de conciencia política, conformada por estudiantes de arte y pintores profesionales, y otra más, que respondió a intereses de prestigio político. 

En los primeros años de la década, las autoridades capitalinas manifestaron una preocupación por vislumbrar una política estética urbana; esto fue resultado de un proceso -durante los últimos treinta años- de crecimiento urbano y de construcciones en la Ciudad de México, "cuya anarquía de estilos, despojó irremediablemente a la ciudad de toda armonía estética" (Christine Frérot). De este modo, se realizó un proyecto orientado a decorar y ocultar de manera provisional una serie de muros irregulares y sucios provocados por la demolición de viejos edificios. El diseño del proyecto estuvo a cargo del pintor Adrián Brun, pero fue elaborado por pintores de brocha gorda. Éste comenzó en 1971 y para 1973 se habían realizado cerca de sesenta muros. El Departamento del Distrito Federal financió la mayoría de los gastos y los propietarios de edificios donde se encontraban los muros también colaboraron con una parte. Por razones de presupuesto y debido al carácter efímero de las obras, se usaron pinturas vinílicas, cuya duración mínima es de tres años.

 


Ciudad de México
Foto: Anónimo


Al mismo tiempo, instituciones públicas y privadas, así como funcionarios, continuaron utilizando el muralismo con fines de prestigio personal o de propaganda demagógica; este tipo de pintura, en general mediocre, cumplió con una función inmediata y sirvió a causas individuales. Las escuelas del Estado, los palacios de los gobiernos locales, los ayuntamientos de provincia y otros edificios públicos se cubrieron con esos frescos que exaltaban un nacionalismo decadente y un poder político pasajero . 

La imagen mítica de los "tres grandes" se mantuvo con una presencia fuerte importante entre algunos estudiantes jóvenes de las escuelas de arte; sobre todo la de Siqueiros, cuya influencia se prolongó por medio de un organismo creado en junio de 1977 por algunos pintores y teóricos, el Taller Siqueiros, instalado en Cuernavaca, en los que se impulsó el estudio del movimiento muralista mexicano a través de cursos teóricos y prácticos.

 


Vanitas rojo, 1993
Conjunto habitacional
4a. Secc. Popular Tlatelolco
Foto: Luis Argudín


Entre quienes investigaron las formas de expresión mural, se encontraba Leopoldo Flores, quien en 1972 realizó un mural que llamó "arte abierto"; éste abarcaba la fachada del edificio y suelo de una gran plaza en la ciudad de Toluca, la pintura de la plaza continuó hacia el exterior del edificio y de este modo, dio continuidad a la unidad plástica, y el espacio se transformó en un inmenso mural cuya intención fue conquistar la calle. En 1973, el artista inició un proyecto de cuatro años, con la idea de pintar una colina y un estadio cercanos a Toluca, el cerro de Coatepec y el estadio de la Ciudad Universitaria. Ese trabajo colectivo se realizó con la participación voluntaria de estudiantes, campesinos, pintores, indígenas y artesanos.

 


Hidra, 1993-94
Conjunto habitacional
4a. Secc. Popular Tlatelolco
Foto: Alberto Castro Leñero

Actualmente existen otras vertientes de pintura mural, como los graffities y algunas propuestas que se pueden definir como parte de la integración plástica. De esta última tendencia existen algunos ejemplos interesantes realizados en la década de los noventa por artistas como Alberto Castro Leñero, Luis Argudín y Agustín Castro López en el Conjunto Habitacional 4ª Sección Popular de Tlatelolco. Los artistas emplearon técnicas mixtas (pintura acrílica, fierros, metal, azulejo de talavera) y la combinación de elementos escultóricos y pictóricos en las fachadas de los edificios. Por otra parte, el graffiti en México surgió como una manifestación de carácter urbana e inicialmente fue un medio expresivo de grupos de jóvenes habitantes de zonas marginadas que, a su paso por las calles de la ciudad, "marcaban" de esta manera su territorialidad. Este medio paulatinamente adquirió características propias y ocupó un lugar importante en la Ciudad de México, formando parte del paisaje urbanístico.

 

 

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