Sitios

Artes Escénicas en México

compartir en facebook  compartir en twitter

Dolores del Río

Dolores del Celuloide



POR NELSON CARRO 

Si bien es cierto que la estrella no es necesariamente una parte constitutiva del cine ( de hecho, éste vivió los primeros quince años de su existencia sin que el público se preocupara demasiado por el nombre del actor que encarnaba a su personaje favorito), también lo es en una buena parte de su historia resulta dificíl referirse a un filme y no mencionar a sus intèrpretes. 

No se puede negar que un filme no necesita estrellas: la prueba de ello es toda la obra de Bresson, o Limpiabotas y Ladrones de Bicicletas, de Vittirio de Sica, Pero Lulú es más recordada por Louise Brooks que por su realizador Pabst, y es imposible pensar en Reina Cristina sin la presencia de Greta Garbo. 

No se nada fácil (más bien parece imposible) explicar en qué consiste el encanto de una estrella, pero puede afirmarse que en la pantalla su magnetismo es inevitable y sus encantos irresistibles; el chiste está en descubrirlos al vuelo por la calle Cualquiera puede ser una estrella, no son necesarios estudios, no son necesarios estudios, talento especial ni belleza. El único requisito es tener ese algo... 

El cine de Hollywood se elaboró alrededor de la estrella, y la elevó a la categoría de Diosa: imagen suprema que las mujeres intentaban imitar (pero no lo lograban) y los hombres trataban de alcanzar (sin conseguirlo, por supuesto), imagen suprema con quien todos preseguían de filme en filme. 

Fue en ese cine de Hollywood que inicìo su carrera Dolores dek Río, interpretando por lo general personajes exóticos; su belleza latina le permitía encarnar tanto a Ramona, como a la Katusha Maslova de Tolstoi, la Carmen de Mrimée o la tahitiana Luana (el cine estadunidense nunca ha reparado en ese tipo de detalles)


Desde muy joven, compartió créditos con otras estrellas de la talla de Mary Astor, Victor Mclaglen, Walter Pidgeon, Edmund Lowe, Fred Asteir, Ginger Rogers, por no citar más que unas cuantas, y fue dirigida por Edwin Carewe (quien la descubrió para el cine), Raoul Walsh, Clarence Brown, William Dieterle, Busby Berkeley y Orson Welles. Y se convirtió en un mito. 

Primero, por sus personajes de apasionadas muchachas primitivas, después, (ya en el sonoro) por sus interpretaciones en sofisticadas comedias musicales. sin embargo, buena parte de su fama y de su nombre, los debe a sus peliculas mexicanas a lado de Emilio Fernández, en la llamada época de oro. 

Por que cuando deja Hollywood para trabajar en México , su mejor momento ya había pasado; la actriz pasaba a la segunda mitad de los treinta y el cine estadunidense sustituiría rápidamente a las estrellas de su genreación por las más jovenes. El llegar a México para filmar Flor Silvestre, Dolores del Río dejaba artás una carrera de casi veinte años en el cine hollywoodense, donde se había interpretado cerca de treinta películas. 

El haber obtenido (en forma casi accidental) el papel protagónico en Flor Silvestre inauguró una segunda estapa en la carrera de Dolores del Río y sin duda, la más importante. 

La industria mexivana conseguía en esta época imponerse internacionalmente y el nombre de Dolores del Río (junto con Emilio Fernández, Gabriel Figeroa, Pedro Armendáriz y María Felix) dio varias veces vuelta la mundo: con flor Silvestre, con María Candelaria, con Bugambilia. 

Con el Indio, la actriz cambió notablemente de sus imagen, para despojarla de sus atributos exóticos y acentuar la pureza de su belleza mexicana.
 
 
Autor: Revista Vertigo/ Manuel Zavala y Alonso

 

 

Redes sociales