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Artes Escénicas en México

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Dolores del Río

Acrostico En Prosa



POR ROBERTO VALLARINO


iva, mujer, histrión, símbolo, fruto de una era prodigiosa y prodigio tú misma luz, de movimiento y mexicaneidad. En ti nacen los moldes vitalicios de la belleza y la expresión contundente. Pensar en ti, al término de esta década octogenaria, es recobrar memorias de tezontle y cantera, de pieles suaves y labios abultados, manos con dedos ágiles y caballera trenzada contra un paisaje enrebozado en volcanes y valles; rememorar tu voz, tus gestos únicos, se un buceo en la aguas de nuestras raíces, recreadora del mito y mito tú misma. 

scuridad y misterio emanan de tus ojos, de tus cejar como arcos triunfales bajo la cóncava explanada de tu frente; en tu cuello la vida prolifera, tus claviculas de ébano sostienen la armadura de tus hombros broncíneos, tus largos brazos como caída de agua a mediodía y la breve y aérea concreción de tus pechos como dos aves que revolotean en el vacío pleno de nuestra historia moderna, de nuestra genealogía íntima que sin ti carecería de un acento sublime, de un signo que cifra tu sonrisa y tu llanto y descifra muchas de las incógnitas de nuestro temple. 

igera como un haz de sol que quiebra los carrizos en una mañana escarchada, tu presencia nos abstrae del hastío, de la monotonía execrable con los modernos apologistas del desastre han intentado emular los caminos qu el destino te hizo recorrer para verificar que tu hado, tu fattum, eran los de la musa y la demiurga, la Diosa Blanca que embelesa y exalta y vivifa: la luz alada. 

blonga tu mirada de ardilla y de lagarto, mirada núbil de elegida y posesa, de iluminada por las artífices de la tragedia griega y las Eríneas, ojos que la zigzaguear clavan la daga de la pasión para la cual no exiten los antídotos: la pasión que nos hace caer, rendidos, aturdidos, inmolados ante esta conjunción de sensualidad y ternura que sólo poseen las gorgonas verdaderas,aquellás que te miran y calcinan con el alma.

esfrescar la memoria con tu nombre, con tu cuerpo, con losmovimientos de tus piernas como el venado y gacela, con el encanto de todas las secuencias de todas las películas a las que diste carne, sangre, materia viva, es un acto de fe en la belleza desprovista de vacío, de esa belleza indeleble que no ha desaparecido ni desaparecerá de nuestra hsitoria colectiva.

ntera en el vaivén de las profanaciones que el tiempo produce alrededor de lso astros fugaces, permanece de ti toda la intensidad que otorgaste a la osamenta de tus personajes. Cada gesto, cada modulación de voz, cada suspiro o grito que expresaste se han fijado indeleblemente en tablillas de nuestra memoria mujer inolvidable.

erpenteas sin cesar por la materia inflamable del celuloide y de los sueños, serpenteas en la mente de tu pueblo, serpenteas como reina de un desierto al que ofreces liviandad y destellos, serpenteas en las lenguas que no se cansan de alabarte. 

emasiada falta le haces a nuestro espíritu, a nuestro arte, nuestro cine mexicano sobajado desde hace años por la fusta de la vulgaridad y la ramplonería. todo lo opuesto a tu vocación férrea, a tu histrionismo que universalizó muchos de nuestros mitos, que arrobó las conciencias tumefactas de mexicanos y europeos, que los orilló a los lares del asombro, de la inmovilidad, del llanto o el misterio.

n las tres sílabas de tu nombre, Dolores, han fecundado las ideas y los sentidos, las interpretaciones y las glosas, los textos genealógicos y las nostalgias campesinas, el nacionalismo verdadero y no el demagógico, Dolores; Lola;lolita; en el río de tu vida ahn abrevado incontables sedientos.

lueve sobre los campos que pisara María Candelaria, lloran quienes te ven sacrificada en la pantalla, lluvia de sangre y llanto de nostalgia. llueve el llanto alrededor de un personaje en el que se conjugan tu dolor y tu gracia.
ojos tus labios y rosáceos tus pómulos mestizos, retrato dile de nuestros indios, rogocijo del solo sobre la piel morena, hoy te recuerdo y trato de rendirte un homenaje con los instrumentos balbuceantes del lenguaje, símbolo y escultura de nuestros orígenes. En el juego de los nombres, de las nominaciones y la abstracción del silencio Dolores del Río, este flujo de voces es en tu memoria. 

nfimos acertijos del vocabulario, no hay descripción que pueda mostrarte en el esplendor de tu contundencia, en la magnificente espectacularidad de tu hsitrionismo soberbio, inimitable, enviadiado y ala vez respetado. La voz alcanza apenas a trazar grecas tenues en torno de tu cuerpo, de tu rostro, de tu nombre que apenas dicho, adquiere multiplicidad de recovecos de ángulos desconocidos, de nichos nunca vistos, de silencios.

lvido fue la palabra que seguro jamás memorizaste, Dolores; y así el olvido no se ha cernido sobre ti, no podría hacerlo, por que tu presencia fracturó alguna caoad de nuestra alma, hizo una grieta en la superficie acuática de nuestra mirada, separó nuesrtas lenguas de azabache y granito. No, Dolores del Río, Como ves, no es posible olvidarte.
 
Autor: Revista Vertigo/ Manuel Zavala y Alonso

 

 

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