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Artes Escénicas en México

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El cine de Ignacio López Tarso

El profeta Mimí



México, 1972 

Producción: Estudios Churubusco; Juan Filcer.
Dirección: José Estrada.
Argumento: Arturo Rosenblueth; adaptación: José Estrada y Eduardo Luján.
Fotografía (Eastmancolor): Daniel López.
Música: Joaquín Gutiérrez Heras, con fragmentos de la ópera La Bohème de Giacomo Puccini.
Escenografía: Alberto Ladrón de Guevara.
Edición: Juan José Marino.
Intérpretes: IGNACIO LÓPEZ TARSO (Ángel Peñafiel Mimí), Ofelia Guilmáin (doña Eulalia), Ana Martín (Rosita), Carmen Montejo (prostituta vecina), Héctor Ortega (padre de Mimí), Rosa Furman (prostituta vieja), Ernesto Gómez Cruz (Mackenzie), Roberto Flaco Guzmán (Federico), Carlos Jordán (señor Posada), Mabel Martín (acompañante del padre de Mimí), Max Kerlow (don Paco), Ana Ofelia Murguía (Catalina o Catita Llorente), Leopoldo Fernández Jr., Emma Grisé, Pedro Regueiro, Jorge Fegan (detective), Paco Sañudo, Cecilia Leger.
Filmación: desde septiembre 18, 1972, estudios Churubusco y en el Distrito Federal.
Estreno: diciembre 27, 1973, cine Real Cinema (cinco semanas).
Duración: 90 min. 

Un fornido "evangelista" que escribe cartas de encargo en el portal de Santo Domingo, oculta tras su apariencia pacífica y deportiva a un psicópata que asesina mujeres "de la vida airada" por traumas y represiones infantiles; el nombre le viene porque desde pequeño, la madre le hizo oir La Bohème de Puccini. Una buena pintura del ambiente del centro de la Ciudad y de sus pobladores rodea al interesante personaje central, muy bien caracterizado por LÓPEZ TARSO en su segundo trabajo para el realizador. Con acierto, José Estrada combina el humor con lo siniestro, pero la película no es del todo lograda: falta concisión al planteamiento y sobran los toques fellinescos.

IGNACIO LÓPEZ TARSO: Me atrajo mucho el personaje que era algo nuevo para mí. El elenco que se juntó fue estupendo: curiosamente creo que es la única vez que estuve en cine, porque en Nazarín nunca coincidimos en el rodaje, con Ofelia Guilmáin que ha sido una de mis más queridas y admiradas compañeras de teatro, aquí hacía de mi mamá, cosa que nos hacía mucha gracia; también estaba Carmen Montejo, otra gran actriz y amiga. A Pepe le gustaba trabajar los personajes, y eso es muy valioso para un actor, te permite hacer un trabajo más a fondo.

 



La filmación fue también de las que me gustaron mucho, porque andábamos en las vecindades y callejuelas del centro de la ciudad, que son una maravilla; se logró un ambiente muy auténtico, muy creíble. La caracterización -me corté el pelo a rape y buscamos con cuidado el tipo de ropa, la cachuchita que debía usar- la cuidamos mucho Pepe y yo, y creo que la facha quedó bastante bien. Entonces, con un personaje excelente, un director inteligente con el que te entiendes bien, un tema muy bueno, original, y con un reparto de gente muy profesional, ¿por qué otra vez, la película no quedó como la habíamos pensado? De acuerdo, no fue un fracaso total, pero tampoco nos dejó completamente satisfechos... Le sobraban cosas, cosas que te distraían la atención y que no venían al caso, y además, mi actuación no me convenció por completo; fue un buen intento, pero creo que pude haberlo hecho mejor. Por otra parte, a las películas que se hicieron en ese tiempo, como que les faltaba promoción, la distribución fallaba, en fin, había también otros factores externos que dificultaban que las películas encontraran a su público. De cualquier modo, las dos cosas que hice con Pepe -el Perro como todo mundo le decía afectuosamente- fueron una experiencia recordable; llegué a estimarlo y quererlo de verdad. Su muerte fue algo que sentí mucho.

 

 

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