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Artes Escénicas en México

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El cine de Ignacio López Tarso

Cayó de la gloria el diablo


Con Evita Muñoz

(antes Callejón de Dolores)

México, 1971

Producción: Cinematográfica Marco Polo, Leopoldo Silva, Marco Silva.
Dirección: José Estrada.
Argumento y adaptación: Eduardo Luján y José Estrada.
Fotografía (Eastmancolor): Rosalío Solano. Música: Joaquín Gutiérrez Heras.
Edición: Rafael Ceballos.
Intérpretes: IGNACIO LÓPEZ TARSO (Emeterio Sánchez o don Eme), Claudia Islas (Esperanza o Popea), Evita Muñoz (Nachita), Sergio Jiménez (Juan), Pancho Córdova (técnico de la grabadora), Juan Peláez (Julián), Ernesto Gómez Cruz (Chester), Mario Casillas (Pepe), Omar Jasso (ciego), Graciela Lara (encargada de apuntar concursantes), Salvador Sánchez (concursante que canta ranchero), Gerardo Zepeda (chofer del camión), Federico González (cuñado de Nachita), Sergio Guzik (maricón encargado de vestuario), Guillermo Álvarez Bianchi (delegado de una feria), Jorge Fegan (vecino), Martha Aura, Tere Villa, Adán Guevara, Berenice, Micky Santini, Armando Acosta.
Filmación: desde febrero 9, 1971, en el Distrito Federal.
Estreno: mayo 11, 1972, cine Orfeón (ocho semanas).
Duración: 85 min.

Don Eme, un tragafuegos callejero, entra por accidente a un concurso de televisión que le trae fama y fortuna efímeras; luego, su vida vuelve a ser la de siempre...A pesar de que carece de un guión bien estructurado y de que su factura es aún bastante tosca, esta tragicomedia costumbrista -segundo largometraje de José Estrada- demuestra las dotes que caracterizaron la obra del realizador: vivacidad y gusto por el detalle y un muy buen sentido de los ambientes populares.

IGNACIO LÓPEZ TARSO: Me gustó mucho trabajar con Pepe Estrada. Fue un encuentro estimulante y agradable porque Pepe disfrutaba y comunicaba ese entusiasmo por lo que hacía. Desde el principio cuando empezamos a platicar sobre qué quería y planeamos cómo sería el personaje, me simpatizó muchísimo, me gustó su forma de ser y de tratar las cosas. Tenía predilección por los asuntos de la ciudad y sabía observar, era muy bueno para pescar las formas de hablar, los comportamientos, los lugares, que le dan un ambiente muy convincente y sabroso a sus películas. El papel este de Don Eme, era muy padre, tenía buenos detalles para vestirlo, lo del concurso de la tele, lo del romance con la pollera, y era divertido imaginármelo. Lo de que tragara lumbre era muy buena idea, pero hacerlo, resultó una friega tremenda. Mi instructor fue un cuate que se ponía a hacer el acto frente al Teatro Blanquita, y al que yo ya conocía desde que hice lo de los corridos allí por primera vez. Cuando supo que él sería el encargado de enseñarme, se puso feliz: me trataba con gran ceremonia en plan de maestro, y me decía que la película era muy importante para su gremio, porque les daría mejor imagen a los tragafuegos de la ciudad. Bueno, pues él me enseñó cómo hacer los buches de petróleo mezclado con gasolina, a echar la cantidad precisa para que no escurriera y me fuera a quemar; estuvimos horas ensayando hasta que pude, pero me fastidié toda la boca y lo que comía, me sabía a aquella porquería durante días y días. Imagínate a estos cuates haciéndolo diario, es durísimo. Pepe me prometió que truquearíamos lo más posible, pero muchas tomas las tuve que hacer yo; me puse a hacerlo y ya me salían unas llamaradas formidables y se me juntaba la bola de gente y toda la cosa. Un día que filmábamos una de estas escenas -por cierto, fue el día que nos fue a visitar Buñuel y estuvimos platicando un buen rato- en la calle muy cerca de Avenida Chapultepec, tuve que ir al baño y me metí a Televisa, así como andaba, todo mugroso, roto y apestando a gasolina, Cuando salí, estaba Ángel Fernández -el que gritaba lo de ¡gooool!- mirando hacia la puerta y al reconocerme dice: "¡Ah, eras tú! sí, ya se me hacía raro que alguien así de jodido anduviera ahí chifle y chifle, tan contento, por eso te esperé..."

 

 

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