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Artes Escénicas en México

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El cine de Ignacio López Tarso

La Generala


Con María Félix y Carlos Bracho

México 1970.

Producción: CLASA Films Mundiales; productores asociados Alexandre Berger y André de Rona.
Dirección: Juan Ibáñez.
Argumento y adaptación: Arturo Rosenblueth y Juan Ibáñez.
Fotografía (Eastmancolor): Gabriel Figueroa.
Música: Antonio Díaz Conde.
Escenografía: Manuel Fontanals.
Edición: Gloria Schoemann.
Intérpretes: María Félix (Mariana Sampedro), IGNACIO LÓPEZ TARSO (Rosauro Márquez), Carlos Bracho (Manuel Sampedro/ ingeniero Alejandro Robles Escandón), Eric del Castillo (coronel Feliciano López), Evangelina Elizondo (Raquel), Rafael Muñoz Santanón (Ismael), Sergio Jiménez (Esteban), Salvador Sánchez (Jesús), Graciela Araujo (la loca), Felio Eliel, Angélica Peláez (criada del prostíbulo), Luciano Hernández de la Vega (general), Ernesto Gómez Cruz (cómplice de Feliciano), Fanny Schiller (tía de Alejandro), Rocío Palacios (hija del general), Sergio Klainer (el rubio), Óscar Chávez (mendigo ciego), Beatriz Sheridan (señora del teatro), Federico Romano, Sergio González, Maricruz Nájera.
Filmación: desde marzo 2, 1970, estudios Churubusco y Cuautla.
Estreno: enero 14, 1971, cine Roble (seis semanas).
Duración: 100 min. 

Con esta película culminó el ciclo de filmes espectaculares de tema revolucionario, erigidos alrededor de María Félix a todo color. La historia de una mujer que ve morir a su hermano a manos de los huertistas y que para cobrar venganza de todo se vuelve jefa revolucionaria, no difería gran cosa de cintas anteriores como Juana Gallo, sobre todo. Sin embargo, el realizador Juan Ibáñez decidió cargarla de tintes pretendidamente intelectuales y modernos -referencias fílmicas, escenas fuertes, sugerencias de amores incestuosos- y darle un pesado y presuntuoso recubrimiento de subfellinesco delirio barroco. En la producción, muy cara, participó el francés Alex Berger, marido de La Doña.

IGNACIO LÓPEZ TARSO: Otro fracaso terrible que se veía venir. Yo acepté por María antes que nada, y porque se tenía la idea de hacer algo muy interesante, muy grande y sugestivo. Ibáñez, un joven con muchos deseos de hacer cosas innovadoras que se sentía desperdiciado por el cine, retorció a extremos absurdos una historia más bien simple ¿verdad? que definitivamente no daba para lo que él quería decir, que era algo así como la última palabra sobre el mito de la Revolución, sobre la imagen de María, sobre el cine, vaya, sobre todo lo habido y por haber. Para eso, me imagino, metió una serie de barbaridades granguiñolescas: caballos crucificados, y quemados, a María disfrazada de Gorgona, litros de sangre y quién sabe cuanta cosa más. Casi nadie se la creía, ni estaba muy convencido de que fuera a funcionar aquello. La filmación tampoco fue muy grata, yo no estaba cómodo y sospecho que tampoco el director. Nuevamente las grandes ilusiones y los buenos deseos quedaron en sólo eso...

 

 

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