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Artes Escénicas en México

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El cine de Ignacio López Tarso

El gallo de oro



México, 1964

Producción: CLASA Films Mundiales, Manuel Barbachano Ponce.
Dirección: Roberto Gavaldón.
Argumento: Juan Rulfo; adaptación: Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Roberto Gavaldón.
Fotografía: Gabriel Figueroa.
Música: Chucho Zarzosa. 
Escenografía: Manuel Fontanals.
Edición: Gloria Schoemann.
Intérpretes: IGNACIO LÓPEZ TARSO (Dionisio Pinzón), Lucha Villa (Bernarda Cutiño, La Caponera), Narciso Busquets (Lorenzo Benavides), Carlos Jordán (Esculapio Virgen), Agustín Isunza (Secundino), Enrique Lucero (El Chinaco), Agustín Fernández (El Yaqui), Lina Marín.
Filmación: desde junio 17, 1964, estudios Churubusco y en Bernal, San Juan del Río, hacienda de Chichimequillas, Querétaro; Tequisquiapan, palenque de Cuatro Caminos y otros lugares.
Estreno: diciembre 18, 1964, cine Alameda (seis semanas).
Duración: 90 min.

Historia de transferencias y relaciones mágicas selladas por el signo del azar, en la que un gallo de pelea se convierte en el lazo que unirá el destino de tres personajes: el pobre pregonero Dionisio Pinzón, el poderoso gallero Benavides y su amante, La Caponera, una cantante de palenques... En un caso insólito dentro del cine nacional (posible, en buena medida, gracias a la especial atracción que el cine ha ejercido sobre los tres escritores) El gallo de oro, logró reunir los prestigios literarios de Carlos Fuentes y del colombiano Gabriel García Márquez, para adaptar una trama concebida para la ocasión por el gran escritor jalisciense Juan Rulfo. La cinta, que ostentaba como consecuencia lógica diálogos muy literarios, pero sin duda de una gran belleza, conjuntó además, un sólido reparto, una ambientación muy lucidora y una fastuosa fotografía a color, que el mismo Gabriel Figueroa considera entre sus trabajos más logrados. Por todo lo anterior, no es de extrañar que el esfuerzo de las empresas involucradas, se inclinara más a evidenciar la calidad de superproducción del filme -"cine de aliento" como se designaba en ese momento a este tipo de productos, escasos en la industria nacional- que a reproducir fielmente el despojado universo concebido por Rulfo. Entre los diversos premios que obtuvo la película, LÓPEZ TARSO recibió el de mejor actuación del ICC (U. Iberoamericana).

IGNACIO LÓPEZ TARSO: Desde la preparación, esta fue una película que me encantó, porque pude estar en varias de las reuniones en que Carlos Fuentes y García Márquez ¡imagínate! empezaban a discutir el libreto. Luego, ellos me invitaron a comer y fuimos, según recuerdo, a Cardini, aquel restaurante que tenía entonces mi amigo Alex Cardini, donde se comía muy bien. A García Márquez, que fue con el que más relación tuve, siempre le fascinó el cine y esta idea de Rulfo lo tenía tan entusiasmado, que estuvo presente durante casi toda la filmación; lo de los gallos le gustaba mucho especialmente al Gabo, que entonces, pues ni pensar que llegaría a ser tan, tan famoso, escribía guiones como chamba. Tuvimos locaciones magníficas, haciendas preciosas, palenques en la Feria de San Juan del Río, una de las más famosas de la República, en Tequisquiapan, en Bernal. Yo luego he vuelto a muchos de estos palenques, a decir corridos, que es otra de las cosas que más he disfrutado de mi carrera. En esta película trabajé muy padre con los demás compañeros -por ese lado, puedo decir que me ha ido siempre muy bien, jamás he tenido problemas con nadie, ni con los que tenían fama de atravesados- , con Narciso, con Carlos Jordán... Aquí conocí a Lucha Villa, que aunque tenía poca experiencia, está muy bien como actriz, con una presencia y una voz estupendas. Los personajes, todos, eran de lo mejor que puedes encontrar en un guión de cine; luego, pues Figueroa y Gavaldón, yo ya muy compenetrado con ellos, con su forma de hacer las cosas: había con ellos tensión cuando se rodaba, pero era un grado de tensión positivo, de orden, de control, de respeto y concentración en el trabajo; y sin embargo, -o más bien, tal vez por eso mismo-.el ambiente era muy sabroso, de camaradería, donde todos hacíamos lo que sabíamos hacer, a gusto y con ganas. Además, aprendí algo de gallos: tanto a Narciso como a mí, nos instruyó el famoso Gorozpe, un tipo que tenía un criadero de gallos finos de pelea, y que se encargó de asesorar todo esto en la película. Él nos enseñó cómo manejar a estos animales, que son bravísimos, cómo ponerles las navajas, cómo cargarlos metiendo rápido la mano en el pecho del animal, entre las dos patas. Pasó una cosa curiosa con el gallo que llevó Gorozpe para que hiciera del gallo de oro, del estelar pues; era el gallito que supuestamante debía ganar todas las peleas y para eso, a él le ponía yo las navajas filosas, y a los contrincantes, unas de madera para que perdieran ¿verdad? Andábamos juntos, yo cargándolo todo el tiempo y al principio hicimos muy buenas migas, pero conforme avanzaba la película, él se empezó a sentir muy fregón y se ponía cada vez más agresivo. No más me veía y me tiraba unos picotazos el desgraciado gallo, que me sangraban la mano, y poco a poco nos hicimos enemigos mortales, hasta ya al final, cuando a él, creídisimo de que era invencible, le tocó la de perder...

 

 

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