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El cine de Ignacio López Tarso

El hombre de papel



México, 1963 

Producción: Ismael Rodríguez.
Dirección: Ismael Rodríguez.
Argumento: sobre la historia "El billete", de Luis Spota; adaptación: Ismael Rodríguez.
Fotografía: Gabriel Figueroa.
Música: Raúl Lavista.
Escenografía: Jesús Bracho.
Edición: Jorge Bustos.
Intérpretes: IGNACIO LÓPEZ TARSO (Adán), Alida Valli (la italiana), Luis Aguilar (ventrílocuo con el muñeco Titino, de Carlos Monroy), Columba Domínguez (directora del horfanatorio), Rita Macedo, Noé Murayama (líder), David Silva (inspector de policía), Susana Cabrera (La Gorda), Guillermo Orea (tendero), Alicia del Lago (María), José Ángel Espinosa Ferrusquilla (Torcuato), Dacia González, Famie Kaufman Vitola (prostituta), Mario García Harapos (El Gorgojo), Dolores Camarillo, Raúl Castell (don Trini), Tizoc Rodríguez, Jana Kleinburg, Carlos Ancira (comisario), Ismael Rodríguez Jr., Armando Gutiérrez, Arturo Bigotón Castro (señor Fernández), Manuel Dondé, Abel Cureño, Manuel Vergara Manver, Jesús Camacho, Pedro de Urdimalas, voz de Cuco Sánchez; apariciones mínimas de Julio Alemán (paseante), Julio Aldama (Picudo), Lola Beltrán, Pedro Vargas (cura).
Filmación: desde febrero 4, 1963, estudios Churubusco y en el Distrito Federal.
Estreno: septiembre 5, 1963, cines Roble, Palacio Chino y Polanco (cuatro semanas).
Duración: 110 min. 

Basada en una historia de Luis Spota, la película gira alrededor de las vicisitudes de un pepenador mudo que al encontrar un billete de 10 000 pesos, desencadena la codicia de quienes lo rodean. En la etapa más ambiciosa de su carrera, Ismael Rodríguez trajo a la italiana Alida Valli, actriz que había protagonizado Livia (Senso, 1954), de Luchino Visconti, para prestigiar este excesivo melodrama en el que dio rienda suelta a su gusto por lo populachero y por los derroches sentimentales. La película fue del gusto del público tanto en México como en el extranjero, y LÓPEZ TARSO, -quien finalmente desempeñó el papel cuando Toshiro Mifune el famoso actor japonés con el que Rodríguez había filmado Ánimas Trujano (1961), no pudo hacerlo por compromisos anteriores- obtuvo los siguientes premios a la mejor actuación masculina: en el Festival Internacional de San Francisco, en el de Cork, Irlanda, y en México, el del Concurso Cinematográfico Hispanoamericano y el del Instituto de Cultura Cinematográfica (Universidad Iberoamericana).

IGNACIO LÓPEZ TARSO: Adán, el personaje de esta película es también de mis favoritos aunque me haya llegado de carambola y aclaro, me gusta más que la película en su totalidad; Ismael andaba entusiasmadísimo y la preparación fue tan interesante que yo acabé por meterme a fondo en el papel desde antes de empezar a filmar. Primero, estuve varias veces en una institución para minusválidos en el centro de la ciudad; los doctores y enfermeras me dejaban entrar con los pacientes y me enseñaban casos parecidos al de Adán. Luego, con Ismael, fuimos a la colonia de pepenadores, que vivían junto a ese gigantesco basurero que había allá por Naucalpan, a conocerlos, a estar con ellos. Después, íbamos todos los días a verlos trabajar, a ver cómo se vestían y hablaban, cómo podían vivir en aquel lugar que era como de pesadilla: una montaña inmensa, impresionante, de basura que esparcía una peste espantosa por kilómetros a la redonda, y una bandada de zopilotes sobrevolando siempre aquello. La montaña, que tenía alrededor una carretera también de basura, por la que subían los camiones a descargar hasta arriba, estaba en medio de muchas montañas más pequeñas de productos ya escogidos, de puro vidrio, de latas, de trapos...Entonces, ahí se juntaban los pepenadores a chambear, mientras un grupo enorme de chiquillos encuerados, miserables, andaban ahí entre los clavos y los desperdicios con una resistencia increíble. Era un lugar impactante, que te revolvía todo por dentro; donde ellos vivían era una colonia de lo más extraordinario, patética por lo terrible de las condiciones, y al mismo tiempo risueña, porque cada casucha tenía cortinitas de colores y muchas macetas llenas de flores. Como allí se filmó casi toda la película, nosotros -actores y técnicos- prácticamente vivíamos con ellos, y todos participaron con muchas ganas: miraban, sugerían.


Eran gente muy amigable -y la zona, a pesar de la pobreza y de los problemas de ellos con los tipos que manejaban esa industria de la basura, en esa época no era nada violenta-, muy generosa. Les llevábamos regalos, cosas, y ellos de despedida, nos organizaron una barbacoa, que preferimos no averiguar de qué cosa era, pero estaba buenísima. Aunque la película gustó -mucha gente me la comenta todavía-, yo desde el principio, le objetaba cosas: no me gustaban esos clímax sentimentales, ni muchas escenas que llegaban a la cursilería, a la vulgaridad. Yo le decía a Ismael que el personaje hacía cosas que no se justificaban, que podíamos cambiar para que todo saliera mejor, pero cuando a él se le mete algo en la cabeza, no cede jamás. Me pedía que no pensara demasiado, que no le complicara la vida; vaya, ni siquiera le gustaba que lo discutiéramos. Aunque mi opinión, creo, estaba bien fundamentada, no hizo el menor caso -siempre decía:"no, para qué le cambiamos si así está muy bonito"- y yo pues me tuve que dar cuenta de que allí sólo se haría lo que Ismael quisiera. Es curioso, pero él siempre fue mucho más reacio que Gavaldón o Fons, por ejemplo, para aceptar otros puntos de vista. Pero bueno, a pesar de las incomodidades y de lo difícil de la caracterización, por la mugre infernal y por tener que andar con aquel bodocón de basura, fue un personaje que me gustó y me divirtió hacer; además también es de los que me dio más premios y me llevó a una buena cantidad de festivales por todo el mundo.

 

 

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