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Artes Escénicas en México

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El cine de Ignacio López Tarso

La bandida


Con Pedro Armendáriz, el 
guitarrista Roberto Rojas y
Emilio Fernández

México, 1962 

Producción: Películas Rodríguez; Aurelio García Yévenes.
Dirección: Roberto Rodríguez.
Argumento y adaptación: Rafael García Travesí y Roberto Rodríguez.
Fotografía (Eastmancolor): Rosalío Solano.
Música: Raúl Lavista.
Escenografía: Roberto Silva.
Edición: José W. Bustos.
Intérpretes: María Félix (María Mendoza La Bandida), Pedro Armendáriz (Roberto Herrera), IGNACIO LÓPEZ TARSO (Anselmo), Emilio Fernández (Epigmenio Gómez), Katy Jurado (La Jarocha), Lola Beltrán (cantante de palenque), Andrés Soler (médico), Gina Romand (prostituta rubia), Marco Antonio Muñiz (Gonzalo), René Cardona(general Robles), Pilar Sen (patrona española del burdel), José Chávez Trowe (Cirilo), Alicia del Lago (Felipa, criada), Hernán Vera, Edmundo Espino, Wally Barrón y Carlos Ancira (clientes del burdel), Mario García Harapos, Victorio Blanco.
Filmación: desde enero 3, 1962, estudios Churubusco y en Taxco y Morelos.
Estreno: enero 31, 1963, cines Alameda, Las Américas, Mariscala y Polanco (siete semanas).
Duración: 105 mn.

El sobrenombre de la célebre cortesana de la vida real, funcionó como pretexto para otra más de la serie de cintas de lujo y a todo color, de ambiente revolucionario y con María Félix. En La Bandida, Armendáriz de villista y El Indio Fernández, de zapatista naturalmente, se enfrentan por el amor de Félix que de jefa revolucionaria ha pasado a desempeñarse como próspera y autoritaria dueña de un burdel, cosa que le permite un vestuario mucho más atractivo. Menos dotado que su hermano Ismael, Roberto Rodríguez no pudo más que reproducir los elementos más burdos de la fórmula, desprovistos ya de toda originalidad o vitalidad. LÓPEZ TARSO fue premiado por la mejor coactuación, con la Diosa de Plata de PECIME.

IGNACIO LÓPEZ TARSO: Esta fue una repetición de lo que ya se había visto en Juana Gallo y La Cucaracha, la mejor de las tres, pero por el reparto, también tuvo mucho éxito comercial. Ahora que si de la pura filmación se trata, ésta fue la más divertida . Como ya nos teníamos bastante confianza, un día Pedro me dijo: "mira para inspirarnos a la hora de la copa, invité a un amigo que vas a ver qué bonito toca la guitarra". Estábamos filmando en el casco de una hacienda, rodeada de cañaverales cerca de Cuautla y a la hora del corte, con Pedro y Emilio, nos juntamos para la botana; yo puse el trago -un mezcal delicioso de Guanajuato, de Jaral de Berrio, que mi suegro que era de por allá, me regalaba- y al rato llegó el amigo de la guitarra, que de verdad, tocaba de maravilla.

 



Nos quedamos muy a gusto, con la música, el quesito y otro mezcal y otro, mientras se filmaban más cosas, hasta que ya entrada la tarde, de pronto se aparece Roberto Rodríguez -que era muy chaparrito- y con gran tiento les dice a Pedro y a Emilio que los necesita para la próxima escena. Entonces, los dos indignados, le reclaman que cómo se atrevía a interrumpir aquella reunión de amigos y se quedan allí, tan campantes, mientras él apenadísimo se fue a buscar qué hacer. Bueno, pues toda la tarde estuvo mandando espías para ver cómo seguía la cosa y ya en la noche, mandó el transporte para recogernos, pero Pedro se negó y ¡ordenó caballos para los cuatro! Y ahí vamos todos, con el amigo de la guitarra toque y toque, entre las cañas rumbo al hotel en Cuautla...hasta la fecha no sé ni cómo le hice porque te digo, soy muy mal jinete, pero esa noche anduve a la par con ellos. Cuando llegamos al hotel, los dos querían seguirla y yo, con la preocupación de que Roberto Rodríguez se enterara de cómo había contribuido al relajo aquel, me fui a dormir porque además, tenía que estar temprano en la locación. Total que en la madrugada, despertamos todos asustados pues se desató la balacera: El Indio y Pedro jugaban tiro al blanco con los faroles del hotel. Para acabar, resulta que el famoso amigo de la guitarra era Roberto Rojas, estupendo músico, que de ahí en adelante se hizo mi gran cuate. El maestro Rojas me acompañó siempre en las presentaciones de corridos: juntos hicimos discos, palenques, largas giras no sólo por toda la república, sino también por Cuba, España, Estados Unidos, hasta que murió...

 

 

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