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Artes Escénicas en México

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El cine de Ignacio López Tarso

Rosa Blanca


Con Rita Macedo

México, 1961 

Producción: CLASA Films Mundiales; Felipe Subervielle.
Dirección: Roberto Gavaldón.
Argumento: sobre un cuento de B. Traven; adaptación: Phil Stevenson, Emilio Carballido y Roberto Gavaldón.
Fotografía: Gabriel Figueroa.
Música: Raúl Lavista.
Escenografía: Edward Fitzgerald.
Edición: Gloria Schoemann.
Intérpretes: IGNACIO LÓPEZ TARSO (Jacinto Yáñez), Christiane Martell (Georgette), Reinhold Olszewski (Robert G. Kollenz), Rita Macedo (Carmen López de Yáñez), Begoña Palacios (Lupe), Carlos Fernández (Domingo), Luis Beristáin (licenciado Pérez), John Kelly (Abner), Alejandro Ciangherotti (gobernador del estado de Veracruz), Tony Carbajal (Pedro Friguillo), Katherine Welsh (Aída, secretaria de Kollenz), Enrique Lucero (Blas Urrutia, campesino), Claudio Brook (cónsul de México en Los Ángeles), Fernando Wagner (Von Allpenstock, alemán de la Condor), David Reynoso (secretario de la CTM), George Neale (Mr. Douglas), Aurora Clavel, Eugenio Rossi.
Filmación: desde enero 9, 1961, estudios Churubusco y en Poza Rica y Jalapa, Veracruz.
Estreno: julio 20, 1972, cine Roble (una semana).
Duración: 100 mn. 

En Veracruz, la hacienda de Jacinto Yáñez se encuentra en medio de terrenos de compañías petroleras extranjeras, que intentan por todos los medios deshacerse del legítimo propietario. Corre el año de 1937 cuando con engaños, el esbirro de una de las compañías, lleva a Los Ángeles a Jacinto y lo asesina. Los petroleros invaden sus tierras e imponen condiciones inhumanas a los peones. El texto de B. Traven que plantea, novelados, los antecedentes de la expropiación petrolera, sirvió de base a esta cinta de alto costo (producción de CLASA, con su equipo de lujo) que por absurdas e inexplicables decisiones político-burocráticas, no obtuvo autorización de la Secretaría de Gobernación para ser exhibida. El eufemismo intentaba disfrazar lo que en realidad ocurrió: la película estuvo prohibida durante once años. Es por ello que LÓPEZ TARSO recibió el Ariel por la mejor actuación hasta 1973, un año después de estrenada Rosa Blanca y de reinstalados los premios de la Academia. 

IGNACIO LÓPEZ TARSO: Siempre he sido un gran admirador de Cárdenas, desde niño, pues un día cuando vivíamos en Guadalajara, me tocó que él visitara una fábrica de vidrio que había en el Barrio de Analco, cerca de mi casa, y yo me fui metiendo entre la gente y llegué hasta adelante y Lázaro Cárdenas me dio la mano... Aparte por supuesto, creo que fue muy importante lo que hizo su gobierno en muchos terrenos, sobre todo en cuestión agraria y la expropiación petrolera. Y la película es justamente para hablar de eso: al final, aquellas escenas documentales que puso Gavaldón, de toda la gente en el zócalo para festejar la expropiación, me emocionan mucho. Entonces, con la historia que me parecía muy buena, con Gavaldón y Figueroa, una producción formidable en puras locaciones de Veracruz -gran parte en una plantación que se veía funcionar, con su propio trenecito, en medio de cañaverales y plátanos- y un personaje que requería trabajo duro, porque era mucho mayor que yo, le puse todo mi entusiasmo y dedicación a la película. Desde la preparación fue muy absorbente, se hicieron muchas pruebas para el maquillaje, a cargo del famoso Armando Meyer, primero me marcaban líneas, ojeras y luego, me estiraba yo la piel para que Meyer fuera aplicando con esponja un latex muy delgado, que había que cuidar mucho para que no se abombara, así, parte por parte hasta que al secar, se hacían arrugas muy finas en la cara y el cuello. El proceso era latosísimo, tomaba por lo menos dos horas así que mis llamados empezaban a las 5 de la mañana diario, y luego, con el calor, había que retocar a cada rato, y yo sudaba como loco abajo de aquello; quitar el maquillaje era casi igual de tardado... El rodaje en general fue difícil, Gavaldón se portó muy bien con los actores, pero andaba tenso, nervioso porque había escenas complicadas, con mucha gente y aquella maquinaria pesada que entraba a arrasar los platanales, que no podían fallar ni repetirse. Todo valió la pena, la película es de las que más me gustan, pero tuvo problemas con la censura también; supimos que no se podía estrenar porque según Gobernación, la película podía ofender a los gringos ¡hazme favor!

 

 

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