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El cine de Ignacio López Tarso

Macario



México, 1959

Producción: CLASA Films Mundiales, Armando Orive Alba.
Dirección: Roberto Gavaldón.
Argumento: sobre el cuento de B. Traven, basado en un relato de los hermanos Grimm; adaptación: Emilio Carballido y Roberto Gavaldón.
Fotografía: Gabriel Figueroa.
Música: Raúl Lavista.
Escenografía: Manuel Fontanals.
Edición: Gloria Schoemann.
Intérpretes: IGNACIO LÓPEZ TARSO (Macario), Pina Pellicer (esposa de Macario), Enrique Lucero (La Muerte), Mario Alberto Rodríguez (don Ramiro), Enrique García Álvarez (inquisidor), Eduardo Fajardo (virrey), José Gálvez (El Diablo), Consuelo Frank (virreina), José Luis Jiménez (Dios), Wally Barrón (panadero), Sonia Infante (esposa de don Ramiro), Manuel Dondé (enviado de la Inquisición), Miguel Arenas (inquisidor), Luis Aceves Castañeda (verdugo), José Dupeyrón, Cecilia Tejeda, Manuel Noriega, Mario García González, Pepe y sus marionetas.
Filmación: de septiembre 7 a octubre 9, 1959, estudios Churubusco y en Taxco, Zempoala y Cacahuamilpa.
Estreno: junio 9, 1960, cine Alameda (14 semanas).
Duración: 90 mn. 

En la época virreinal, el indígena Macario un leñador pobre cargado de hijos siempre hambrientos, logra su anhelo de comerse solo un guajolote que su mujer ha robado para él. En el bosque Macario se niega a compartir el ave con el Diablo y con Dios a pesar de sus ofertas, pero a la Muerte, tan hambrienta como él, sí le convida la mitad; a cambio, ésta le concede el don de curar. Macario se hace rico, pero la inquisición lo apresa y condena a la hoguera; podrá salvarse únicamente si cura al hijo del virrey. La Muerte se niega a yudarle y le dice que su propia vida está por extinguirse, Macario intenta escapar a su destino inútilmente: su mujer lo encuentra muerto junto a la mitad del guajolote devorado... El hermoso relato tradicional tomado por B. Traven para esta historia, al ser adaptado al cine, por el mismo Gavaldón y el dramaturgo Emilio Carballido, siguió el rumbo más indicado: una ambientación y un tono mucho más cercanos al cuento de hadas que a una realidad histórica concreta y reconocible.

 



La película que contó con una producción muy cuidada y con un equipo técnico y artístico de primer orden, constituyó en su momento el mejor ejemplo de un cine "de calidad" que pretendía recuperar prestigio y mercado, perdidos en buena medida por la rutinaria mediocridad que prevalecía en el grueso de lo hecho por la industria fílmica nacional.Macario fue la cinta mexicana más galardonada del año, en el extranjero, obtuvo entre otros reconocimientos, premios en los festivales de Valladolid, Boston, Nueva Delhi, en Santa Margarita Liguria (Italia), Vancouver, Edimburgo; por la fotografía de Figueroa en Cannes, y además, participó en la quinteta por el Oscar como mejor película extranjera. Por su parte, LÓPEZ TARSO mereció el de mejor actuación masculina en el Festival Internacional de San Francisco, así como en el de Boston, y en México, recibió los de la AMPEC, Asociación Mexicana de Periodistas Cinematográficos, del CDI y un diploma especial de PECIME, Periodistas Cinematogràficos de México.

IGNACIO LÓPEZ TARSO: Macario es muy importante y especial para mí. Fue la primera oportunidad estelar que tuve, me hizo ganar premios, me llevó de viaje a lugares que de otra manera jamás habría conocido, pero sobre todo, me permitió encontrarme con Roberto Gavaldón, el director con el que me llegué a entender a la perfección, el que más influyó en mi carrera y mi desarrollo como actor de cine. Todavía me parece increíble cómo fue que sucedió todo esto: en el ambiente se decía que se preparaba el proyecto como algo grande, y supe que lo haría Pedro Armendáriz que me lo contó cuando hacíamos El hambre nuestra... El personaje y la historia -antes del cuento de Traven y del de Grimm incluso, la conocí por mi papá que nos la contaba a mis hermanos y a mí de chiquillos, El ahijado de la muerte se llamaba y según él era un cuento popular- eran estupendos, vaya el ideal para cualquier actor. Bueno, pues quién sabe que pasó que Pedro no la pudo hacer y entonces, otra vez la bendita intervención de Figueroa que me lleva a CLASA y me presenta a Gavaldón. El tenía una fama terrible, le apodaban El Ogro por su carácter tan brusco, violento, y todo mundo le tenía algo de miedo. En las primeras entrevistas antes de firmar el contrato, Gavaldón, muy serio, no estaba convencido de confiarme el papel, y los de CLASA también dudaban pues yo no tenía el nombre para encabezar una película tan importante. Me dieron el guión que me pareció sensacional, me fui a estudiarlo y al personaje lo fui creando con todo cuidado, como se hacen los de teatro, con la información que el texto te da y te sugiere y con la imaginación: pensé en cómo debía moverse, en su manera de hablar, en lo que sentía...Luego Gavaldón y yo platicamos más ampliamente sobre cómo veía yo al Macario y total, se decidió y firmé: mi sueldo más grande, como 20 mil pesos por seis semanas de rodaje, por cierto, con eso me compré mi primer coche.

 



La primera noche en Taxco, Gavaldón me invitó a cenar y me dijo: "te veo un poco mosqueado, seguramente te han dicho que grito mucho, pero yo sólo me enojo con los pendejos, con los que no cumplen ni saben hacer su trabajo". Como él hizo su carrera desde abajo dentro del sindicato, igual que Ismael Rodríguez, sabía clavar un set, arreglar un cable, un reflector, sabía de fotografía y de sonido; trabajaba cada escena en profundidad con el actor, con el fotógrafo, explicaba y razonaba hasta convencerte, pero también era capaz de aceptar tus aportaciones. y como conocía todos los aspectos del cine, era en efecto, un director muy exigente y meticuloso. Me acuerdo por ejemplo que en una de las primeras escenas, cuando Macario va con su carga de leña subiendo por una calle empedrada, Gavaldón ordenó: "¡Corte! a ver, momento ¿qué madera le pusieron?" Pues era madera de balsa y entonces él pidió que me la cambiaran por leña buena, de la pesada, porque quería ver el esfuerzo de los músculos de las piernas, del cuello -que se tensa con el mecapal en la frente-, el sudor...Claro, en las noches tenía yo mataduras a media espalda, como los burros en el lomo, pero valió la pena, la diferencia se notaba en cámara. La película fue un éxito y no sólo en México, donde quiera que se presentaba llamaba la atención en seguida y era muy bien recibida, porque es buena, tiene muchos valores, esa fotografía magistral de Figueroa, las interpretaciones, los lugares; la gente me sigue comentando de ella, o sea que gustó y todavía gusta mucho.

 

 

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