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Artes Escénicas en México

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El cine de Ignacio López Tarso

La Cucaracha


Con Emilio Fernández y Dolores del Río

México, 1958

Producción: Películas Rodríguez.

Dirección: Ismael Rodríguez.
Argumento: José Bolaños e Ismael Rodríguez; adaptación: Ismael Rodríguez, José Luis Celis y Ricardo Garibay.
Fotografía (Eastmancolor): Gabriel Figueroa.
Música: Raúl Lavista.
Escenografía: Edward Fitzgerald.
Edición: Fernando Martínez.
Intérpretes: María Félix (La Cucaracha), Dolores del Río (Isabel), Pedro Armendáriz (coronel Valentín Razo), Emilio Fernández (coronel Antonio Zeta), Antonio Aguilar (capitán Ventura), IGNACIO LÓPEZ TARSO (Trinidad), Flor Silvestre (Lola), David Reynoso (coronel Ricardo Zúñiga), Miguel Manzano (Gabriel Fuentes), Lupe Carriles (La Trompeta), Antonio Haro Oliva (cura), Emma Roldán (comadrona), Tito Novaro (Jacobo Méndez), Cuco Sánchez, Irma Torres, Alicia del Lago, el Dueto América.
Filmación: desde octubre 13, 1958, estudios Churubusco y Bernal, Querétaro.
Estreno: noviembre 12, 1959, cines Roble y Ariel (cinco semanas).
Duración: 87 mn.

En plena Revolución, dos mujeres, la bravía soldadera apodada La Cucaracha e Isabel, la catrina viuda de un maestro, se disputan el amor del coronel villista Antonio Zeta. En este caso, la historia -con mayúscula y minúscula- resultó casi lo de menos; lo que a fin de cuentas importaba al ambicioso Ismael Rodríguez era la publicitaria proeza de haber logrado reunir por primera y única vez, a las más famosas estrellas, los machos más machos y las hembras más bragadas, del cine nacional. En manos de Rodríguez, la Revolución quedó pues definida como un vistoso y, en honor a la verdad, entretenido espectáculo, lleno de diálogos ocurrentes, pintoresquismo y folclore vernáculo a todo color. La Cucaracha se inscribe dentro de una serie de filmes similares (La escondida, Café Colón, La Bandida, Juana Gallo, La Valentina, La Generala) todos con María Félix como la heroína. LOPEZ TARSO, que saca buen provecho de la oportunidad de lucimiento que su parte brindaba, aparecería en varias de ellas en papeles también muy semejantes. Como dato curioso puede señalarse que el mismo año, el actor estuvo en las dos películas mexicanas que participaron en el Festival de Cannes: Nazarín, que enviada en forma independiente por su productor ganó el premio Internacional del Jurado, y La Cucaracha, en representación oficial. LÓPEZ TARSO obtuvo el diploma otorgado por el Club Deportivo Israelita (como la entrega de los Arieles de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematogràficas se suspendió desde 1958 hasta 1972, el CDI organizaba en sustitución, un Festival Anual de Cine Mexicano) a la mejor coactuación.

IGNACIO LÓPEZ TARSO: Esta película la disfruté muchísimo, y fue muy divertido hacerla. El personaje era padre, un campesino ladino de esos que se metían en la bola por seguir a un caudillo sin saber bien a bien de qué se trataba la cosa, y cuando supe quiénes irían en el reparto, pues me gustó más todavía. El Indio, María, Dolores, Pedro Armendáriz, Tony Aguilar, vaya puro nombrezote y todas mis escenas eran con alguno de ellos; luego, había batallas, carreras a caballo, balaceras, de todo... Además, desde el primer momento, Ismael Rodríguez me simpatizó de veras, me pareció un director muy creativo, lleno de energía. Inventaba e imaginaba, te hacía hacer las cosas de diferentes maneras, te ensayaba, te cambiaba el vestuario, arreglaba un detalle, todo el tiempo para arriba y para abajo, no paraba nunca, siempre con las baterías cargadísimas. Un tipo muy gracioso, Ismael, muy dicharachero y popular, nada complicado. Bueno pues toda esta gente tan famosa, que para el director sí fue difícil controlar, se portó conmigo estupendamente; jamás hubo un problema y con todos de hecho, se creó una buena amistad. Esta película fue clave en mi carrera, con María hice varias películas después, con Pedro, con Ismael, con Dolores incluso dos obras de teatro y con Emilio, aunque nunca trabajé con él como director -me lo prometió varias veces pero era la última etapa de su carrera y las cosas no salieron como él quería-, sí existió una gran estimación. Durante el rodaje, claro, María y Dolores se trataban con mucha delicadeza pero lo menos posible, y Tony Aguilar presumía su caballo pura sangre frente a Pedro y al Indio, pero el ambiente era cordial y yo me la pasé realmente muy bien.

 

 

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