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El cine de Ignacio López Tarso

Vainilla, bronce y morir


Con Elsa Aguirre

(Una mujer más)

México, 1956

Producción: CLASA Films Mundiales, Armando Orive Alba.
Dirección: Rogelio A. González.
Argumento: sobre la novela de Lilia Rosa; adaptación: Íñigo de Martino, Adolfo Torres Portillo y Rogelio A. González.
Fotografía: Rosalío Solano.
Música: Gonzalo Curiel. Escenografía: Manuel Fontanals.
Edición: Jorge Bustos.
Intérpretes: Elsa Aguirre (Laura Sandoval), José Gálvez (Enrique Vallarta), IGNACIO LÓPEZ TARSO (Ricardo Castillo), Luz María Aguilar (Eva), Luis Beristáin (Manuel, hijo), Emperatriz Carvajal (Isabel), José Baviera (Manuel Sandoval, padre), Armando Sáenz (Martín), Eduardo Alcaraz (don Aurelio Vallarta), Diana Ochoa (madre de Enrique), José Pardavé (Antonio, criado), Mario García Harapos (Topo, estudiante).
Filmación: desde desde enero, 1956, estudios CLASA.
Estreno: diciembre 4, 1957, cines Olimpia y Polanco (dos semanas).
Duración: 109 mn. 

La novela de Lilia Rosa, premiada en un concurso literario de "El Universal" (1952), se llevó con rapidez y oportunidad al cine. La trama, acerca de una bella mujer, enferma fatalmente del corazón, que estudia pintura y se debate entre el amor de un escultor pobre y un matrimonio forzado con el sádico hijo de un millonario, ofrecía posibilidades para desarrollar un melodrama urbano con personajes y situaciones más acordes con los aires de modernidad del México de los cincuenta. Mediante la utilización de una llamativa variedad de recursos expresivos (cámara en mano, flashbacks, iris y grandes acercamientos) Rogelio A. González consiguió una película no siempre elegante ni lograda, pero sí interesante. De nueva cuenta para la compañía CLASA, IGNACIO LÓPEZ TARSO en la primera de las dos ocasiones en que trabajaría con el realizador, interpreta con sencillez y emotividad al escultor.

IGNACIO LÓPEZ TARSO : Esta fue una película que me gustó mucho hacer, porque Elsa Aguirre me parecía la mujer más bella que había visto y porque le tenía confianza al otro actor que era José Gálvez con quien nunca había trabajado pero al que conocía bien. Años después hicimos juntos en teatro un Otelo con los personajes equivocados, Gálvez hacía el Yago -que para mi punto de vista debía ser mucho más sutil, calculador y medido- y allí pude comprobar lo que se ve en la película, que él era un actor muy extrovertido, muy hacia afuera, con grandes borbotones de voz , al que le hubiera quedado mejor Otelo... Por eso y porque Rogelio González era muy profesional y sabía lo que quería, trabajé muy a gusto. Elsa Aguirre aunque ya había hecho muchas películas, no se creía la gran estrella, era muy sencilla y de fácil trato. Además, luego de haber estado con López Moctezuma que era un señor que sabía pararse bien, que hablaba y construía sus personajes con tanta autoridad, yo aquí con ella, que en seguida veías que como actriz no estaba muy cimentada, pues me sentí ya mucho más seguro y cómodo. Lo que sí recuerdo es que en esta película fue la primera vez que yo me ví tal como era, sin caracterizaciones ni nada y eso me produjo una impresión rarísima. Había una escena en la que yo subía las escaleras de la academia de San Carlos y luego caminaba despacio por el corredor mientras la cámara me seguía; cuando vi aquello en pantalla grande dije, imposible, yo no camino así con los pies abiertos, como si tuviera arena dentro de los zapatos y la cara, cuando te acercan mucho la cámara, cualquier gesto, y todos los defectos físicos, son como un trancazo durísimo...

 

 

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