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Antropología e Historia de México

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Códices y vivencias

I

En Europa es muy frecuente pensar que estudiar escrituras, inscripciones antiguas, documentos como los Códices Mexicanos, es vivir aislado del mundo. Que los especialistas de este tipo de investigación son seres aparte, encerrados en "torres de marfil", como los antiguos poetas; para dedicarse a estas tareas relacionadas con el descifre de signos de alguna escritura (sobre todo si éstas tienen como base jeroglíficos o "imágenes") deben y buscan aislarse de la vida real. El mismo Champollion, desde su pequeño pueblo francés y sin tener la necesidad de salir de él, se interesó desde su niñez precoz, en las diferentes clases de inscripciones; desde allí, en el retiro de su estudio, se apasionó por las historias de los descubrimientos de las claves que condujeron al descifre y lecturas de los distintos tipos de signos, que en todas las edades y latitudes habían sido utilizados por la humanidad para fijar sus múltiples lenguas.

La visión que se tiene del investigador "epigrafista" o "descifrador" de las diversas escrituras de lenguas muertas o vivas aún, es la de un personaje que puede vivir la mayoría o casi todas las horas de su existencia encerrado en su gabinete o cubículo, rodeado de libreros desbordantes de publicaciones. No tiene necesidad de salir de su casa o de su institución; en las cuales, inclusive, vive aislado de los demás miembros de la familia, cuando llega a tener una, o de los compañeros o colegas. Desde luego, que el trabajo relacionado con inscripciones y signos, es el producto de una serie de tareas que se desarrollan paciente y lentamente; en realidad, sí necesitan de muchas horas de aislamiento o de concentración, para ir avanzando en ellas de una manera lenta, pero segura. Sin excluir el trabajo de equipo o de grupo, éste puede concebirse sólo en ciertas etapas, sobre todo cuando se trata de comunicar resultados o conocimientos ya adquiridos por la investigación y la reflexión individuales.

La base misma de la reflexión exige un encuentro consigo mismo frente a los documentos y la civilización que los produjo; y para ello, la mejor compañía resulta ser la sociedad. Aunque este aislamiento en algunas etapas de la investigación no implica ni quiere decir falta de interés en el país, en la región, ni menos en el pueblo vivo; en los seres humanos reales que produjeron esos sistemas de signos; y en el caso que ya no existan, en sus descendientes actuales.

 

 

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